Cádiz denuncia un "sabotaje de la extrema derecha" en la votación para cambiar de nombre al Ramón de Carranza

Luis Tejo
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Estadio Ramón de Carranza de Cádiz
Estadio Ramón de Carranza de Cádiz antes de un partido. Foto: Fran Santiago/Getty Images.

Si hay algo por lo que se caracteriza la mayoría de los aficionados al fútbol, al menos en lugares como Europa donde este deporte goza de popularidad desde hace ya más de un siglo, es por su apego a las tradiciones. Un hincha ama a su club con todos sus símbolos, sus colores, sus himnos y su estadio, y suele llevar muy mal que se los toquen. Por eso, cuando hay que cambiar alguno suelen surgir bastantes desencuentros.

El ejemplo más reciente se está viviendo en el Cádiz. El club amarillo compite esta temporada en Primera División, categoría de la que faltaba desde 2006. El ambiente, en general, es feliz por la buena marcha deportiva de un equipo que está rindiendo sorprendentemente bien, con victorias ante rivales de prestigio y, por ahora, el quinto puesto en la clasificación. Pero hay un punto que genera fricciones: el campo donde juega. Tan grande es la tensión al respecto que se han denunciado hasta sabotajes por parte de colectivos ultraderechistas.

Los aficionados de España están familiarizados con el nombre de Ramón de Carranza, el terreno al sur de la ciudad que sirve de sede a los partidos como locales de los andaluces. Lleva llamándose así desde su inauguración allá por 1955 y nadie se había quejado ni había propuesto rebautizarlo... hasta hace cinco años. En 2015, tras dos décadas de gobiernos del PP, accedió a la alcaldía José María González Kichi en representación de la filial local de Podemos.

La nueva corporación municipal determinó que la denominación del estadio era inaceptable bajo los criterios de la Ley de Memoria Histórica vigente en España desde 2007, un texto normativo muy controvertido que tiene entre sus objetivos retirar homenajes a personajes relevantes durante la dictadura franquista. Y resulta que Ramón de Carranza era uno de ellos. O mejor dicho dos, padre e hijo: ambos pertenecían a una familia de militares conservadores. El padre, contraalmirante de la Marina, fue nombrado alcalde de Cádiz en cuanto se produjo el golpe de Estado de 1936; el hijo, capitán de corbeta, ocupó el mismo puesto en Sevilla. Ambos participaron activamente en la represión contra el bando izquierdista republicano durante la Guerra Civil.

El campo gaditano lleva el nombre en honor del mayor de los Ramones, quien falleció en 1937 a los 74 años de edad. Lo decidió otro de sus descendientes, José León de Carranza, que por imposición franquista fue también alcalde de la ciudad entre 1947 y 1969. La vinculación con el régimen de la familia Carranza (que, al igual que el propio Franco, tenía sus orígenes en la localidad gallega de Ferrol) es incuestionable. De ahí que el consistorio actual, propietario de la instalación, quiera renombrarlo.

Aunque el asunto debería ser sencillo, se está encontrando con muchas trabas por parte de sectores numerosos de la afición cadista. Independientemente de la filiación política, opinan que “Carranza” es un nombre más que consolidado en el imaginario colectivo y que no hay necesidad alguna de alterarlo. Y por supuesto, la oposición política en los plenos municipales vota sistemáticamente en contra. Sin embargo, el Ayuntamiento se empeña en seguir adelante.

Kichi, alcalde de Cádiz, mete una papeleta en una urna.
José María González ‘Kichi’, alcalde de Cádiz, votando en unas elecciones. Foto: Eduardo Ruiz/Europa Press via Getty Images.

De hecho, quiere que la elección del nuevo nombre sea un proceso participativo en el que se involucre la ciudadanía. El problema es que hablamos de Cádiz, la cuna del Carnaval, la guasa y el cachondeo. Cuesta que se lo tomen en serio: en la fase de recogida de propuestas se recibieron algunas como Francisco Franco o Santiago Abascal. De una primera fase de la votación se eliminaron todas las opciones que incluyeran nombres propios (lo que descartó una alternativa que podría haber servido para apaciguar los ánimos: la de Jorge “Mágico” González, delantero salvadoreño que jugó en el equipo en los años ‘80 y que se considera la mayor leyenda del club).

Se acabaron seleccionando ocho posibilidades y se sometieron a una segunda votación online que se cerró el pasado 25 de octubre. Ha transcurrido tiempo más que suficiente desde entonces para que se conozcan los resultados, pero el Ayuntamiento ha anunciado que va a tardar un poco por un motivo insólito: “hemos sufrido un intento de sabotaje”, proclama el alcalde en funciones, Demetrio Quirós (Kichi está de baja por paternidad).

Quirós asegura que se ha registrado una enorme cantidad de “votaciones automatizadas con máquinas para producir votos uno detrás de otro”, por lo que “la tarea de cribado está siendo ardua”. Fuentes municipales indicaron a la cadena SER que estos votos falsos mediante bots son “procedentes de la extrema derecha” (aunque sin precisar más), que “ha intentado sabotear el proceso, pero sin éxito”. El resultado, insisten, tardará unos cuantos días más de lo previsto, pero se acabará conociendo.

“Lo que hacen las máquinas es aportar números de DNI y sus letras mediante algoritmos y así se envía muchos votos”, explicó Quirós en rueda de prensa. “Hemos visto que el origen de esos tráficos procedía de los mismos sitios utilizando robots para el envío masivo de votos, aunque se consiguieron filtrar y se ha logrado que la votación terminara mejor. Estamos a la espera de la certificación del secretario general del Ayuntamiento para dar fe como máximo garante de la legalidad del proceso que se ha seguido”.

Todo el proceso está siendo una fuente continua de quejas. En la votación digital, a través de la web de la televisión pública municipal, podían participar los ciudadanos mayores de edad empadronados en Cádiz, lo que abría la puerta a aficionados de otros equipos y dejaba fuera a abonados cadistas de otros municipios; el ayuntamiento se justifica alegando que el club no le pasó el censo de abonados. Para opinar había que aportar el número del DNI, lo que ha motivado una denuncia por una posible vulneración de la ley de Protección de Datos.

Jugadores del Cádiz abrazados junto al portero madridista Courtois tras marcarle un gol.
Jugadores del Cádiz celebrando haber marcado un gol en un partido de Liga. Foto: Diego Souto/Quality Sport Images/Getty Images.

Por si fuera poco, se ha roto el consenso que había en el equipo de gobierno sobre la necesidad del cambio de nombre: la marca gaditana de Podemos tiene mayoría pero no absoluta, así que gobierna gracias a un pacto con el PSOE, y en el último pleno los socialistas se alinearon con la derecha para paralizar la operación. El concejal Martín Vila, del equipo de gobierno, dice que saldrá adelante igualmente y que, si es preciso, el ayuntamiento ejercerá su autoridad para hacerlo.

Desde que se empezó a plantear la posibilidad modificar el nombre surgió una plataforma en defensa de la continunidad del actual o, como mucho, de acortarlo simplemente a “estadio Carranza”, sin especificar que se refiera a una persona individual; alega que para gran parte de la población (en especial la más joven) la palabra Carranza no se asocia a nadie en particular, sino que funciona más bien como una marca. Esta opción, en el fondo, es la que más simpatías despierta, de hecho en la primera votación (la misma donde se recibieron aquellas propuestas tan estrafalarias) es la que más éxito tuvo. Sin embargo, Vila la ha descartado por completo: “Es como si en Alemania hubiese un estadio que se llamase Adolf Hitler y se quisiera mantener como Hitler”.

A todo esto, el principal afectado en esta historia, el propio Cádiz CF, no ha abierto la boca. De hecho, tal como indicó el diario El Mundo en su momento, rehusó expresamente a participar, por entender que no le corresponde ya que el edificio no es suyo, sino del Ayuntamiento. Eso sí, por si acaso, ha registrado la denominación comercial “estadio Carranza” en vista de una posible explotación futura.

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