El Caballero esconde mañas

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Gabriel Cruz

CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 13 (EL UNIVERSAL).- Acompañado por su ring de juguete y sus muñecos de plástico, aquel niño fue construyendo en su mente el sueño de ser gladiador profesional. Pasado el tiempo, ya con 22 años, vive esa aventura aliado a una máscara y al nombre de batalla de El Caballero.

Pero que nadie se confíe, porque arriba del ring no es tan caballero como su nombre promete. "Es el trabajo del rudo ‘ponerle sabor al caldo’ y hacer que se prendan los ánimos", advierte. A pesar de su juventud, tiene muy claro lo que representa ser gladiador. "Soy de temperamento explosivo y mucho corazón para entregar en cada lucha. Debuté con mi nombre y equipo en abril del año pasado, posteriormente me integré al grupo de Último Dragoncito, para seguir entrenando. Lamentablemente, la situación que atraviesa el mundo por el Covid-19 nos detuvo a todos, pero nunca hay que perder ni el ánimo ni la fe en que todo esto mejorará y que más adelante podré dar de qué hablar".

Y aunque no hay nadie en especial en su mira ruda, reconoce en algunos rivales su calidad. "Van cambiando de función a función, pero con quien más he tenido la oportunidad de enfrentarme es con el más pequeño de ‘Los Divinos Laguneros’. Me gusta estar frente a él porque nos damos con ganas y me gusta la gente que no se echa para atrás; incluso, en la arena del Rey Bucanero, en un mano a mano, mandé al Cachorro en camilla al vestidor".