Córdoba Open: la historia del reencuentro entre David Nalbandian y el supervisor que lo descalificó en una final

Agustín Monguillot
lanacion.com

En 2012, Nalbandian llegó a la final del torneo de Queens y un rapto de furia derivó en su descalificación, a cargo de Tom Barnes (derecha)

CORDOBA.- David Nalbandian mira desde un palco el clásico local entre Juan Ignacio Londero y Pedro Cachín en la cancha central del Córdoba Open. En un descanso, un hombre canoso se da vuelta para saludarlo. Está vestido con ropa de la ATP. Los dos charlan y se ríen como si hiciera tiempo que no vieran. La escena pasa desapercibida, pero hay una historia detrás. El señor en cuestión es Tom Barnes, aquel supervisor que tomó la decisión de descalificar a Nalbandian por lastimar de manera accidental a un juez de línea durante la final de Queen's en 2012. Un día negro en la notable carrera del unquillense.

El partido está por concluir. Londero saca para partido y David emprende la retirada. ¿Recordaron ese día? "Naaa. Tom es un amigo de toda la vida", responde a LA NACION, sonriente. Un par de fanáticos lo paran en el camino para pedirle una selfie. Él accede. Nalbandian, se sabe, es pasión de multitudes en Córdoba. Más de una vez se escuchó en la cancha el conocido "¡Vamos David!", tan repetido en sus épocas de jugador. Si existiera un contador de arengas, seguro estaría ahí, entre los top.

Barnes es reservado, pero sonríe cuando le preguntan por Nalbandian: "Hacía muchos años que no lo veía. Hablamos de la vida y de la familia. Es una buena persona". El norteamericano es el jefe de árbitros de la ATP. Sus pares lo consideran una eminencia en el circuito. "Lo recuerdo como un mal día, simplemente", desdramatiza.

Queen's fue uno de los últimos chispazos de Nalbandian en el circuito. Tenía 30 años y no jugaba seguido por las lesiones. Necesitaba sumar puntos para ser cabeza de serie en Wimbledon para tener un cuadro más amigable. Su nivel fue sobresaliente: le ganó al canadiense Pospisil, al francés Roger-Vasselin, el belga Malisse y al búlgaro Dimitrov. En la final, se imponía por 7-6 (3) y 3-4 ante Marin Cilic hasta que tuvo un momento de furia. El croata le quebró el saque y David se descargó con una patada al cajón donde se encontraba uno de los jueces de línea. El golpe fue tan fuerte que la madera salió despedida y raspó la pierna del juez, Andrew McDougall's, que empezó a sangrar.

Aquella descalificación de David

El momento fue insólito, digno de una película tragicómica. El partido se detuvo inmediatamente para atender al juez, mientras el umpire sugirió suspender el partido y dar por ganador a Cilic. El encargado de tomar la determinación era el supervisor de árbitros de la ATP. Ahí entró en escena Barnes, que confirmó la decisión. Era la primera final de Nalbandian en césped desde Wimbledon 2002, el momento de su salto a la elite del circuito. En ese momento, se advertía que el supervisor le explicaba al argentino que no tenía otro remedio que darle por perdido el encuentro.

"Cuando vi que el juez estaba lastimado, no tenía otra opción", dijo el estadounidense después del partido. El exabrupto le salió caro a Nalbandian: fue descalificado, le sacaron los puntos que había sumado y pagó una multa de 10.000 euros, la máxima posible. Hasta lo investigó Scotland Yard porque lo denunciaron por "presunta agresión". Nalbandian se mostró arrepentido y pidió disculpas ("Cometí un error") por el episodio.

Fue apenas una mancha en una carrera de éxitos del unquillense, que se retiró al año siguiente. ¿Rencores? Cero. "Es un histórico de la ATP. Lo mejor que tiene el tour, mirá lo que te digo", dice David, que se va a refugiar al VIP del torneo. A pocos metros, Barnes mira de reojo que todo esté bien y se le vuelve a escapar una sonrisa. De las que surgen cuando se habla de alguien que se aprecia. Y dice sobre David: "Es un buen tipo. Sólo tuvo un mal día, nada más".

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