Los Burros ganan campeonato con un hijo de la UNAM

El Universal

CIUDAD DE MÉXICO, noviembre 9 (EL UNIVERSAL).- La sonrisa se le escapa de vez en vez por las reiteradas felicitaciones que recibe en el estadio Azul. Pero eso cambia cuando es cuestionado por la prensa. Su semblante se vuelve serio y mantiene su mirada fija en la cámara, sin sonreír. Esa es la dualidad de Alejandro García, quien cambió los goyas por los huelums, el Olímpico Universitario por el Wilfrido Massieu, el azul y oro por el guinda y blanco.

Pero no siempre fue así.

El punto de inflexión de García -el jugador Más Valioso de la final de la ONEFA y que ayudó a que Burros Blancos se coronara el por primera vez en su historia- se remonta hasta el verano del 2016.

El joven fue aceptado para formar parte del cuadro de Liga Mayor de la institución, mejor conocido como Pumas CU. Integrar el equipo era la cima de su carrera en los emparrillados. Siempre había jugado en los equipos semilleros de la UNAM.

"Lo que pasó después es algo que prefiero no recordar. Ahora soy campeón, quiero disfrutar el momento y no mirar al pasado", menciona García a EL UNIVERSAL Deportes.

Lo que no quiere recordar fue "la chancliza". Esa práctica consistía en que los jugadores veteranos pedían que los novatos se fueran a las regaderas y se desnudaran. Luego, con las chanclas que utilizaban para bañarse les pegaban en todo el cuerpo. Era la novatada del equipo universitario.

García reveló la historia a la revista Proceso.

El jugador se negó a ir a las regaderas y decidió salirse del equipo, porque no consideraba correcta esa "novatada", que están prohibidas desde que un jugador se intoxicó porque lo pintaron con pintura de aceite simulando un disfraz de superhéroe. Era 2014 y desde entonces se prohibieron esas prácticas en la UNAM.

"Sí, es verdad que recibí malas miradas de algunos (jugadores) u otras formas de rechazo cuando decidí salirme del equipo, pero también tengo grandes amigos en Pumas. ¿Por qué decidí ir a jugar aquí? Todo es culpa de mi hermano mayor", cuenta.

Desde su infancia estuvo ligado con el futbol americano. Observaba cómo su hermano jugaba en Burros Blancos, mientras que él estaba en las gradas con el resto de su familia y amigos. García cuenta que nunca olvidó dos situaciones de esos partidos: la pasión con la que jugaba su hermano y el ambiente festivo que se vivía en el Wilfrido Massieu, el estadio de los Burros.

Recordó aquellas épocas y cuando llegó el momento de decidir el equipo en el que le gustaría continuar jugando, la elección, dice fue natural: los Burros Blancos, pese a la rivalidad deportiva que existe entre ambas instituciones.

"Me siento orgulloso de mi elección, aunque eso no significa que sea fácil el día a día. Sigo estudiando mi ingeniería en la UNAM y tengo que ir todos los días de Ciudad Universitaria hasta Santo Tomás para entrenar. No soy el mismo Alejandro que tomó esa elección, pero esa decisión me ayudó a ser una persona más madura", señala.

La elección de García marcó la historia de Burros, que ganaron su primer campeonato gracias a un hijo de la UNAM. Ese hijo que prefirió el huelum que el goya, por una cuestión de principios.

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