Burger King, Hazard y un enfado entre madridistas que delata una piel demasiado fina con el fútbol

Luis Tejo
·6  min de lectura
El futbolista Eden Hazard durante un partido con el Real Madrid
Eden Hazard, durante un partido con el Real Madrid. Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images.

Seamos sinceros: el fútbol, en sí mismo, no es una actividad que, de cara al espectador, tenga mayor interés que otras. Pensándolo fríamente, el tópico de que se trata de 22 señores (o señoras) en pantalón corto persiguiendo una pelota es absolutamente cierto. En este sentido, en cuanto a espectáculo, no hay ninguna diferencia especial con respecto a otros deportes, e incluso en opinión de muchos carece del componente artístico que tienen otras formas de entretenimiento basadas en la expresión corporal, como la danza o el teatro.

La gracia del tema es que el fútbol no se piensa fríamente. Hay pasión, hay emoción: lo que ocurre en el césped causa alegría desbordante o la más honda de las decepciones en los aficionados que lo ven desde la grada. Y eso es así porque tomamos partido: no somos testigos imparciales. Nos decantamos por uno de los dos bandos en liza, más que simplemente apoyarlo “somos” de un equipo, lo sentimos no ya como algo nuestro sino como una parte integrante de nosotros mismos.

Todo esto está muy bien; no es más que una afición que muchos compartimos, que entretiene y no hace daño a nadie. Hasta que deja de estar bien. Hay hinchas, no precisamente escasos, que han dejado de disfrutar con el fútbol y se lo toman como poco menos que una guerra. Han llegado a un nivel de exaltación tal que interpretan cualquier comentario, una simple broma, como un ataque personal.

Véase, como muestra, la última que se ha liado en Twitter. La cuenta del programa de televisión El Chiringuito informó ayer de que Eden Hazard, jugador del Real Madrid, no se había entrenado con el resto de sus compañeros y planteó la pregunta “¿por qué?”, a modo de cebo para que los espectadores lo descubrieran en la emisión de la noche. Luego se conocería que la causa era “fatiga muscular”, posible consecuencia del contagio de coronavirus que sufrió allá por noviembre. En cualquier caso, Burger King, la célebre cadena de hamburgueserías, no desaprovechó la oportunidad:

Es oportuno, porque consiguieron colar su publicidad en el momento adecuado, de forma gratuita, con un alcance extraordinario. Es ingenioso, ya que supieron reutilizar un chiste muy repetido desde que el belga fichó por los blancos (las acusaciones de sobrepeso y baja forma) para anunciar sus productos. Y sobre todo, es gracioso. La broma se viene haciendo meses, a menudo por parte de los propios madridistas de manera autocrítica con su propio equipo, pero en este contexto gana relevancia. Es sencilla y directa, no hace falta explicarla. El gestor de la cuenta de Burger King hizo un muy buen trabajo.

Como tal broma lo han entendido la mayoría de aficionados, merengues incluidos. Pero no han faltado los típicos irritados de guardia que lo han considerado una falta de respeto intolerable y han reaccionado soltando bilis. Estos son algunos de los muchos ejemplos que hay:

Por supuesto, la libertad de pensamiento ampara a cualquiera para tomarse el chiste de la manera que considere adecuada: no es obligatorio reírse y quien se quiera ofender es libre de hacerlo. Allá cada uno con sus úlceras. Y otra libertad, la de expresión, también avala a quien desee hacer público su malestar, faltaría más.

Lo preocupante es que hayamos llegado a un punto en que algo así se pueda llegar a considerar ofensivo. Aunque muy probablemente no sea cosa de ahora, sino que gracias a las redes sociales los que se han venido a llamar “ofendiditos”, la gente con la piel tan fina que cualquier mínima discrepancia con su forma de pensar la traducen como una afrenta intolerable, tengan mucha más visibilidad y repercusión que en el pasado. Por suerte, aunque hagan mucho ruido, no son demasiados.

Como era de esperar, les indignan solo las cosas que van contra ellos; si la víctima es otro no dudan en unirse al coro de risas, aunque la gracieta sea igual de grosera o más. Esta vez los afectados son los de blanco, razón suficiente para que, en la tónica bipartidista habitual, no haya faltado quien acuse a Burger King, empresa estadounidense con sede en Florida, de culé. Ni quien haya anunciado una amenaza de boicot.

Evidentemente, no es cosa de que el público del Bernabéu sea particularmente sensible. Otras muchas veces los chistes se han hecho sobre sus rivales. Y siempre ha habido quien ha echado espuma por la boca, vestido con una camiseta distinta. La “ofendiditis” es una actitud universal que no entiende de colores.

Por un lado, es cierto que las empresas que lanzan este tipo de mensajes tienen su parte de responsabilidad. Porque sí, es una broma y casi todo el mundo lo entenderá como tal, pero también hay que conocer al público y prever que según qué mensajes, por inocentes que parezcan, pueden causar lío. Pero por otro, es bastante triste que hayamos llegado al punto de tener que recurrir a la autocensura. Que un juego como el fútbol, concebido para pasar un buen rato, se haya convertido en una batalla continua. Que cuando nos toquen “lo nuestro” carezcamos del más mínimo sentido del humor y lo convirtamos todo en una cuestión de honor, como si fuéramos caballeros medievales.

Un ambiente tan enrarecido y radicalizado no representa en absoluto los valores con los que se concibió el deporte y solo aporta un extra de crispación a una sociedad que ya tiene suficientes problemas de por sí. Por suerte, de momento la mayoría de los que tanto se irritan se limita a expresar su malestar golpeando las teclas de su ordenador. Deberíamos tener mucho cuidado, porque no sería la primera vez que a alguno se le va la cabeza del todo y da los golpes en el mundo real, más allá de la red.

Más historias que te pueden interesar: