El Braian Toledo solidario, contado por las personas a las que ayudaba

Andrés Vázquez
lanacion.com

Hay una intangible dimensión de tiempo y distancia, una región de sueños y recuerdos entrañables que perdura más allá de la ausencia física, que se hace carne de las cosas más profundas para perpetuarse en vivencias en que no estar no implica haber partido. Se va el que no trasciende, el que no aporta nada. El cariño y el respeto que Braian Toledo cosechó entre sus coterráneos y la comunidad deportiva argentina a lo largo de su corta vida quedaron expuestos en la emotiva y multitudinaria despedida que se le realizó ayer en el Cementerio Municipal de Marcos Paz.

Con tan sólo 26 años, Toledo llenó sus horas con calidez, dándose abiertamente, brindándose con una pureza que hizo intachables sus procederes y conducta. Fue mucho más que un reconocido atleta: fue un joven comprometido con la ayuda social y las buenas causas, que nunca se olvidó de sus orígenes. Razón por la que jamás se irá del afecto de quienes lo conocieron; apenas no estará. Por eso no fue de extrañar que su gente estuviese allí despidiéndolo como a un héroe. Gente común y corriente, con el mismo semblante humilde de Braian. Pero con dolor infinito.

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El joven lanzador de jabalina participaba activamente en el programa solidario Huella Weber, de la empresa Weber Saint Gobain, que selecciona a deportistas que tienen conciencia social para protagonizar cambios en la sociedad eligiendo lugares por refaccionar con los materiales que aporta la compañía. Y, además, como no quería que otros sufrieran el hambre y la desprotección que él había padecido en la infancia, se encargaba de colectas de alimentos, ropa y materiales para dos merenderos de los barrios más pobres de Marcos Paz y alrededores. "Yo siempre quise ayudar y no sabía cómo. Por suerte encontré esta manera, que me hace sentirme único y me ayuda a ayudar", contó en su momento Braian, que desde niño sufrió junto a sus dos hermanos la violencia y el abandono de su padre y debió recurrir a un comedor para poder alimentarse.

Eso le despertó el gen solidario. En 2015, con el apoyo de la ONG Arriba Los Pibes y de Weber, Toledo encaró el primer proyecto social, y nunca lo abandonó. "Un día se nos presentó en el merendero y nos dijo que iba ayudar, y en menos de una semana nos consiguió todos los materiales para los arreglos edilicios", recuerda Mónica Donadio, fundadora y presidente de la ONG que brinda contención a más de 60 pibes del barrio El Lucero.

Un año después Braian comenzó a asistir al merendero Los Pepitos, de Agustín Ferrari, partido de Merlo, y redobló su compromiso social. "Era un ser mágico, humilde y bondadoso. No se quedaba en el hecho de dar; se ocupaba personalmente de generar contactos con las empresas para que nos donaran materiales y alimentos", precisa Graciela Deandreis, que junto a otras diez personas atiende a más de 40 chicos por día en una humilde casita que Braian ayudó a refaccionar pero que no llegó a inaugurar. "El día en que llegaron los materiales, él se puso a hombrear bolsas y a acarrear arena", detalla la encargada.

Esa conexión con la gente necesitada, sobre todo los niños, era lo que más impresionaba a ambas mujeres. "Su calidez era sobresaliente. Algunos creerán que a él le sobraba plata y la ponía acá. No le sobraba nada. Sólo le gustaba ayudar. Venía, estaba un buen rato con nosotros, compartía leche con los nenes y los ayudaba en las tareas de la escuela. No venía por interés, como sí lo hacían otros. Braian sentía todo esto y se preocupaba de verdad, de corazón", subraya Mónica.

La judoca Paula Pareto acudió a la casa de los Toledo para saludar a la familia.

Como en una ironía del destino, Braian encontró la muerte ayudando. Su visita del miércoles al barrio Martin Fierro fue para llevar útiles escolares a vecinos y reunirse con empresarios que iban a colaborar con algunas de las causas que él motorizaba. Ya de noche, y con la satisfacción de haber cumplido todo, previa cena con su mamá, Olga, y con sus hermanos, Ignacio y Débora, emprendió el trágico regreso a Buenos Aires. A 1000 metros de su casa, sobre la ruta provincial 40, los 130 kilómetros por hora de su moderna moto y un lomo de burro mal señalizado desataron la fatalidad. Su muerte se produjo en el acto, a las 23.10; en el hospital se intentó una reanimación.

"Vivía muy pendiente de todo lo nuestro, incluso de temas personales. Me llamó en enero, cuando operaron de urgencia a mi marido, y me prometió que a fin de febrero pasaría para ver cómo seguiría dando una mano con la mercadería. Ahora no sé cómo vamos a seguir adelante. Quedamos devastados con esta tragedia. Es muy triste tener que avisarles a los nenes más chiquitos que Braian murió. Espero que los contactos que nos dejó sigan dándonos una mano", afirma, muy afligida, Mónica.

La vida de Braian Toledo estaba en su apogeo. Su talento lo proyectaba como la máxima esperanza del atletismo argentino. Pero sus anhelos no pudieron escapar de la fatalidad. Atrás dejó el amor de una familia humilde, el reconocimiento unánime de la comunidad deportiva, el cariño de Marcos Paz y un legado enorme de valores y solidaridad.

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