Bradley Lowery, el niño que conquistó los corazones de la Premier, fue despedido en un conmovedor funeral

LA NACION

Hoy se realizó el funeral del niño que había conquistado los corazones de la Premier League. Bradley Lowery tenía seis años cuando el cáncer acabó con su vida. Pero se fue como un héroe y un luchador, dejando en el recuerdo de los que lo conocieron su inconfundible sonrisa.

La marea de gente que se acercó a las calles que rodean la iglesia St Joseph's Catholic de Blackhall son el fiel reflejo de lo que significó y conmovió a la comunidad su historia. Seguidores del Sunderland, familiares, amigos y todos aquellos que siguieron la historia del pequeño, se hicieron presentes este viernes para despedirlo.

Habían sido avisados vía Facebook, como siempre se comunicaron los padres de Bradley, del horario y el lugar. Pero el aviso fue con un pedido especial: asistir con la camiseta del Sunderland, con el nombre de Bradley y el número seis en referencia a su edad. De todas maneras, los seguidores de esta lucha saben el mensaje de su lucha "el cáncer no tiene color", por lo que asistir con la camiseta de un club de la Premier o disfrazados fue otra manera de homenajear.

Jermain Defoe no dudó en viajar desde España, donde su nuevo equipo el Bournemouth está realizando su pretemporada. Como tampoco dudó David Moyes, ex entrenador del Sunderlands.

"El pequeño superhéroe" que luchó hasta el final ante su enfermedad. Porque fue toda una vida de altibajos, de momentos duros y otros más felices, los que Bradley atravesó. A sus 18 meses le diagnosticaron un particular tipo de cáncer llamado neuroblastoma, que no pudo sobrepasar. Entonces decidió disfrutar.

Su fanatismo por el fútbol, de todas maneras, nunca lo perdió. Hincha del Sunderland y de la Premier League en general hizo llegar su historia a los jugadores, con quienes logró una estrecha relación, se convirtió en la mascota del equipo y la amistad del jugador Jermain Defoe, su ídolo.

Su lucha duró hasta diciembre 2016 cuando los doctores le notificaron que su cáncer estaba aumentando de tamaño y que no había salida posible.

Hoy toda esta historia, sus testigos, donantes y personajes estuvieron presentes. Quisieron estar ahí para decirle adiós al niño que les mostró la luz cuando todo parecía perdido. Por eso el cajón fue trasladado en un carruaje con caballos blancos hasta la iglesia, y la ceremonia comenzó con la lectura de su padre de un poema escrito por su madre. Todo acompañado por música, sus preferidas y algunas elegidas para homenajear su lucha, su alma, su amor y su sonrisa.

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