Boca y Santos jugaron a no perder y les salió bien a los dos, aunque dejaron una duda: ¿fue fútbol o ajedrez?

Pablo Lisotto
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Boca y Santos jugaron al ajedrez. Cada uno muy atento a la pieza que movió el otro en el tablero verde. Y listos para actuar en consecuencia. Entonces, la primera semifinal transcurrió en ese escenario. Lento. Malo. Con los dos equipos muy largos y con la pelota en movimiento de un área a la otra, pero sin profundidad. Y así terminó: 0 a 0.

Hay que buscar en los libros de historia para ver si existió alguna semifinal de Copa Libertadores sin jugadas claras de gol. Porque eso lograron ambos: ni Andrada ni John temieron por la caída de su valla en los 90 minutos.

La polémica del partido: ¿penal de Izquierdoz a Marinho?

En el conjunto xeneize escaseó el juego asociado. Hubo desbordes de Villa a toda velocidad que terminaron en centros estériles, piques al vacío de Salvio que no fueron interpretados por sus compañeros, el despliegue silencioso de Soldano, lejos del arco, y un Tevez bien contenido, con el objetivo de evitarle terreno libre para pensar.

No hay dudas: lo ocurrido con River encendió las alarmas en el club de la Ribera. Fue una lección anticipada de lo que no tenía que hacer y qué recaudos debía tomar frente a un rival rápido, desfachatado e irreverente. Si en los últimos 20 años los equipos brasileños se acostumbraron a respetar a Boca, Santos le escapó a esa costumbre.

Soteldo, Kaio Jorge y Marinho, los ligeritos del conjunto paulista que tanto daño le hicieron a Gremio en los cuartos de final, jugaron con llamativa libertad por el frente de ataque. Lejos de Andrada y con poca puntería, es cierto, pero muy sueltos. Y exagerando cualquier contacto físico con el objetivo de que en el slow motion del VAR pudiera convertirse en jugada de penal o de expulsión.

Hay que esforzarse para encontrar jugadas de peligro. A los 19, en un tiro libre directo al arco, Marinho acomodó la pelota, tomó distancia y corrió como Roberto Carlos. Pero le pegó como Marinho y la pelota se fue cuatro metros por encima del travesaño.

A los 39', Salvio picó a toda velocidad y con pelota rumbo al área. Y aunque junto a Tevez eran dos contra dos, el delantero equivocó la decisión y Lucas Verissimo desactivó una jugada muy peligrosa para el arco santista.

El último minuto del primer tiempo fue un compacto de situaciones que resumen el rol de tres actores protagónicos de Boca. Soldano, otra vez con un gran despliegue pero demasiado lejos del área, fabricó un tiro libre solo él imaginó. Con su cuerpo le ganó la posición a Luan Peres, que lo atropelló. De frente al arco y a apenas cuatro metros del área, parecía una ocasión inmejorable. Entonces Villa atinó a acomodar la pelota. Pero a Tevez nadie se la sacó. Antes de que el árbitro Tobar diera la orden, alguien de la barrera empujó a Izquierdoz. El zaguero, cada vez más firme, no se dejó intimidar y le reclamó a su rival por esa actitud a cara de perro. Como el manual del zaguero boquense lo indica. Finalmente, la ilusión del Apache terminó en la barrera.

Consciente de que tenía la responsabilidad de ir a buscar el triunfo, Boca salió en el complemento con una actitud más agresiva. Al minuto, Tevez se encontró con una pelota suelta más allá del círculo central, la abrió para Salvio y el remate del Toto fue desviado por John. Poco después, esa misma sociedad alteró la calma santista, pero tampoco se resolvió bien (en vez de conectarla de derecha, Soldano la dejó pasar y nadie entró). A los 5, una mala salida del arquero terminó con la pelota en los pies de Villa, que rodeado por dos rivales no pudo patear. Se la dio a Salvio, que parado en el punto penal, y entre tres, tampoco logró resolver con éxito.

Pero el ritmo xeneize bajó. Y entonces Santos apretó el acelerador. Y estuvo algo más cerca del gol. Andrada se revolcó para despejarle un remate a Felipe (luego anulado por posición adelantada del brasileño), y más tarde otro a Marinho.

Como se suponía, la inoportuna lesión de Campuzano se sintió. Su ausencia fue padecida por Russo y por todo el equipo. A la dupla conformada por Diego González y Nicolás Capaldo le llevó tiempo hacer pie. Y el ingreso de Cardona por el Pulpito no sólo no movió la aguja, sino que debilitó esa zona. Al colombiano se lo vio lento y, llamativamente, muy impreciso. Y Santos comenzó a ganar el mediocampo. Entonces a los 19, con más espacios y después de una muy buena jugada colectiva, un remate de Kaio se fue apenas por encima del travesaño.

De ahí en adelante, Boca se retrasó cada vez más. Exhibió firmeza en su última línea. Por arriba y por abajo, López e Izquierdoz alejaron el peligro. La consigna fue clara: sí o sí había que defender el cero en el arco. propio.

El xeneize se fue amigando con el 0 a 0. Salvo por la rebeldía de Tevez, que siguió batallando. En una de las pocas que tuvo recibió el balón por izquierda, encaró en diagonal al área, se hamacó y remató apenas afuera. En la última jugada, Villa jugó con Fabra, que le devolvió la pared con un taco perfecto y el centro le quedó a Jara, que desde la medialuna del área elevó su remate.

El VAR, esta vez, le hizo un guiño a Boca. Porque Izquierdoz cruzó a Marinho adentro del área. Lo tocó por encima de la rodilla izquierda y el brasileño cayó. Pero, tecnología mediante, Tobar hizo seguir la acción sin necesidad de revisar la jugada.

El resultado deja la serie abierta. La paridad se romperá, irremediablemente, en suelo brasileño el miércoles próximo. Quien gane, será finalista. En un contexto que a Boca le sienta bien. No solo por su buen historial en ese país, sino porque de visitante logró tres victorias (Libertad, DIM e Inter), un empate (Caracas) y una derrota (Racing).