Boca - River. Para ponerlo en un cuadro: al margen del empate 2 a 2, por qué los dos ganaron... y perdieron

Ariel Ruya
·4  min de lectura
Lucha en el aire, entre Beltrán y Más: lo dieron todo
Fuente: Archivo - Crédito: Marcelo Endelli

Fue un gran clásico. Emotivo, apasionado, cambiante. Lo tenía Boca, lo ganaba River. El empate de Villa fue un premio a la excelencia: Boca y River igualaron 2 a 2 en un encuentro para poner en un marco, porque no se guardaron nada. Porque fue una película con final abierto hasta el epílogo. Lo mismo va a ocurrir en la definición de la Zona Campeonato A de la Copa Maradona. Y dieron un mensaje: quieren reencontrarse en la final de la Copa Libertadores. Una vez más.

Para volver a ver: los cuatro goles del Boca-River

No fue un antiguo clásico de verano, con las piernas desgastadas por la pretemporada que apenas avanza: resultó un súper atractivo, intenso, con dos estilos diferentes. Boca se inclinó por un equipo sin algunos titulares indispensables (Tevez, Salvio, Fabra) y un esquema rápido, profundo, que explotó la libertad ajena. River dispuso de una formación con mayoría de titulares, con la convicción de la complicidad del dominio de la pelota. Boca no necesitó del balón para ser peligroso: lo fue hasta cuando parecía dominado, adormecido. River jugó a lo River, menos en el área: apagado, irresoluto, con un dominio parecido a la intrascendencia.

Y en el medio, la amenaza, de unos y otros. Andrada contuvo un disparo de Borré; Wanchope abrió el marcador con clase y potencia un punzante pase de Más; un remate de Carrascal chocó con un poste (de pique al césped, con magia), Armani surgió ante Capaldo. El clásico fue un libro abierto de fútbol, de a ratos: el toque millonario contra el vértigo xeneize.

Borré, con un cabezazo, dio vuelta la historia..., hasta que volvió Boca
Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

Carrascal es un atrevido que podría creerse crack, pero sus creaciones a veces son subterráneas, Cardona debería patear el tablero, no ser tan obediente: recostado a la derecha (Villa actuó por la izquierda, por las subidas de Montiel), fue un jugador de tercer orden. Con intermitencias de los habilidosos, los mejores avances fueron por los costados, con Más, con Villa, con Montiel y el pibe Beltrán, un entusiasta. Campuzano debió ser expulsado en el primer tiempo, por un codazo directo a la garganta de Carrascal.

Se jugó con el corazón caliente, desde el primer minuto quedó enterrado el concepto de partido de verano, de clásico mezclado en un torneo que no interesa demasiado. No sólo la formación de River dio esa señal: los dos equipos no escondieron las piernas, más allá de que lo que ocurría era lo urgente y lo que vendrá, es lo verdaderamente importante.

No sólo fue la puerta de despegue de una probable final casera: hay un mundo de posibilidades de que el próximo encuentro de gigantes sea en la final del Maracaná, el 30 de enero, por la Copa Libertadores. No hay nada más arriba, sólo el cielo. Este Boca-River curioso -por la fecha, el contexto- resultó la antesala de los choques contra los brasileños. River jugará con Palmeiras este martes, a las 21.30, mientras que Boca se enfrentará con Santos un día después, a las 19.30.

Villa fue la figura del partido: selló el 2-2, muy cerca del final
Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

En el segundo tiempo, Gallardo pateó el tablero otra vez: dispuso de los ingresos de Nacho Fernández y Suárez, otros titulares, lo que confirmó la certeza de que para River no era un partido estival, ni la antesala de nada.

Y con el partido desatado, Russo decidió el ingreso de Tevez, mientras Abila y Zárate discutían -primero, en la cancha, luego, en el banco- y Campuzano era expulsado, un poco tarde, por otro codazo. Al colombiano le quedó demasiado grande el clásico. Lo mismo ocurrió con el árbitro Fernando Rapallini.

El pibe Girotti, otro de los ingresados, selló el 1-1, con un cabezazo desde el césped, luego de otro punzante centro de Montiel. Y al rato, otro centro encontró en el aire a Borré, el goleador del ciclo Gallardo. Pero Boca no se quedó parado: aprovechó la expulsión de Pérez y Villa selló un 2-2 impensado, que no imaginó nadie. Fue un gran clásico.

Al final, quedó una sensación... y una certeza: los dos ganaron... y los dos perdieron. Boca ganó porque perdía al límite de la parte final y tuvo coraje para alcanzar el 2-2. Sobre todo, contra la mejor formación millonaria. Lo peor: no supo sostener, con su estilo, los embates de River, que de a ratos lo llevó por delante. River ganó porque encontró, aunque sea fugazmente, todo lo que buscó durante casi todo el desarrollo. Cuando quiere, puede llevar por delante a cualquier adversario. Lo peor: arriesgó demasiado al jugar con casi todos los titulares. Y no supo cerrarlo, un mal que hace años que sufre River que siempre va hacia adelante.