Boca-Oriente Petrolero: el día que la Bombonera bramó para que el equipo no gane... y Marcelo Bielsa lo justificó

Pablo Lisotto, Juan Manuel Trenado
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Gabriel Batistuta abre los brazos tras chocar con el arquero de Oriente Petrolero Darío Rojas; el delantero fue uno de los pocos jugadores de Boca que pisó el área rival esa noche del 5 de abril de 1991
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Faltaban un minuto y 20 segundos para terminar el partido cuando Blas Giunta mandó la pelota a la tribuna. La hinchada no la devolvió hasta que el tiempo estuviera cumplido. Entonces los bolivianos sacaron desde el arco y, con la pelota en el aire, el árbitro uruguayo Ernesto Filippi, a los 45 exactos, decretó el final. Fue el día que la Bombonera bramó para que Boca… no gane. Hasta los cantos de la hinchada se adaptaron para llegar al insólito “¡… que esta noche tenemos que empatar!”. El 5 de abril de 1991 Boca y Oriente Petrolero igualaron sin goles, un resultado que les permitía clasificarse a ambos para la siguiente rueda y eliminar a River de la Copa Libertadores.

“El objetivo era ganar, pero la realidad era que no podíamos arriesgarnos a quedarnos afuera –cuenta hoy el Mono Carlos Fernando Navarro Montoya–. A ellos les pasaba lo mismo. A medida que pasan los minutos, esas cuestiones influyen. Entonces, sin un acuerdo previo entre los jugadores (porque no lo hubo), con el pasar de los minutos aparecen los acuerdos tácitos. No pactados, pero a los que la naturaleza del juego te va llevando”.

Un tiro libre de Tapia cae en las manos de Rojas, el arquero de Oriente Petrolero, en el recordado partido con Boca en 1991
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Un tiro libre de Tapia cae en las manos de Rojas, el arquero de Oriente Petrolero, en el recordado partido con Boca en 1991 (Archivo LA NACION/)

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“Es la hora es la hora, es la hora de empatar. Ponga huevo los xeneizes, que tenemos que empatar”

Antes de adentrarse en los detalles, vale explicar el contexto. En aquel momento los grupos de la Copa se armaban entre equipos de dos países por un sistema rotativo. En 1991 les tocaba a argentinos y bolivianos. Boca y River, por un lado, y Bolívar y Oriente Petrolero, por el otro. Para ahorrar costos, un equipo que viajaba fuera del país, jugaba dos partidos en la misma semana.

Boca perdió ambos partidos en Bolivia. River fue goleado en La Paz por Bolívar (1-4), pero sacó un empate en Santa Cruz de la Sierra ante Oriente Petrolero (1-1). La diferencia la marcó el clásico. Los xeneizes ganaron por 4-3 un recordado partido de local (en el que perdían 3-1 en el primer tiempo), pero también se llevaron el duelo en el Monumental por 2-0.

Lo más curioso de todo es que el grupo permitía que se clasificaran tres de los cuatro equipos. El último viaje de aquel Grupo 1 fue el de Oriente Petrolero a Buenos Aires. Perdió 3-1 con River el 2 de abril y tres días más tardes jugó con Boca. En tiempos en los que los triunfos entregaban dos puntos, se llegó a la última fecha con Bolívar líder, con 7 unidades, y los otros tres equipos segundos, con 5.

Si Boca ganaba, Oriente Petrolero quedaba eliminado y se clasificaba River. Si perdía, tenía que jugar un desempate con River por el tercer lugar. Si empataba, River quedaba eliminado. Eso pasó. “River no se clasificó porque ellos no pudieron sumar los puntos necesarios. Eso es una realidad irrefutable. Y Boca, Bolívar y Oriente Petrolero sí lo lograron”, justifica Navarro Montoya. Boca llegaría luego hasta la semifinal, en la que fue eliminado por quién luego sería campeón, Colo Colo, en otro capítulo apasionante de un certamen muy particular.

“Fue una parodia de fútbol”, fue el título de la nota que escribió Carlos Ferraro, el periodista de La Nación que cubrió Boca-Oriente Petrolero. “No recuerdo haber visto nunca más algo así. Algunos hinchas insultaban a sus jugadores cuando mostraban alguna intención de atacar”, recuerda Ferraro.

La formación de Boca que empató sin goles con Oriente Petrolero el 5 de abril de 1991. Arriba, Giunta, Moya, Marchesini, Navarro Montoya y Stafuza; abajo, Batistuta, Pico, Soñora, Graciani, Tapia y Apud
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La formación de Boca que empató sin goles con Oriente Petrolero el 5 de abril de 1991. Arriba, Giunta, Moya, Marchesini, Navarro Montoya y Stafuza; abajo, Batistuta, Pico, Soñora, Graciani, Tapia y Apud (Archivo LA NACION/)

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“Vamos xeneizeeeee, que tenemos que empatar. Las gallinas, de la Copa ya se van”

Más allá de los cantos de la hinchada, hubo un pedido directo. “Una parte de la barra, antes del partido nos habló y nos presionó para que no ganemos porque estaba River en el medio. Tener esa presión detrás, pudo haber influido. Ahora, arreglo entre los jugadores no hubo”, aclara Diego Latorre.

Los acosos de la Doce eran cosa de todos los días, como lo explica Latorre. “En ese momento no iban al vestuario, pero había llamadas continuas -explica-. En mi caso siempre en un tono amistoso. Yo era chico y tenía un trato preferencial porque era el pibe de las inferiores, el que tal vez sentía más los colores que otro (supuestamente), al que podían vender a Europa. Antes de cada superclásico a mí me llamaba el Abuelo y me decía: ‘Dieguito, el domingo hay que ganar, ¿eh?’. Yo pensaba ‘Y sí, yo también quiero ganar’. Eran llamados para dejar en claro que la barra estaba atrás, atenta a lo que hagamos. Era muy común que sucediese en ese entonces. Ese nivel de intimidación. Convivimos todo el tiempo con eso en aquella época”.

Pero pese a todo, aclara que no hubo un acuerdo con los futbolistas de Oriente Petrolero y lo explica con una anécdota. “(Oscar) Tabárez estaba fastidioso con el rendimiento del equipo. Me puso en la cancha aún cuando él quería preservarme (N. de la R.: ingresó por Graciani a falta de 17 minutos para el final). Lo que él quería era ganar el partido”. ¿Por qué necesitaba preservarlo a Latorre? Como se dijo, los visitantes viajaban para jugar dos partidos seguidos en el mismo país. Los bolivianos había jugado el martes 2 con River (que ganó 3-1). Y el duelo con Boca fue el viernes 5. Los xeneizes eran punteros del torneo local y menos de 48 horas después, el domingo 7, debían jugar con Rosario Central en Arroyito (terminó 1 a 1).

Darío Rojas, arquero de Oriente Petrolero, despeja ante la marca de Gabriel Batistuta; Boca empató sin goles, se clasificó y River quedó fuera de la Copa
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Darío Rojas, arquero de Oriente Petrolero, despeja ante la marca de Gabriel Batistuta; Boca empató sin goles, se clasificó y River quedó fuera de la Copa (Archivo LA NACION/)

Latorre continúa con su recuerdo del encuentro: “Cuando entro en el segundo tiempo hago una jugada y la pelota pega en el palo. Y escucho el fastidio de la gente porque casi hago un gol. Tenía toda la inconsciencia de un pibe de 20 años que quiere jugar y ganar siempre. Después del tiro en el palo, un compañero me dice ‘Pendejo, quédate quieto, no te muevas más’. Porque habíamos recibido el apriete. Y bueno, la verdad es que pudo haber significado algo feo si ganábamos. Era un clima raro y fue un partido raro”.

Las declaraciones de Tabárez en aquel momento confirman la versión de Latorre: “Boca jugó mal y no hay excusas. No estoy conforme con el rendimiento de los jugadores y se los dije apenas entré en el vestuario. Aunque también les dije que los comprendía. Es difícil entrar en la cancha sin una motivación. No había imperiosa necesidad de ganar, el rival no tenía la más mínima intención de jugar y había que regular energía para otros partidos. Como si esto fuera poco, todo el entorno alrededor del campo, con esa exigencia para empatar. Planteamos el partido para ganar y se los exigí porque si empatábamos iban a surgir suspicacias, pero no ocurrió nada predeterminado”.

Los integrantes del equipo de River, en esas horas se expresaban entre la bronca y la resignación. “No voy a hacer comentarios de ese tema”, dijo Daniel Passarella. Para Leonardo Astrada, alguien más tenía que dar su mirada: “Los periodistas saben si lo de Boca fue a propósito o no”. Hasta el temperamental Carlos Enrique se contuvo: “Voy a esperar un tiempo para decir lo que siento. Por ahora no quiero decir nada”. Del otro lado, Gabriel Batistuta explicó: “Quisimos ganar y no pudimos. Lo importante era clasificar y en verdad sentimos que River se haya quedado afuera”.

Con la Bombonera repleta, Boca y Oriente Petrolero empataron sin goles el 5 de abril de 1991: "Una parodia del fútbol", tituló LA NACION
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Con la Bombonera repleta, Boca y Oriente Petrolero empataron sin goles el 5 de abril de 1991: "Una parodia del fútbol", tituló LA NACION (Archivo LA NACION/)

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“¡Hay que empatar, hay que empatar, y de la Copa, River se va!”

La revista El Gráfico consultó a jugadores, entrenadores y dirigentes de todos los equipos para que dieran su opinión del partido.

No hay, en esa lista de declaraciones, una opinión más llamativa que la de un joven Marcelo Bielsa (tenía 36 años), por entonces entrenador de Newell’s, que pensaba: “No creo que haya deslealtad deportiva en el empate de Boca y Oriente Petrolero. El fútbol de los últimos años se ajusta a las necesidades. A Boca le alcanzaba un empate y ahí se quedó”. El Bielsa que recibió el premio Fair Play de la FIFA, treinta años después, probablemente, piense distinto.

También fue muy interesante el planteo de Ricardo Bochini. “Si estaban en el tema Independiente y Racing, la gente nuestra nos hubiera pedido el empate y obviamente yo hubiera ido para adelante. Pero hago una aclaración importante. Boca-River es otra cosa y yo no estoy contestando como jugador de Boca”.

Porque justamente ese fue uno de los focos del debate. ¿Qué hubieran hecho los jugadores de River y su hinchada si se le presentaba la misma situación?