Boca malogra tres de cada cuatro remates y sus defensores hacen más goles que sus delanteros

Pablo Lisotto
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Jugadores de Boca se retiran cabizbajos luego del partido con Talleres por la Copa Liga Profesional 2021
Mauro Alfieri / POOL ARGRA

Después de 257 partidos oficiales, en la noche del domingo, en su estadio y durante la derrota frente a Talleres por 2-1, Boca no pateó al arco. Lo más curioso es que -de todas maneras- anotó un gol, gracias a un cabezazo defectuoso de Michael Santos en contra de su propia valla y tras un córner ejecutado por Mauro Zárate.

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Es cierto: aunque escasos, los intentos por convertir estuvieron. Pero hay algo real: ningún remate tuvo como destino el rectángulo defendido por Guido Herrera.

El dato puede ser curioso pero desnuda el presente del equipo de la Ribera. Tan capaz de anotarle 7 goles a Vélez, el mejor equipo de la Zona 2 de la Copa de la Liga, en su estadio, como a malograr las escasas situaciones que genera.

Es más que evidente que Boca perdió el poder de fuego que supo caracterizar el inicio de este segundo ciclo de Miguel Ángel Russo. Y así lo exponen también las estadísticas. El promedio de 1,70 goles convertidos por partido que tuvo en 2020 (46 tantos en 27 juegos) se derrumbó a 1,09 en este incipiente 2021, donde marcó 12 en 11 encuentros. Al margen de este coeficiente queda el 7 a 1 al Fortín, que en comparación con lo demás parece extraído de otra época y se parece más a un espejismo en medio del desierto.

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Marcelo Endelli Pool Agencias


Ramón Ábila anotó 36 tantos en 83 partidos jugados con la camiseta de Boca (Marcelo Endelli Pool Agencias/)

Wanchope, un posible salvador

En este contexto, y como suele ocurrir ante la falta de respuestas de los que juegan, todo podría estar dado para que Ramón Ábila vuelva a tener su oportunidad en el primer equipo y responda como mejor sabe hacer: enviar la pelota a la red. El delantero se siente recuperado físicamente y pide pista, pero desde el cuerpo técnico tienen otra visión.

Como ya se contó, en medio de otro runrún de versiones, LA NACION pudo averiguar que el motivo de que Wanchope no aparezca ni siquiera en la lista de concentrados es meramente físico. Al menos eso afirman desde el cuerpo técnico. Pero lo cierto es que a más de un mes de su última actuación (la final de la Copa Maradona ante Banfield), la puesta a punto se demora.

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No hay nada raro. Como también ocurrió con Marcos Rojo, es preferible retrasar un par de semanas su retorno y que vuelva a ser citado cuando realmente esté al 100 por ciento, y no antes y que tenga una recaída”, le confiaron a este diario desde las entrañas del Consejo de Fútbol. Y amplían: “El objetivo es que llegue óptimo a mediados de abril, que es cuando arranca la Copa Libertadores”.

Por eso, y para llegar con rodaje a la competencia internacional, es muy probable que Wanchope Ábila sea titular frente a Defensores de Belgrano, el próximo miércoles, por los 16avos. de final de la Copa Argentina.

¿Qué puede aportar el exHuracán? Lo que Boca necesita: goles. El cordobés anotó 36 tantos en 83 partidos jugados y su coeficiente es de 0.43 conquistas por juego. Con esos datos le basta para ser el delantero con mejor promedio de gol de la última década, después de Darío Benedetto El Pipa cerró su etapa con la casaca azul y oro con un sorprendente 0.59 (45 goles en 76 partidos).

Mauro Zárate anotó un gol de enero de 2020 a hoy
Fotobaires


Mauro Zárate anotó un gol de enero de 2020 a hoy (Fotobaires/)

Pero la crisis goleadora trasciende a Wanchope. Desde que Russo volvió a Brandsen 805, Lisandro López y Carlos Izquierdoz convirtieron más tantos que Franco Soldano y Mauro Zárate. Fueron 3 goles de cada uno de los zagueros en 20 y 30 partidos, respectivamente, contra 2 del cordobés (en 29 encuentros) y apenas uno del exVélez, en 16 juegos.

Pero hay números que generan más preocupación que el hecho concreto de saber cómo se llama el autor de los goles. Y eso es que el equipo desaprovecha tres de cada cuatro situaciones que terminan con un remate, sea al arco o desviado).

Según datos de la empresa de estadísticas deportivas OPTA, en seis fechas de la Copa de la Liga Boca pateó 28 veces al arco, a razón de 4,6 remates por partido. Si se suman los disparos desviados, la cifra se eleva a 49. Y como solo marcó 13 goles, el porcentaje de eficacia es del 26,5%. De todos modos, se repite: el promedio es mucho más bajo si se sacan de contexto los 7 goles anotados contra Vélez, en la histórica y aislada noche en Liniers.

Existe otro factor que astilla la ilusión de que el equipo de la Ribera pueda salir a flote de una crisis futbolística que lo atraviesa desde fines de 2020. A diferencia del primer trimestre del año pasado, Russo no logra mantener a los mismos protagonistas en la titularidad. Lesiones, achaques físicos y suspensiones atentan contra esa situación ideal de poder contar la mayor cantidad de veces con un equipo igual. Porque eso es lo que genera la mecanización de acciones que derivan en la automatización de jugadas.

Más claro: si por ejemplo Sebastián Villa sabe que desborda y tira el centro para que Soldano o Ábila ganen en lo alto y para buscar el gol de cabeza, no es lo mismo que si el mismo colombiano tiene a Zárate como faro en el área. O que Gonzalo Maroni se acostumbre a jugar por abajo para asociarse con Tevez, ni que Cardona sepa, sin mirarlo, que Fabra le pasará por atrás y picará al vacío a la espera del estiletazo de su compatriota. La constante rotación de nombres perjudica la idea de juego que intenta plasmar sobre el campo el entrenador.

Me preocupa no mantener los niveles individuales partido a partido. A través de los rendimientos individuales, sostenemos lo colectivo. Si bajan, es lo que más nos cuesta”, reconoció Russo en la conferencia de prensa posterior a la derrota con Talleres.

A menos de un mes del debut en la Copa Libertadores, los partidos pasan y a Boca le cuesta encontrar con un sistema que le permita convertir con frecuencia. O, al menos, patear al arco.