En Boca no jugó la presión

El Xeneize entró a la cancha con el resultado puesto de Newell's y la urgencia de un triunfo convincente. Terminó goleando y gustando ante Arsenal.

El puntero contra el último. El más goleador contra el más goleado. Cualquier otro día, este choque entre Boca y Arsenal hubiese sido un trámite. Pero el equipo de Guillermo Barros Schelotto llegaba con dudas: dos empates con gusto a derrota y la necesidad de un triunfo convincente como local entraban indefectiblemente en un análisis que posicionaba al conjunto de Humberto Grondona ante la posibilidad, como Patronato y Atlético Rafaela, de amargar al líder.

La seguidilla de partidos accesibles que tenía el Xeneize fueron una pesadilla: lejos de alargar la ventaja sobre sus perseguidores, llegó al encuentro previo a la seguidilla crucial -ante Estudiantes, River y Newell's- con la punta compartida junto a la Lepra, que le había ganado 1-0 el sábado a Huracán. Un combo perfecto para que el Viaducto visite una Bombonera que exudaba presión.

La vuelta de Fernando Gago generaba expectativa. Una que se tradujo enseguida en el manejo de la pelota en el primer tiempo, con las libertades que le permitió el rival, y, en tan solo cinco minutos filtró un pase para que Benedetto haga el 1-0 y aliviane rápidamente el lastre. El 2-0, también del Pipa, veinte minutos después, lo confirmó. El 3-0 de Gonzalo Maroni terminó de pagar la gran deuda del 2017: ganar y conformar en casa.

Los tres puntos conseguidos ante Arsenal, tan esperables como imprescindiles, sirven para seguir en soledad en lo más alto, pero, también, para tomar una confianza que, parecía, se había perdido y que será fundamental para lo que se viene. Y es que el próximo sábado en el Único de La Plata tendrá el primer examen de los tres que deberá aprobar para quedarse con el título.