"Boca está feliz": Ameal, Riquelme y los festejos de una noche bisagra para la nueva dirigencia xeneize

Pablo Lisotto
lanacion.com

Jorge Amor Ameal sonríe. Busca con la mirada guiños cómplices en el largo pasillo que hay entre el vestuario local de la Bombonera y la salida de los jugadores y dirigentes. Pero elude a los medios. "Que hablen los muchachos. Esto es de ellos", resumió. Era un desafío grande este "torneo de siete fechas" como graficó Miguel Ángel Russo apenas asumió. Porque nadie hubiera cuestionado al nuevo DT o a la flamante Comisión Directiva si River lograba los tres puntos en Tucumán y se coronaba. Pero igual hubiera sido un desencanto.

Boca, un campeón de arremetida que mandó a River a la banquina

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Curioso el regalo que el destino le hace a Ameal. Dejó la presidencia con Boca campeón invicto en diciembre 2011 y con River en el Nacional B, y ocho años después retomó ese cargo y se consagró "campeón invicto" (al menos en su corto ciclo), sacándoselo al Millonario de las manos en la última fecha. Fueron 19 puntos de 21 posibles, en una arremetida que como premio extra se llevó puesto al mejor River de la historia. En diciembre 2008, apenas dos meses después de su primera asunción, Boca dio la vuelta olímpica y los de Núñez terminaron últimos. De no creer.

En las primeras horas de la madrugada sintió que al menos correspondía expresarse por Twitter. "Gracias al plantel, Miguel Angel Russo y su cuerpo técnico, Juan Román Riquelme, compañeros de CD y esta hinchada maravillosa. Siempre creímos que Boca podía volver a ser el club que todos queríamos. Los sueños empiezan a hacerse realidad", publicó cerca de las 2.

Se sentía en la cancha ese halo de que algo grande podía ocurrir anoche. Que después de padecer tantas veces seguidas frente al clásico rival, podía ser anoche el momento bisagra para que la rueda gire y los colores de los vencedores y los vencidos cambien.

Y el contexto acompañó. A que se alineen los planetas para que la moneda, finalmente, vuelva a caer del lado de Boca. Con tintes épicos, como la presencia de Maradona y el merecido y sentido homenaje que le hicieron los hinchas y el club. Y con el primer gran desafío de una dirigencia que ganó las elecciones hace apenas tres meses y en solo siete partidos oficiales ya puede gritar campeón.

Pero no solo para el máximo titular del club era compleja esta definición. También lo era para uno de los ídolos más grandes de la institución, que decidió bajar al llano, entrometerse en la política y exponer su grandiosa figura.

Y Juan Román Riquelme se colgó una medalla muy importante en sus primeros meses como dirigente. No solo por el campeonato obtenido. Sus méritos fueron varios, que consecuentemente condujeron al título. Sería injusto evaluarlo solo porque los de Núñez no pudieron ganarle al Decano. La pelota no entra por azar.

El primero fue la elección de Russo. Cuando varios miraban de reojo si el DT campeón de América en 2007 estaba fuerte para hacerse cargo de Boca, él no dudó y lo fue a buscar. La dupla que sumó la sexta Libertadores a las vitrinas de Brandsen 805 se unió para otro título.El otro fue la recuperación de Carlos Tevez. El Apache fue muy claro una vez que se concretó el campeonato. "Él es muy importante. Fue muy claro en la primera charla. Él también me ayudó muchísimo a encontrar a ese Carlitos. Los dos peleamos para que Boca siga siendo cada vez más grande".

No hay dudas de que el factor Riquelme fue clave. Las estadísticas dejan bien en claro que el Apache está en su mejor momento desde que regresó de China. De enero 2017 a diciembre 2018 había anotado 16 goles en 77 partidos, con un promedio de gol de 0.22 por partido. Por el contrario, en lo que va de 2020 lleva seis conquistas en siete juegos, lo que cuadruplica su coeficiente de gol por encuentro y lo lleva a 0,85. Más claro: mientras entre 2018 y 2019 marcó un gol cada 257 minutos, este año hay un festejo del Apache cada 99 minutos.

Consciente de que sería uno de los imanes de las cámaras, sólo Román sabe cómo manejó los nervios, la ansiedad y el júbilo de ganar el campeonato de la manera en que lo hizo Boca. Desde lo gestual, en su palco se mostró relajado, con el termo y el mate en sus manos, mirando en silencio lo que ocurría sobre el césped. No hubo exclamaciones, ni festejos. No hubo muecas, ni aplausos. Riquelme no festejó, ni sonrió. Simplemente se abrazó con su hermano y contempló la alegría del estadio. Internamente sabe todo el respeto que se ganó anoche.

Sus tres mosqueteros sí compartieron su alegría en la zona mixta. Marcelo Delgado se paseó muy alegre con la camiseta festiva que utilizaron los jugadores: la casaca titular, con el número 69 (por la cantidad de estrellas que posee el club de la Ribera) y el hashtag: #BocaEstáFeliz. Elegante, con camisa blanca y pantalones negros, el Patrón Jorge Bermúdez destacó: "Lo más importante es que el pueblo de Boca está feliz, el club está feliz, Juan, mi gran amigo, está feliz. Y nosotros nos sentimos identificados con estos jugadores y este cuerpo técnico. Y eso es muy grande."

Ante la consulta de LA NACION sobre qué fue lo más importante del trabajo del Departamento de Fútbol en estos tres meses, el exdefensor analizó: "Lo único que hicimos fue decir la verdad, defender el club, decirles a todos que Esto es Boca, que Boca necesita a estos guerreros, que Boca necesita este esfuerzo, que Boca merece esto. Y ¡qué lindo que lo entiendan!. Y ¡qué lindo que Carlos sea el líder!. El líder detrás de un presidente que ama a este club, que luchó muchísimo para llegar a ser presidente. Y con un vicepresidente de fútbol, que es un hombre muy inteligente. Y de todos los que estamos a su alrededor que lo único que hacemos es sumar en el día a día, para que Miguel y estos muchachos queden en la historia y que además crean que mañana es otro día y hay que seguir luchando."

Bermúdez no ahorró elogios para Riquelme: "Juan está por encima de todos los malos comentarios, de las malas intenciones y los rumores. Juan ama este club. Es mi amigo, y más que mi amigo es un hombre muy inteligente. Muy cerebral. Capaz de tener en su cabeza todo y lo más importante. Cada cosa y cada detalle para él es importante y no se le escapa. Sigo aprendiendo de él. Si de 10 era un crack, como dirigente es mucho más." El Patrón, incluso, se ilusionó: "Siento que esto puede cambiar la historia y puede ser el comienzo de muchas cosas importantes para Boca."

"Sentí una gran felicidad. Muchos recuerdos. En tan poco tiempo lograr un campeonato es muy lindo. Se vivió distinto porque se le ganó al rival de toda la vida, pero siempre es lindo", le compartió Raúl Cascini a LA NACION. Y elogió a Tevez, claro: "Nosotros hablamos mucho con Carlitos. Sabíamos dónde nos podía rendir mejor con Miguel. Se charló mucho con él y él entendió, se puso a disposición del técnico y lo está disfrutando. Es una felicidad enorme. Salir campeón es lo más lindo que hay, y en este club tenés que salir campeón siempre. Estamos rearmando un club, pero si vienen rápido los objetivos, bienvenidos sean."

En un abrir y cerrar de ojos el sábado le dio paso al domingo. Pero en los pasillos de la Bombonera, en las calles aledañas y en los bares del barrio, el tiempo parece haberse detenido. Una noche mágica le permitió al club de la Ribera desahogarse y celebrar. Otra vez, Boca está feliz.

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