Boca, un campeón que hace 90 días estaba demolido

Cristian Grosso
lanacion.com

Miguel Ángel Russo se las ingenió para restaurar a un plantel que estaba demolido el 8 de diciembre de 2019. Heredó un equipo deprimido, perjudicado por el cabaret dirigencial que precedió a las elecciones en el club y atribulado en el cierre del año por otra eliminación copera a manos de su archienemigo. Sin embargo, con algunos ajustes y pocas definiciones sabrosas, el entrenador acertó en el reposicionamiento de medio equipo: los colombianos Frank Fabra, Jorman Campuzano y Sebastián Villa, Franco Soldano, Carlos Tevez y la incorporación de Pol Fernández. Mérito de Russo: para salir de una inercia derrotista, renovó los intérpretes. Mas, Marcone, Zárate, Hurtado y Reynoso, por ejemplo, se cayeron de la línea de flotación. El italiano De Rossi se fue, Alexis Mac Allister también. La metamorfosis resultó más significativa de lo que muchos creen. Y Ábila, Marcos Díaz y Junior Alonso acudieron al rescate cada vez que el director técnico los exigió.

¿Lo ayudó el fixture a Boca? Probablemente: los siete rivales de la recta decisiva nunca estuvieron ni entre las diez primeras posiciones de la Superliga. Equipos oprimidos por los promedios, voluntariosos, es cierto, pero de rápido derrumbe ante el primer contratiempo. Adversarios que quedaron expuestos frente a la principal virtud de los xeneizes en 2020: en poco tiempo, Russo consiguió un funcionamiento que le garantizó un fuerte vínculo con el gol. En las siete últimas estaciones de la Superliga marcó 16 tantos, con un intimidante sprit final: cuatro a Central Córdoba de Santiago del Estero, tres a Godoz Cruz, otros cuatro a Colón y uno a Gimnasia. La pólvora encendió la llama de un campeón en el que pocos creían. Hace justo tres meses estaba derrumbado, esclavizado a un calvario que amenazaba con volverse perpetuo.

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