Leo Messi provoca un miedo alarmante entre sus compañeros

Albert Ortega
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Barcelona's Argentine forward Lionel Messi shoots to goal during the UEFA Champions League Group G football match between Juventus and Barcelona on October 28, 2020 at the Juventus stadium in Turin. (Photo by Marco BERTORELLO / AFP) (Photo by MARCO BERTORELLO/AFP via Getty Images)
Leonardo Bonucci tapa un disparo de Leo Messi. (Foto MARCO BERTORELLO/AFP via Getty Images)

El Barça de Ronald Koeman ha firmado el mejor partido desde que aterrizó en el banquillo del Camp Nou. Gestionado el varapalo del Clásico, el club azulgrana ha salido mandón, vertical y punzante a uno de los estadios más pomposos de la Copa de Europa. Con un ataque veloz, directo y dinámico, las ocasiones han caído como una cascada sin que el resultado se ajuste a lo visto sobre el terreno de juego. Y es que el Barça ha generado las oportunidades de gol suficientes como para sellar una victoria mucho más abultada de lo que refleja el 0-2 ante la Juventus de Turín.

¿Pero por qué no ha habido una goleada si se ha dispuesto de las oportunidades claras para ello? Para entenderlo hay que mirar hacia el epicentro del fútbol azulgrana: Leo Messi. Con Pedri ejerciendo de extremo con tendencia a irse hacia el centro, Ousmane Dembélé con todo el carril derecho por fuera, Antoine Griezmann de delantero centro muy móvil y Messi a su antojo, el Barça ha visto como el ritmo ofensivo se ha incrementado en relación a temporadas anteriores. A mayor verticalidad y velocidad en la circulación del esférico, más oportunidades de finalización para todos los atacantes. O al menos así debería haber sido.

El caso es que el temor a fallar en los metros finales ha invadido a -casi- todos los futbolistas azulgranas durante el encuentro. Que mientras Leo Messi ha intentado por activa y por pasiva aumentar su cuenta goleadora, sus compañeros le han buscado en la mayoría de ocasiones aunque haya estado rodeado de cuatro contrarios o en una situación mucho peor que la suya. Hablamos de momentos de 1vs.1, pero también de oportunidades cantadas de gol. Todos buscan a Messi. De forma obsesiva y obstinada. A pesar de no atravesar su momento más lúcido. Sin valorar que quizás ellos tienen una coyuntura más apropiada.

En este sentido, Antoine Griezmann ha abanderado la falta de confianza a la hora de definir frente al portero y jugarse las suyas, mientras que Dembélé y Pedri no se le han quedado atrás. Hablamos de un campeón del mundo con miedo a fallar. Siempre a la sombra de Messi. Lo cual no significa que no hayan hecho un gran partido, sino que la dependencia de Leo a la hora de acceder a los caminos del gol ha sido total.

Como si el ‘10’ culé fuera el poseedor de una habilidad que también ellos encuentran en su catálogo futbolístico. Y es que en estos momentos, Ansu Fati es el único delantero con la personalidad suficiente como para buscar portería aunque le caiga una bronca monumental acto seguido.

Que Leo Messi es el mejor jugador del Barça es una obviedad. Que el conjunto azulgrana ha vivido durante las últimas temporadas de sus genialidades y se ha limitado a alimentarlas en lugar de buscar alternativas, también lo es. Por eso Ronald Koeman tiene que seguir estimulando la autonomía de unos delanteros con los recursos necesarios para sumar dinamita a un equipo que se ha venido quedando muy corto en la Champions League.

La jerarquía y el estatus dentro de las plantillas hacen que las estrellas acumulen un mayor volumen de juego y de finalización. El Barça debe repartir la responsabilidad ofensiva y dar espacio a nuevos elementos atacantes. Primero para que el rival sepa que Leo no es la única amenaza con cara y ojos capaz de dañar los puntos débiles de la defensa y segundo con el objetivo de incitar a la individualidad de sus delanteros.

En un proyecto donde el técnico aún está buscando el equilibrio entre la dinamita ofensiva y la solidez en campo propio, el Barça ya ha enseñado que tiene un abanico de caminos hacia el gol. Y lo ha hecho dejando a cero disparos a puerta a la Juventus de Turín en su propia casa mientras volaba por los aires el sistema defensivo italiano. Ahora es momento de que los jóvenes tiren la puerta abajo.

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