El modelo Koeman: un folio que se parte en dos

Albert Ortega
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Dynamo Kiev's Polish defender Tomasz Kedziora (R) heads the ball during the UEFA Champions League group G football match between Barcelona and Dynamo Kiev at the Camp Nou stadium in Barcelona, on November 4, 2020. (Photo by LLUIS GENE / AFP) (Photo by LLUIS GENE/AFP via Getty Images)
El Dinamo de Kiev busca recortar distancias ante la atenta mirada de Marc-André ter Stegen. (Foto LLUIS GENE/AFP via Getty Images)

Un Barça de papel. Transparente, pálido y fácil de atravesar al aplicar una fuerza mínima. El equipo de Ronald Koeman ha vuelto a evidenciar que arrastra una serie de debilidades estructurales defensivas inconcebibles para un conjunto que pretende colarse entre los mejores de Europa. Tanto es así, que Marc-André ter Stegen fue el azulgrana más destacado a pesar de enfrentarse ante un Dinamo de Kiev con 13 bajas entre sus filas. Nada que rescatar si no fuera por un recital bajo palos del guardameta alemán. Este Barça, hoy por hoy, no transmite sensaciones positivas.

Que el técnico neerlandés busca imprimir un ritmo alto para favorecer las ocasiones de gol es tan cierto como que por el camino se ha olvidado de pensar en lo que pasa después. O mejor dicho, en qué sucede si su equipo es incapaz de transformar ese torrente de oportunidades en tantos. La falta de determinación en el área rival está propiciando que los partidos del Barça se conviertan en una ruleta rusa. Especialmente desde que Leo Messi no está mostrando el mismo grado de determinación que le encumbró entre los mejores de la historia.

Y aquí está la clave de todo. Al Barça no le compensa este modelo de juego. No cuando la distancia entre jugadores y entre sus propias líneas defensivas es tan enorme que el rival, sin importar su calidad individual, puede salir fácil al contragolpe después de hacerse con el esférico y poner en jaque al que debería ser uno de las entidades más temidas del viejo continente. No es cuestión de intensidad. El Barça corre y corre pero lo hace hacia atrás mientras el equipo se parte en dos tan sencillamente como un folio.

Repliegue defensivo del Barça.
El Barça afronta una situación de 5vs4 en inferioridad numérica ante el contragolpe del Dinamo de Kiev.
Repliegue defensivo del Barça.
El Barça vuelve a sufrir en un repliegue defensivo.
Repliegue defensivo del Barça.
Los azulgranas vacían el centro del campo y se parten en dos bloques.
Repliegue defensivo del Barça.
De nuevo, los jugadores visitantes aprovechan la distancia entre líneas para coger al FCB desubicado.

Lo ha dicho Gerard Piqué tras el pitido final “Hemos estado descontrolados, intranquilos y sin el control del partido. Hemos estado descoordinados en la presión”. Y es que los futbolistas azulgranas saltan a por el poseedor rival de manera individual. La plantilla no se apoya en la fortaleza colectiva para tratar de taponar un problema coral. Porque se puede apuntar a que el experimento de Frenkie de Jong como tercer centrocampista y central falló, que Sergio Busquets sufre en un sistema que vacía la zona central o que Jordi Alba aún no está lo suficientemente bien físicamente para corregir corriendo hacia su propia portería, pero el caso es que aislar al individuo de la estructura es caer en el error.

La indefinición futbolística azota a un Barça incapaz de ajustar en la presión post-pérdida. Con un balance defensivo deficiente y anticompetitivo por momentos, Koeman trata de esconder la nula aportación defensiva de Leo Messi. Y es que cuando el argentino pierde el balón, acostumbra a desentenderse pese a que tenga al rival a un metro. Quizás esto compensaba cuando marcaba en cada encuentro y decidía partidos, pero el Messi más terrenal no puede permitirse el lujo de no participar en una fase del juego tan decisiva.

El vacío en la zona derecha ha sido una vía de escape constante para los ucranianos que han visto como poco a poco el nivel era más similar de lo que se barruntaban en un principio. El Barça le sigue dando a Messi toda la libertad que quiere para hacer y deshacer jugadas. Parte de la derecha y acaba por dentro. Se queda como segundo delantero y no presiona. Se mueve por todo el frente de ataque, pero no determina el rumbo del partido, al menos en el electrónico. Nadie compensa a un Messi que se encuentra en uno de sus peores momentos en la última década.

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