Los bandoleros conocidos como ‘los Niños de Guadix’ que la Guardia Civil acabó carbonizando

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El bandolerismo estuvo muy en auge en España durante los siglos XVIII y XIX, aunque su origen se remonta al XV, en el que se tiene constancia de la existencia desde entonces de varias bandas de asaltadores de caminos.

(imágenes vía granadahoy / museobandolero)
(imágenes vía granadahoy / museobandolero)

Fue a partir de la creación del cuerpo de la Guardia Civil (en 1844) cuando el número de bandoleros descendió drásticamente, gracias a la eficacia de este cuerpo benemérito que tuvo una importante presencia en las zonas rurales donde solían actuar o esconderse los delincuentes.

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Hacia el último cuarto del siglo XIX el número de bandidos y asaltadores de caminos era prácticamente testimonial y las pocas bandas que todavía existían se movían por los montes y caminos de Andalucía.

Uno de los últimos grupos de bandoleros creados fue el conocido como ‘los Niños de Guadix’, compuesto por media docena de delincuentes que se conocieron en prisión y en 1880, tras escaparse, decidieron unirse y formar una banda con la que asaltar y robar a quienes transitaran por los caminos próximos a los montes de la granadina población de Guadix.

Un hecho a destacar es que ninguno de los integrantes de la banda era un niño, teniendo el más joven 20 años de edad, dos de ellos 26, otro cerca de los 30 y un par superaban los 40.

Los historiadores dan dos posibles razones por la que podrían haber sido bautizados como ‘los Niños de Guadix’. La primera señala que, posiblemente, habría sido debido a que dos de sus componentes y líderes de la banda (Rafael Olivencia Cárdenas y Juan Vázquez Sierra) habían sido delincuentes juveniles y desde muy corta edad se habían dedicado a delinquir (aunque cada uno por su lado). La otra hipótesis es que recibieron tal apodo debido a que en la memoria colectiva e histórica de Andalucía todavía se nombraba muy a menudo de la célebre banda 'los siete niños de Écija' (estos sí eran niños) que entre 1814 y 1818 asaltaron a quienes transitaron en la carretera entre Sevilla y Córdoba y entre sus miembros incluso hubo uno que era hijo de una familia perteneciente a la nobleza.

Sea cual fuere el motivo por el que los seis miembros de la banda de ‘los Niños de Guadix’ fueron apodados así, lo que sí se sabe es que no eran unos bandoleros convencionales y no se dedicaban a hacer aquello de ‘robar a los ricos para dárselo a los pobres’ que tanto distinguió al bandolerismo de épocas pasadas.

Esta cuadrilla de delincuentes no tuvo demasiados miramientos a la hora de escoger a sus víctimas, siendo numerosas las personas humildes a las que se les robó lo poco que llevaban encima (sobre todo cuando se dirigían al mercado o alguna feria de ganado).

También destacaron por ser camorristas y dedicarse a destrozar e incendiar algunas propiedades privadas (cortijos), lo que provocó que muchos fuesen quienes no considerasen a estos como bandoleros sino como simples criminales o delincuentes.

Tan solo tuvo un año de vida la banda de ‘los Niños de Guadix’, cayendo rápidamente cuatro de los integrantes y siendo los más conocido Rafael Olivencia Cárdenas y Juan Vázquez Sierra, quienes también fueron conocidos como ‘la partida de Sierra y Olivencia’ y algunas sean las crónicas de la época en las que aparecen nombrados de ese modo.

En sus últimos meses como bandoleros, Olivenza y Sierra destacaron más como camorristas que por otro tipos de delitos, aunque entre sus fechorías hubo un importante número de robos a mano armada e incluso agresiones con palizas y navajazos entre ellos a un guarda local de la pequeña población de Fonelas (situada en el noroeste de la comarca de Guadix) o el robar el dinero guardado en la sacristía de la iglesia de la localidad de Lugros, tras haber sido atendidos y alimentados por el cura de dicha parroquia.

Uno de los hechos sorprendentes de Olivenza y Sierra fue el protagonizado en las navidades de 1880, cuando salieron de su escondite (que solía ser en cortijos en las afueras de Guadix) y se dirigieron hasta la casa-cuartel de la Guardia Civil, donde, acompañados de una guitarra, cantaron coplas y villancicos con letras dedicadas al comandante al mando.

Esto enfureció a los miembros de la benemérita, dando orden de busca y captura de los bandoleros.

No fue hasta cuatro meses más tarde (el 3 de abril de 1881) cuando se les localizó en un cortijo de la cercana localidad de ‘La Peza’, lugar que utilizaban de escondite.

 Una dotación de la Guardia Civil se desplazó hacia allí y durante varias horas hubo un intercambio de tiros, falleciendo en acto de servicio el agente Agapito Cilera, algo que enfureció al capitán al mando de la operación quien, tras conseguir que pudiesen salir de la vivienda el cortijero junto a su esposa embrazada y cinco hijos, ordenó a sus hombres echar petróleo por el tejado y paredes con el fin de provocar un incendio que haría salir a los bandoleros de su escondite.

Pero el pronóstico del capitán Tafalla no fue acertado, siendo tal las llamas del incendio que devastó en poco tiempo el cortijo, falleciendo carbonizados Rafael Olivencia Cárdenas y Juan Vázquez Sierra, los dos últimos bandoleros miembros de ‘los Niños de Guadix’.

Fuentes de consulta e imágenes: ideal / granadahoy / museobandolero

 

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