Ascendió Platense: el Calamar celebra la vuelta a la primera división después de 22 años

Ariel Ruya
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"Que 20 años no es nada", cantaba Carlos Gardel en Volver, un tango que le gana al tiempo. Tal vez, inspirado en esas letras, en algún lugar del universo, el Polaco Goyeneche debe lanzar una carcajada, con su voz temblorosa, al cambiar un número de la cita textual. Que 22 años no son nada. Platense, el querible club de Saavedra, el pequeño gran club de Vicente López, vuelve a primera división. Si existieran los tangos joviales, optimistas, es un día ideal para escribirlo, para sentirlo desde las entrañas. Y con el mismo título. El Calamar, el Tense, el Marrón, al fin, pisó tierra firme, como aquellos buenos viejos tiempos.

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El triunfo por penales (4-2) sobre Estudiantes, de Río Cuarto, que perdió dos finales en poco más de 15 días, es el prólogo del regreso a las fuentes. De David Trezeguet a Marcelo Espina, de Gonzalo Bergessio a Eduardo Coudet, de Daniel Vega a Claudio Spontón, emblemas del ayer a los testigos de hoy, protagonistas del ascenso que esperó como si fuera una vida entera. Bajo el ojo clínico de Juan Manuel Llop, un entrenador todo terreno y un grupo de valientes sin cotización superlativa en las grandes ligas (Mauro Bogado, Facundo Curuchet, Hernán Lamberti), recuperaron el bronce de una barriada colorida, de un lado y del otro de la avenida General Paz. Platense no divide fronteras entre Capital y Provincia: las une.

Sin embargo, el gran hombre es Jorge De Olivera, el arquero de 38 años que en 2017 regresó a la Argentina para tirarse de cabeza en las profundidades del Calamar, equipo que jugaba en la Primera B. Fue el hombre de la extraordinaria campaña del campeón, título que selló al derrotar por 1 a 0 a Estudiantes de Buenos Aires, en el desempate, luego de ocho años de ostracismo. De Olivera, además de ser recordado por ascender a la Primera B Nacional (hoy, Primera Nacional), quedó envuelto en la historia grande por ser el arquero con la serie más extensa de minutos sin recibir goles, con 726.

"Hemos instalado que la idea desde el primer día era ascender y en eso daríamos todo lo humanamente posible para lograrlo. Nunca vivimos con presión, lo tratamos con tranquilidad y sin que nos traicione lo emocional. Los referentes del plantel son importantes, como en todos los grupos, manejan los tiempos y sabían que podemos entrar en la historia. La gloria eterna es lo más importante que le puede pasar al futbolista", contaba Chocho, un par de días atrás. Y así fue. Para Platense, volver es algo así como la gloria eterna.

La nostalgia atrapó a Platense en las últimas décadas de sus pujantes 115 años. Los grandes se lo contaban a los pequeños, que en los últimos días invadieron de marrón las calles del norte de la Ciudad, de Florida y aledaños, de casas bajas y silencios desgarradores. Hasta hoy, hasta esta noche: ya no hay que contar cuentos de leyendas de un tiempo que fue hermoso. Más de 70 años de su historia fueron caminadas en puntas de pie en primera, por eso ocupa el decimosexto lugar de una tabla histórica, con más de 2000 partidos en la máxima categoría.

El camino de la reconstrucción es uno de los pilares de los últimos años: Platense había quedado en la calle, en el fútbol, en la tesorería, en todos los rubros. Un caso testigo es el básquetbol, que compite en la Liga nacional, un símbolo de su crecimiento. En junio de 2019, se consagró campeón de la Liga Argentina tras vencer a San Isidro por 81 a 60, en el quinto juego de la serie final y se instaló en la Liga Nacional por primera vez en su historia. No es casualidad: es una apuesta a largo plazo.

El fútbol tomó esa enseñanza. Llop asumió en marzo de 2020, cuando la pandemia comenzó a tomar una forma peligrosa. Buena parte de su trabajo fue por Zoom, charlas virtuales casi sin conocer al jugador. Sin embargo, el plan tomó forma, respaldado en una cabeza refrescante, apartada por la melancolía de ya no ser. Contaba el DT: "Platense está organizado, ordenado, con dirigentes muy involucrados en lo que respecta al plantel profesional, con mucho diálogo, tanto con nosotros como con los jugadores. Está todo muy bien delineado, como se dice habitualmente, están cómodas las tres patas. Esa relación que tienen los dirigentes con los jugadores es muy buena".

La Zona A la dejó en las alturas, con 13 puntos, al igual que el adversario cordobés, al que acaba de vencer. El triunfo por 8 a 7 por penales frente a Riestra (luego de empatar sin goles) y la victoria por 2 a 0 sobre Atlético de Rafaela representan las últimas imágenes de un grupo que ahora no puede parar de llorar en el vacío y enorme Parque Independencia. El plan es añejo: la última vez que Platense perdió un partido fue. el 10 de marzo de 2020, un 0-1 contra Deportivo Madryn, por la Copa Argentina.

Se acabaron los dolores de un cuerpo demasiado herido. ¡22 años! El Polaco canta Volver, con su voz quebrada, desde la populosa tribuna local y hacia el más allá.