"No me arrepiento de cambiar la NBA por los Panamericanos": Oscar Schmidt

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Sao Paulo, 24 jul (EFE).- Oscar Schmidt, el mayor ídolo del baloncesto brasileño, no se arrepiente de haber rechazado una oferta para jugar en la NBA por militar en la selección de su país, que posteriormente conquistó la única medalla de oro en Juegos Panamericanos, los de Indianópolis en 1987.

Oscar lideró la victoria que parecía imposible, por 115-120 sobre Estados Unidos.

En la época, los jugadores que militaban en la NBA no eran autorizados a jugar en Juegos Panamericanos y Olímpicos. Oscar, que desarrollaba su carrera en clubes de Italia y España, optó por reforzar a su selección.

A los 61 años y después de superar un tumor cerebral, Oscar se dedica a dictar conferencias de motivación personal en empresas, una actividad que asumió tras su retirada en 2003.

PREGUNTA: ¿Se arrepiente de haber rechazado la NBA por jugar con Brasil en los Panamericanos y los Olímpicos?

RESPUESTA: Fue una decisión que yo nunca cambiaría. Fue la decisión más fácil que ya tomé en mi vida. Competir por la selección es la cosa más noble que existe, es diferente. Es representar a un país entero y eso es mucho mejor que jugar en la NBA.

En la NBA te vuelves rico, pero en la selección serás famoso y las personas se quitan el sombrero delante de ti cuando ganas. Eso no tiene precio. Uno jugaba gratis. Yo terminaba la temporada entera en Italia y venía a la selección para jugar gratis.

Tuve propuestas, pero preferí no jugar en la NBA. El solo hecho de jugar en la NBA no significa que el jugador que está allá sea un fenómeno, porque hay jugadores pésimos en la NBA. Es una pena que lo que más incentiva es la NBA y en mi época tuve que escoger. Ahora los Panamericanos son bien menos.

P: ¿Qué significó esa victoria en su vida personal y deportiva?

R: Fue un marco en mi vida. Nosotros no esperábamos ganar allá. Nos exaltamos en el segundo tiempo y comenzamos a acertar y pasamos por encima.

La organización no tenía el himno brasileño y tuvieron que salir corriendo para pedirlo prestado en las canchas de fútbol, donde sí esperaban que Brasil fuese campeón. El champán enorme que bebimos fue nuestro utilero que la robó del vestuario estadounidense.

Media docena de brasileños hicieron más alboroto que la hinchada estadounidense. Fue un día especial que no cambiaría por ningún otro.

A nosotros nos faltó solo ganar un Mundial y unos Olímpicos, porque teníamos condiciones y equipo para ganar los dos, jugábamos de igual para igual con cualquier equipo del planeta. Por eso es muy difícil de sustituir una generación exitosa, como le está pasando ahora a Argentina.

P: ¿Cómo ha sido su profesión después de dejar el baloncesto?

R: No terminé rico y no me gradué, porque en mi tercer año de universidad me fui a jugar a Europa y estuve allá trece años. Es muy duro para uno dejar de jugar, porque es morir dos veces. En mi primera conferencia, que era para 8.000 personas en el coliseo del Corinthians, club en el que jugué también, no tenía preparado nada, pero a todo el mundo le gustó (risas).

P: ¿Qué le depara el futuro al baloncesto brasileño?

R: Llevamos un período largo de falta de éxitos, pero estoy optimista en que el baloncesto brasileño vuelva a tener el respeto que merece. Brasil adora el baloncesto y el pueblo siente la falta del baloncesto. Falta lo simple, es sólo ponerse al frente de una favela y ver quién entra y sale y seguro vamos a encontrar gente de talla y grandes talentos perdidos.

Waldheim García Montoya

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