Argentina-Uruguay. El 1x1 de la selección: un equipo parejo y las manos flojas de Andrada

Ariel Ruya
lanacion.com

En el tiempo adicionado, la Argentina rescató un empate, un inesperado 2-2 contra Uruguay, en un amistoso jugado en Israel. Más allá de la aceptable actuación, del cabezazo de Agüero y el penal de Messi, el seleccionado se respaldó en tareas correctas -no brilló ninguno, ni las figuras de siempre ni los que son parte de la renovación-, pero hubo una sorpresa mayúscula. Esteban Andrada, el arquero de Boca, tuvo una tarea decepcionante.

Esteban Andrada (3): suele ser una figura estelar en Boca y en el seleccionado. Sin embargo, esta vez fue una decepción. Tuvo responsabilidad en los goles: en el primero, marcado por Cavani, fue compartido por una floja respuesta de toda la defensa; el segundo, reaccionó mal (y tarde) al débil tiro libre de Suárez.

Renzo Saravia (5): entusiasta en el momento de atacar, con las mismas dificultades -que se repiten en el tiempo-, a la hora de la marca y el retroceso. El lateral derecho es un puesto que todavía no tiene dueño.

Nicolás Otamendi (5): voz de mando, personalidad a prueba de clásicos, pero ciertos deslices que el seleccionado no puede permitir. Uruguay atacó poco, pero cada vez que se ubicó entre los zagueros, provocó dudas.

Germán Pezzella (5): un defensor consolidado en el exterior, que ofrece seguridad y dudas en partes iguales con la camiseta nacional. Tiene condiciones y futuro, pero en determinados momentos muestra inseguridad.

Nicolás Tagliafico (6): fue uno de los responsables del primer gol de Uruguay, una reacción tardía de toda la defensa, pero cuando se afirmó, mostró una versión aceptable. Sobre todo, cuando supera la mitad de la cancha.

Rodrigo De Paul (5): despliegue que no siempre acaba en una acción de peligro, sustentable. Es pícaro, sabe jugar en el roce, es útil en lo táctico y entiende la idea de Scaloni, pero no suele terminar bien las jugadas.

Leandro Paredes (5): el DT encontró su numero cinco, el volante central del nuevo tiempo, retirado Javier Mascherano. Tiene clase, garra y pelota parada. Pero un defecto lo persigue: suma infracciones de un modo exagerado.

Marcos Acuña (6): sin ser un jugador que explote la habilidad ni el criterio, tiene una virtud que es imprescindible en estos tiempos: el vértigo. Imprime ganas y velocidad por el sector izquierdo, provoca peligro.

Lionel Messi (6): empezó con ímpetu, se fue apagando con el transcurrir del tiempo. Jugó de enganche y arrancó por el sector derecho, a pura gambeta. Discutió con Cavani, le dio la asistencia a Agüero y, de penal, selló el 2-2.

Paulo Dybala (4): actuó en una suerte de falso número 9, incómodo en buena parte del desarrollo, se asoció poco con Messi y Agüero. Marcó un tanto que fue anulado, un derechazo, luego de que la pelota tocara en su brazo.

Sergio Agüero (6): no se sintió del todo cómodo en el sector izquierdo, más allá de algunas asociaciones con Messi, como en el gol, que marcó de cabeza. Pero tuvo inspiración y demostró que se mantiene vigente.

Nicolás Domínguez (6): ingresó por un extenuado Acuña, con la misión de restablecer el orden en el mediocampo. Y lo logró. Se siente cómodo con las figuras consagradas, es un proyecto de selección a largo plazo.

Lautaro Martínez: tuvo poco juego y participación. Fue parte de la confusión del final, cuando la Argentina perdió la brújula, pero empató.

Nicolás González: es una pieza sorpresiva, sostenida por Scaloni, que de a poco confirma que tiene personalidad y proyección. Buscó, lo que no es poco.

Guido Rodríguez: actuó un puñado de minutos, no tuvo incidencia en el juego. Es otra de las caras a las que suele recurrir el entrenador.

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