Argentina-Paraguay. Lo Celso y González no iban a jugar y resultaron la conexión inesperada

Ariel Ruya
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Las historias inesperadas son las más atractivas, las que escapan del molde, las que se recuerdan para siempre. Protagonistas que eran actores secundarios, que se escondían detrás de las luces de otros y que por un golpe de fortuna -o un sacudón inesperado, que mueve la estructura, que a primera vista se parece a un tormento- se suben al tren en el último vagón y, desde allí, caminan siempre hacia la conducción. Nicolás González es un auténtico desconocido. Tiene 22 años, juega en Stuttgart, un equipo de mitad de tabla de la Bundesliga; era una promesa de Argentinos Juniors, un número 9 reconvertido en volante, sobre todo, por el sector izquierdo.

Un paso en falso

Giovani Lo Celso es un volante reconocido, más allá de que a los 24 años no siempre es titular en Tottenham, el equipo que dirige el inefable Mourinho. González era un pibe con sueños de grandeza cuando Lo Celso fue parte del traumático Mundial de Rusia, en el que el lógico socio de Lionel Messi no actuó ni un minuto. Todo un misterio. Es un número cinco con más pincel que ladrillo. Juega y, de vez en cuando, marca.

La sorpresiva sociedad, en el 1-1

El 1 a 1 de ArgentinaTiro de esquina de Lo Celso y cabezazo de González: el 1-1 para Argentina

No fue titular, tampoco lo iba a ser González, que hizo un cambio brusco de personalidad. Pasó de centro delantero a lateral izquierdo. La selección lo vale: hay intérpretes, sobre todo los menos arropados, que son capaces de ir al arco con tal de defender la guardia alta del equipo de todos. Así, fueron cómplices de la tímida reacción del equipo nacional en el duro examen frente a Paraguay, por la tercera fecha de las eliminatorias, en la Bombonera.

Las polémicas en la Bombonera

Nicolás Tagliafico, un imprescindible en los últimos tiempos de selección, se presentó en Ezeiza con diversas molestias físicas derivadas de la aventura de Ajax entre el torneo doméstico y la Champions League. Dos horas antes del encuentro, quedó al margen. Como tampoco está Marcos Acuña (otro lesionado), el equipo nacional se quedó huérfano de laterales por el sector izquierdo. Y entonces apareció el González llevado en una primera instancia por Fernando Batista, en el Sub 23 y, más tarde, por Lionel Scaloni, que le agrada jugar fuerte. Patear el tablero.

El joven surgido en Argentinos se siente cómodo por el sector izquierdo. ¿Pero tan atrás? Tuvo algunos problemas en la marca, pero fue útil en la proyección y saltó más que ningún otro en el final del primer capítulo, para sellar el 1-1, luego de un córner de Lo Celso.

Como su colega inesperado sobre el campo de juego, el jugador nacido en Rosario no iba a jugar. Y no fue titular. Ingresó a los 30 minutos del primer tiempo por Exequiel Palacios, lesionado por una dura acción de Angel Romero que le provocó algo más que una molestia física. A partir de allí, la Argentina cambió un poco su fisonomía, atrapado por la fortaleza física guaraní y una planificación táctica inapelable. Con su zurda escribió los mejores párrafos en el silencio de la Bombonera. Fueron gritos de claridad en un equipo aturdido.

En el tramo final, González siguió acorralado en el sector izquierdo, menos incómodo, pero sin oficio. Le cometió una infracción a Angel Romero en el prólogo de la elaboración de la mejor jugada de la noche, que acabó con el gol de Messi, luego de una asistencia de Lo Celso. El VAR, de modo correcto, anuló el festejo. De a ratos, González se convirtió en wing y Lo Celso se mantuvo con la tónica de la que ingresó: ser el cerebro de un equipo que se despertaba y adormecía.

Para el joven entrenador, son dos indispensables, cada uno en lo suyo. Lo Celso puede -debe- ser un jugador de primera clase, más allá de que el despliegue de Palacios -el juego, el quite- suele ser una tentación. Es uno de los buenos. Por eso, alguna vez Scaloni dijo: "Quiero que los mejores den lo que tienen que dar cuando jueguen con Messi. Lo Celso es uno de los mejores, es evidente. Tendrá que demostrarlo en la cancha cuando también esté Leo. La ilusión es que se asocien como en los entrenamientos, que se sientan cómodos también en los partidos". Sin embargo, es una sociedad que explota muy de vez en cuando.

"Tiene condiciones para hacer la banda. Tiene gol, centro... Es un jugador interesante. Puede ser una linda aparición. Esperemos que le vaya bien", admitía el DT de González, al que solía correrlo a la derecha, para explotar la pierna izquierda, la más hábil. Largos años atrás, cuenta la historia que Fernando Batista, en la Paternal, lo conocía de memoria, pero lo protegía de los excesos: casi no lo ponía. "Él me decía que me estaba cuidando para que yo la rompiera después... Es que hacía un esfuerzo muy grande para ir a entrenar, me tomaba cuatro colectivos de Escobar, como tres horas de viaje. para después no jugar", asumía.

Con el tiempo, el entrenador se convirtió en un formador de selección y lo citó para el Sub 23. Antes, había sido parte de la exitosa aventura en los Juegos Panamericanos de Lima. Lionel Scaloni lo convirtió en el 31° debutante en el equipo nacional. Fue el 69° convocado del ciclo y el 36° citado por primera vez.

Dos zurdos. Dos historias de superación escondidas en el híbrido espectáculo en la desolada Bombonera.