Arabia Saudita considera postularse como anfitrión de la Copa del Mundo de 2030

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Nada está descartado. Ni la oferta para comprar uno de los clubes de fútbol más grandes de Inglaterra. Ni las ofertas generosas por los multimillonarios paquetes de transmisión. Ni siquiera una improbable propuesta para asegurar los derechos de ser la sede de la Copa del Mundo de 2030.

A medida que Arabia Saudita se propone abrirse camino hacia la cima del fútbol mundial, el centro de esos esfuerzos es un intento por conseguir el premio más grande del deporte. Para lograr su objetivo, Arabia Saudita contrató a Boston Consulting Group para analizar cómo podría obtener el derecho a organizar el torneo cuatrienal, uno de los eventos deportivos más vistos, solo ocho años después de que Catar se convierta en el primer país de Oriente Medio en organizar el evento.

A otros consultores occidentales se les ha pedido que ayuden con el proyecto, según uno de los asesores que explora la viabilidad de una propuesta saudita para ser la sede del Mundial de fútbol, y reconoce que se requerirán “ideas originales”, incluido, posiblemente, un acuerdo para compartir los derechos de ser la sede con un socio europeo. Y a pesar de la creciente influencia de Arabia Saudita en el fútbol, la oferta, particularmente en su forma actual, se considera una remota posibilidad.

Un portavoz de Boston Consulting Group, aludiendo a la política de la empresa, declinó hacer comentarios.

Rápidamente, los deportes se han convertido en un pilar central del programa Visión 2030 de Arabia Saudita, un esfuerzo estratégico para alejar a la nación de la dependencia del petróleo, pero más recientemente, el país está haciendo un esfuerzo concertado entre bastidores para unirse a su rival regional Catar como un poderoso intermediario en el fútbol.

El éxito de la estrategia ha sido desigual. Arabia Saudita atrajo a las ligas de Italia y España y se firmaron contratos lucrativos para llevar finales de las copas nacionales al país. Pero los esfuerzos, respaldados por su fondo soberano, para adquirir un club de la Liga Premier inglesa y los derechos de transmisión de la Liga de Campeones han fracasado hasta ahora.

Independientemente de los resultados, su ambición permanece desbocada. Arabia Saudita está decidida a pelear por todas las propiedades importantes del fútbol, y en el centro de esos esfuerzos más recientes está la Copa del Mundo.

Durante mucho tiempo, grupos de derechos humanos se han opuesto a la realización de eventos deportivos importantes en Arabia Saudita, especialmente desde que el país fue acusado de complicidad en el asesinato del periodista saudita Jamal Khashoggi en 2018.

Pero quizás la dificultad más urgente para llevar una Copa del Mundo a Arabia Saudita sea de carácter técnico. Dado que Catar organizará la primera Copa del Mundo del Medio Oriente el próximo invierno, cualquier candidatura de Arabia Saudita requeriría que el órgano rector del fútbol mundial, la FIFA, que dirige el torneo, cambie su política de rotación continental para que el evento vuelva a la región.

Una opción que se está considerando es aliarse con una importante nación europea que también espera albergar la Copa del Mundo. Hasta ahora, únicamente el Reino Unido y una asociación entre Portugal y España, un país cuya federación de fútbol ha forjado estrechos vínculos con Arabia Saudita, han anunciado públicamente sus intenciones de ingresar al proceso de licitación. Italia, otro de los aliados sauditas en el fútbol, también está considerando una oferta para albergar el evento por primera vez desde 1990.

Una oferta intercontinental de este tipo también requeriría un cambio de política de la FIFA, que nunca ha organizado un torneo en dos continentes. La Copa del Mundo de 2002 fue compartida por los vecinos asiáticos, Japón y Corea del Sur. Y la competencia conjunta de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá será la primera vez que la Copa del Mundo, que para entonces se habrá expandido de 32 a 48 equipos, se disputará en tres países.

Para que una candidatura saudita tenga éxito, los organizadores, una vez más, podrían tener que ser persuadidos a cambiar las fechas del torneo de su ventana tradicional de junio y julio a una entre noviembre y diciembre para tomar en consideración el cálido clima en el golfo. El calendario mundial del fútbol tuvo que cambiarse para garantizar que Catar pudiera organizar el torneo de manera segura y las ligas europeas cuyos calendarios cambiarían podrían estar reacias a repetir la interrupción.

Sin embargo, las esperanzas de Arabia Saudita se ven favorecidas por el estrecho vínculo del país con la FIFA y su presidente, Gianni Infantino, quien recientemente recibió críticas de grupos de derechos humanos después de desempeñar un rol protagónico en un video promocional para el Ministerio de Deportes saudita.

A pesar de su generosidad, Arabia Saudita también necesita reconstruir puentes con una economía del fútbol que aún sufre los efectos de una sofisticada red de televisión pirata con sede en ese país que durante años robó miles de millones de dólares en contenido deportivo, lo rempaquetó y lo vendió a suscriptores en Arabia Saudita. La FIFA, así como también las principales competiciones, como la Liga Premier de Inglaterra y la Liga española, no pudieron presentar demandas legales en Arabia Saudita para protestar contra la piratería.

La cadena que retransmitió los partidos robados, BeoutQ, formada durante una disputa regional con Catar, ahora está fuera del aire. Y aunque el conflicto con Catar se ha resuelto en gran medida, beIN, la estación deportiva catarí, sigue prohibida en Arabia Saudita. Eso significa que la única forma en que los fanáticos sauditas del fútbol podrán ver el Campeonato Europeo de fútbol de este verano, y un evento paralelo en América del Sur, será a través de transmisiones ilegales.

El miércoles, el órgano rector del fútbol europeo rechazó una oferta saudita de alrededor de 600 millones de dólares por transmitir la Liga de Campeones a nivel regional, prefiriendo quedarse con su socio actual, beIN.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

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