La sombra de las apuestas ilegales llega también a Roland Garros

Guillermo Ortiz
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PARIS, FRANCE - OCTOBER 02: Casper Ruud of Norway reacts during his Men's Singles third round match against Dominic Thiem of Austria on day six of the 2020 French Open at Roland Garros on October 02, 2020 in Paris, France. (Photo by Clive Brunskill/Getty Images)
Photo by Clive Brunskill/Getty Images

El 23 de enero de 2018, el Movistar Estudiantes recibía en su exilio de Torrejón al Bayreuth alemán. Una victoria del equipo madrileño le clasificaba para la siguiente ronda de la Basketball Champions League. El partido pintaba claro para los locales y así lo debieron de ver numerosos espectadores, siguiendo la lógica “siempre gana el que se juega algo”. Hubo un momento en el que, efectivamente, pareció que el partido iba a ser un paseo, pero con el Estudiantes de por medio siempre hay que esperar complicaciones y lo que era una cómoda ventaja de trece puntos en el segundo cuarto y una iniciativa de cuatro-cinco puntos en el último período derivó en un parcial de 0-11 para los alemanes, que se llevaron una inesperada victoria.

Inmediatamente, las redes sociales del club del Ramiro de Maeztu se llenaron de mensajes. No es lo habitual y no se trataba de aficionados desolados por el mal final de su equipo... sino de apostadores decepcionados, llamándoles inútiles, amenazando a todo el mundo e incluso dejando para el recuerdo un deseo tan espantoso que ha acabado quedando en el imaginario cómico del equipo: “Chapecoense to you”, les deseó un cariñoso apostador en referencia al accidente de avión en el que murió la práctica totalidad del equipo brasileño de fútbol. No sería la última vez: hace apenas cuatro semanas, el Estudiantes jugaba contra el Iberostar Tenerife un amistoso sin público que tuvo que suspenderse por la gravísima lesión de Dejan Todorovic. De nuevo, catarata de mensajes desde el extranjero. ¿De ánimo para el jugador? No, criticando que no se acabara el partido y no hubieran podido cobrar.

Las apuestas y los amaños llevan siendo parte del deporte profesional y aficionado casi desde su fundación. Los casos en el baloncesto universitario estadounidense datan de décadas atrás y es imposible olvidar el caso del árbitro Tim Donaghy, ludópata con deudas inmensas, que tuvo que arreglar con la mafia varios partidos ajustados. Hablamos de hace quince años, no más. Ahora bien, la proliferación de casas de apuestas por todos lados, su publicidad constante, el innegable atractivo que ofrecen con la satisfacción inmediata en forma de dinero e incluso la propia esponsorización de varios clubes de todos los deportes, ha hecho que la cosa empeore.

Declan Hill, en su libro “The Fix” ya contaba cómo se podía amañar incluso un partido del Mundial 2006, pero la cosa es aún peor en los deportes individuales, donde los jugadores siempre están bajo sospecha y amenaza. Que es más lucrativo venderse a una mafia en un challenger que ganar el propio challenger o el torneo ITF de turno está claro. Para los jóvenes que empiezan y quieren labrarse un futuro e incluso han encontrado algún tipo de patrocinador, puede que la tentación sea pasajera, pero para quien ve que su corta vida profesional se acaba y necesita el dinero, rechazar según qué cantidades resulta complicado.

El tenista Íñigo Cervantes denunció en 2017 las amenazas de muerte hacia él y su familia por haber ganado un partido ante el entonces adolescente Alexander Zverev. Le anunciaban una tortura lenta y dolorosa para todos ellos solo por hacer su trabajo. “Suficiente nos insultan cuando perdemos como para que también nos amenacen cuando ganamos”. No todos son así, claro. Las sanciones a profesionales por participar en partidos “dudosos” (aquellos señalados por las casas de apuestas por su desorbitado dinero en juego) abundan en los últimos años y hace que todos seamos más que suspicaces a ese respecto.

El último “escándalo” ha llegado en Roland Garros, en un partido de dobles femenino. Una cantidad extraña de dinero que entra a favor de la pareja Mitu/Tig sobre el saque de Sizikova/Brengle. En concreto, es la rusa la que tiene el servicio y la que lo pierde a cero. La combinación parece demasiado contundente: mucho dinero en contra de una tenista que empieza el juego con una doble falta y que no es capaz de ganar ni un solo punto. Ahora bien, por sospechoso que sea lo primero (y lo es, porque las casualidades en el mundo de las apuestas no existen), el juego parece uno más entre tantos que se celebran en el tenis femenino, donde los saques no son tan decisivos.

La ATP y la WTA van muy por detrás en esta cuestión... pero tampoco es raro ir por detrás de una organización mafiosa. En ocasiones, es incluso la opción más segura. El año pasado Marco Trungelliti, tenista argentino sancionado por amañar partidos y que pudo volver al circuito por acogerse a la figura del “arrepentido” lleva años diciendo que las apuestas están matando el deporte y que hay jugadores de entre los 50 primeros que constantemente llegan a acuerdos con los mafiosos. Una investigación de la fiscalía belga anunciaba recientemente la participación de 135 tenistas en negocios de ese tipo, incluyendo a un “top 30 que ha ganado tres títulos ATP”. La historia no fue a más.

El tenis, el baloncesto, el fútbol, el deporte universitario... ninguna competición es impermeable a los negocios sucios. Dinero fácil y rápido a cambio de relativamente poco. Hacerlo en Roland Garros delante de todos, con las cámaras de Eurosport delante, parece algo ridículo, pero son mafiosos, no premios Nobel. Habrá que ver si se abre investigación y con qué resultado. Generalmente, probar estas cosas es complicadísimo, pero a veces hay excepciones. Suficiente está teniendo Roland Garros entre acusaciones de Shapovalov, frío, viento y pelotas imposibles como para encima tener que lidiar con esto.

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