Quién es Ángel Cabrera, el doble campeón de majors que vive su hora más oscura

Gastón Saiz
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El domingo 12 de abril de 2009, Angel Cabrera alcanzó el pináculo de su carrera en el golf y, definitivamente, ingresó en el Olimpo del deporte argentino. Ese día se consagró campeón del Masters de Augusta, uno de los torneos más preciados para cualquier golfista. Pero dos años antes, el Pato ya había triunfado en el US Open, su primer Major y que lo igualó en ese tipo de conquistas con Roberto De Vicenzo, ganador del Abierto Británico cuarenta años antes.

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Con esas dos torneos grandes obtenidos, Cabrera se convertía en otro de los milagros de nuestro deporte: de la nada al más alto nivel de internacional y al borde del Salón de la Fama. Pero el contraste fue todavía más fuerte en este hombre robusto y de carácter seco para quien le despierta desconfianza. Nacido el 12 de septiembre de 1969, mamó las carencias desde muy pequeño y su vida parecía destinada a la desesperanza.

Apenas a los dos años sufrió la separación de sus padres y quedó bajo la crianza de su abuela paterna en una humilde vivienda en el límite entre Villa Allende y Mendiolaza, en Córdoba. Muchas veces, su cena consistía en un mate cocido. Su horizonte desolador se le despejó gracias a sus amigos de la infancia, la mayoría más grandes de edad, quienes le propusieron que se sumara al trabajo como caddie en el Córdoba Golf Club, una entidad que supo darle cobijo a otros futuros campeones como Eduardo "Gato" Romero. Por fin, hallaba algo a lo que aferrarse.

Con un swing increíblemente natural, el Pato encontró facilidad para jugar al golf en los momentos libres, cuando no cumplía la tarea de cargar la bolsa para los socios del club. A la vez, ganaba reconocimiento doméstico como buen arquero en los picados entre caddies y de ahí su apodo, por Ubaldo Matildo Fillol, exguardavallas de la selección.

Se unió con Silvia Rivadero, con quien tuvo dos hijos (Angelito y Federico) y durante su etapa amateur empezó a tener destacadas actuaciones en el Abierto del Centro, el certamen tradicional del Córdoba Golf Club. Pero pronto necesitó salir de su terruño; el boca a boca aseguraba de que se estaba en presencia de un futuro gran campeón. Así, recibió la ayuda económica de Luis Rodríguez Magnasco y Domingo Angeloni para empezar a viajar dentro del país. Con esa rueda de auxilio indispensable, llegó su primera victoria en el Gran Premio San Diego, en 1991.

Su talento natural, su intuición en los campos de golf y su valentía para encarar cada hoyo lo llevaron a lograr entre 1992 y 1996 varios certámenes locales y de Sudamérica, pero al mismo tiempo tuvo varios intentos infructuosos para incorporarse al Tour Europeo, objetivo que logró finalmente en 1995. Su incursión en el Viejo Continente le reportó el primer gran salto económico y y cayeron los títulos en esa gira: el Abierto de la República Argentina 2001, que entonces formaba parte de ese tour, el Benson & Hedges Internacional Open 2002 y el BMW Championship 2005.

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Más allá de que era reacio a saltar al PGA Tour y prefería la calidez europea, la gira norteamericana terminó transformándose en su habitat natural. Para dar el salto definitivo, debía adaptarse al terreno estadounidense, allí donde ya descollaba Tiger Woods. Y después de varios años de batalla y de sostener la tarjeta, triunfó en los dos torneos grandes, en 2007 y 2009, lo que generó un gran impacto porque fue el primer latinoamericano de la historia en consagrarse en ambas citas. Incluso en el Masters de 2011, salió el domingo en el último grupo (junto con Rory McIlroy) y disputó un emotivo desempate en 2013 ante el australiano Adam Scott, que finalmente perdió. Asimismo, se adjudicó en 2014 el Greenbrier Classic, en West Virginia.

En los últimos años, su carrera empezó a palidecer producto de una traicionera lesión en el hombro derecho y recientemente se había operado de la muñeca izquierda. Aquejado cada vez más por problemas judiciales, las denuncias por violencia familiar y de género alteraron cualquier lógica de continuidad en el Champions Tour, la gira norteamericana de veteranos en la que empezó a participar cuando cumplió los 50 años, en 2019.

Su infierno personal, que se acrecentó con los años, no tuvo nada que ver con sus buenas acciones del pasado: por ejemplo, la Fundación Ángel Cabrera Pro Caddies y Necesitados, que surgió el 17 de abril del 2007 para mejorar la calidad de vida de los caddies de golf argentino, ofrecer una oportunidad a aspirantes profesionales y/o amateur sin recursos económicos, en la practica de este deporte, y contribuir con otras instituciones de bien publico.

Además, le retribuyó al Córdoba Golf Club la oportunidad que le dio desde chico con la construcción de un sector con todas las comodidades exclusivas para los caddies, a quienes también le aportó palos, pelotas y remeras. Por otro lado, organizó el Ángel Cabrera Classic para recaudar fondos y una serie de torneos para que esa joven camada midiera sus chances de campeón y ganara experiencia y premios para poder jugar. Tampoco se olvidó de su escuela primaria y del Polideportivo Mendiolaza, al que le brindó asistencia diariamente para las familias de la zona. De su bolsillo colaboró para que la municipalidad local los acondicionara. Ahora, afronta el momento más dificil con la detención en Río de Janeiro, por una denuncia de violencia de género.