Iannone, ¿el primero? Así funciona el deficiente sistema de detección del dopaje en el motociclismo

Andrea Iannone sufriendo una caída en la carrera de Malasia, la misma en la que se detectó su positivo. Foto: Hazrin Yeob Men Shah/Icon Sportswire via Getty Images.
Andrea Iannone sufriendo una caída en la carrera de Malasia, la misma en la que se detectó su positivo. Foto: Hazrin Yeob Men Shah/Icon Sportswire via Getty Images.

La lucha contra el dopaje, hasta ahora, se había centrado en actividades como el atletismo, la natación, el ciclismo, algunas competiciones de equipo... en las que, en general, las prestaciones físicas del cuerpo humano pueden marcar la diferencia. Los deportes de motor no suponían demasiada preocupación, en tanto que, aunque se soportan esfuerzos grandes y estar en buena forma es imprescindible, siempre se ha considerado que la mayor parte del trabajo lo hace la máquina y que el piloto lo que necesita es talento para manejarla (que no es poco). Pero de pronto ha llegado Andrea Iannone para ponerlo todo patas arriba y destrozarnos los esquemas.

Porque el italiano, de 30 años, competidor en motociclismo en la categoría de MotoGP desde 2013, ganador de trece Grandes Premios durante su carrera y tres veces medalla de bronce en el Mundial de Moto2, acaba de ser suspendido tras dar positivo en esteroides androgénicos anabólicos exógenos. La sanción es “provisional” y está vigente “hasta nuevo aviso”, toda vez que se basa en una muestra de orina obtenida en la competición de Malasia celebrada el pasado noviembre que sigue pendiente de contraanálisis. El piloto, además, tiene la posibilidad de recurrir el castigo; veremos si la situación se resuelve antes del próximo 8 de marzo, cuando debe comenzar la temporada de 2020.

A pesar de que la Federación Internacional de Motociclismo (FIM) hace referencias explícitas al dopaje en su reglamento, son escasísimos los casos en que un piloto da positivo en un control. De hecho, en MotoGP, la categoría más alta del campeonato del mundo, no había ocurrido nunca hasta ahora. En Moto2 sí se había visto alguna vez, por ejemplo en 2012 el australiano Anthony West fue cazado tras consumir DMAA (una sustancia similar a las anfetaminas) y le cayeron 18 meses de castigo. También ha habido algún otro en la competición de superbikes (motos derivadas de modelos producidos en serie) o en motocross (carrreras en pistas sin asfaltar), pero juntando las dos manos sobran dedos para llevar la cuenta de los que se han registrado. Y algunos de ellos son por marihuana, que más que aumentar las prestaciones sobre la moto, las reduce.

Quizás en esa frase, “los que se han registrado”, radique la base del problema. El sistema de vigilancia del dopaje en el motociclismo no es precisamente el más riguroso del mundo, hasta el punto de que los propios pilotos se han quejado. Marc Márquez explicó cómo funciona: “Hacemos controles dos veces al año, aleatoriamente tres pilotos de las distintas categorías y muchos años no te toca hacer control, como yo por ejemplo el año pasado. (...) Sabes que vienen a Alemania y a Misano todos los años. Tienen las mismas carreras de control y a mí, por ejemplo, me ha tocado hacerlo dos años en Misano pero llevo cinco en MotoGP. No es normal”, dijo en una conferencia de prensa en abril de 2018.

El propio Márquez aseguró en ese momento que son los mismos corredores los que quisieran que hubiera más revisiones: “Nosotros estamos intentando abrir la puerta voluntariamente para que haya aún más juego limpio y así no hay ninguna duda. El control tecnológico ya lo tenemos, pero el humano no. (...) No es solo por el control antidopaje sino por seguridad también. Somos muchos pilotos y el cannabis puede dar positivo y no te da ninguna ventaja, pero pones en riesgo a muchos pilotos”.

El que había destapado la caja de los truenos había sido el inglés Cal Crutchlow, quien, también en 2018, no tuvo reparos en decir lo que pensaba. Y en su opinión, el uso de productos ilegales es algo bastante más generalizado de lo que pueda parecer: “No digo que aquí haya dopaje duro. Al fin y al cabo en MotoGP un tipo puede fumar y beber y ser competitivo porque tiene un pilotaje natural. Pero sí hablo de agujas. Sé que hay agujas aquí”, aseguró, regalándole un titular impactante a la prensa de medio mundo. Concretamente, el británico se refería al uso habitual de diuréticos, que permitirían a algunos corredores perder peso, y por tanto ganar algunas décimas de segundo, “porque son unos vagos y no quieren pasar las horas [haciendo ejercicio] que pasan otros”.

Crutchlow, además, comparó el sistema de revisiones del motociclismo (que, en sus palabras, “es una mierda”) con el de otros deportes como el ciclismo, que conoce bien gracias a su amistad con Mark Cavendish, campeón del mundo en ruta en 2011. Se refirió al ADAMS, un procedimiento informático en el que los deportistas hacen constar dónde se encuentran, incluyendo competiciones y calendario de entrenamientos, para que en todo momento las autoridades de la Agencia Mundial Antidopaje puedan localizarles y hacerles análisis. Estar inscrito en él es obligatorio para los ciclistas y para muchos otros deportistas de otras disciplinas (no sin protestas de quienes lo consideran intrusivo, denigrante y riguroso a niveles paranoides), pero no para los motoristas.

¿Por qué, entonces, no se refuerzan las medidas en MotoGP? Básicamente porque los que mandan no están muy por la labor. Vito Ippolito, presidente de la FIM hasta 2018, ya explicó que el ciclismo y el motociclismo no son comparables (“hasta a nivel amateur tienen problemas, porque incluso padres o entrenadores llevan a los atletas a situaciones de dopaje”), que los casos en las motos son escasísimos, que la situación “no es extrema”... y, sobre todo, que establecer un sistema de controles más exhaustivo para todos los pilotos de las tres categorías del mundial supondría un coste económico difícil de asumir. “Pero para la federación cuenta mucho que se mantenga la percepción de que el motociclismo es un deporte limpio, así que si hubiera alguna duda, se pondrían todos los medios”, se justificó.

Pero ¿es el dopaje un problema real para el motociclismo? ¿Pueden algunas sustancias servir para mejorar la competitividad? El estadounidense Ben Spies, competidor en MotoGP entre 2008 y 2013, quinto clasificado en el Mundial de 2011, tiene claro que sí, y no solo los diuréticos de los que hablaba Crutchlow. Pero de una forma diferente: opina que, mientras que los ciclistas usan productos que les ayude a recuperarse de los entrenamientos durante todo el año, a los pilotos les viene mejor algo que les ayude a mejorar en momentos puntuales, solo los domingos de la carrera. Por eso cree que el ADAMS no sería muy eficaz, sino que lo más adecuado sería “testear a los cinco o seis primeros de cada carrera cada fin de semana, el mismo fin de semana, porque si alguien va a hacer algo, tiene sentido que lo haga en ese mismo momento, no dos semanas antes, porque no nos estamos preparando para el Tour de Francia”. Quizás esta manera sería eficaz para acabar con un problema que se pensaba que ni siquiera existía, pero que de repente, por culpa de Iannone, les ha estallado en toda la cara.

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