La despedida de una enferma de COVID junto al crucigrama: “Perdonadme hijos míos, pero quiero morir durmiendo”

M. J. Arias
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La segunda ola del coronavirus está azotando fuerte a Italia, que esta semana registraba su peor dato de fallecidos desde marzo con 753 muertos. Unas cifras que recuerdan a los momentos más duros de la pandemia y que llena los hospitales italianos de escenas terribles de dolor, desbordamiento y emociones. Desde uno de ellos, el de Vannini (Roma) ha llegado una en las últimas horas. Se trata de la protagonizada por una anciana de 70 años que dejó una nota de despedida a sus hijos en lo único que tenía a mano para escribir: la hoja del crucigrama del periódico.

Aprovechando todos los huecos en blanco de la página, esta mujer cuya caligrafía recorre los medios de comunicación italianos entristeciendo y emocionando a todo aquel que la lee quiso dejar una suerte de carta de despedida a sus hijos. Sin poder hacerlo cara a cara por la situación, cogió el periódico y de su puño letra escribió un mensaje del que se desprende su agotamiento y sufrimiento por culpa de la enfermedad.

“No quiero enloquecer. Dejarme dormir sin despertarme más. Lo siento hijos míos, pero quiero morirme durmiendo”. Tres frases escritas por una paciente ingresada en una planta COVID que fueron encontradas por el personal sanitario, según señalan en La Repubblica, sobre la cama de la mujer.

Fueron los enfermeros y médicos que la atendieron en sus últimos momentos de vida quienes la encontraron y la incluyeron entre sus pertenencias para que, al ser estas devueltas a sus familiares, las últimas palabras de la anciana llegarán a sus destinatarios.

La psicóloga y psicoterapeuta de la unidad de cuidados intensivos del hospital, Francesca Alfonsi, ha comentado a La Repubblica que “la soledad en esos momentos es aterradora”. Ella, desde su posición, intenta hacer “de todo para aliviarla” acompañándoles y ofreciéndoles un gesto de cercanía y consuelo “en nombre de sus familiares”.

“Hay una gran necesidad de darle continuidad a la vida cotidiana. Tengo nombres, tonos de voz en mi mente, me confían los aspectos más íntimos de sus relaciones familiares. Durante las conversaciones hay momentos de gran emoción”, añade.

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