Análisis táctico: el impulso de Russo en Boca, con la revolución de nombres y el juego vertical

Christian Leblebidjian
lanacion.com

Hubo dos cosas que se destacaron, desde su inicio, en el ciclo de Miguel Ángel Russo en Boca. Primero, cómo disciplinó a un plantel que no se sentía del todo a gusto con el estilo de juego del entrenador anterior (Gustavo Alfaro), aunque al mismo tiempo potenció la exigencia de esos jugadores. Estableció reglas claras y simples, les dio oportunidades a todos para ganarse un puesto, pero les dejó en claro que no solo en Boca iban a jugar aquellos que se esforzaban al máximo en los partidos, sino también durante la semana. Segundo: encontró muy rápido el equipo. Un par de amistosos preparatorios, un par de fechas con contratiempos (la expulsión de Izquierdoz contra Independiente), pero enseguida le dio forma al estilo 4-1-3-2 con nombres elegidos a partir de las características para llevarlas a cabo y un once de memoria que pudo retocarse, pero que en líneas generales respondía (desde la entrega y el protagonismo) a lo que demandaba el Mundo Boca (dirigentes, jugadores e hinchas).

Y pese a que sólo dirigió en 7 partidos de la Superliga (los otros 16 fueron de Alfaro), Russo tuvo un doble mérito en ese sentido, ya que apenas contó con un refuerzo dentro de ese equipo titular: Pol Fernández. El otro (el central Carlos Zambrano) ingresó en la última fecha por la acumulación de amarillas de Izquierdoz. Lo cierto es que si se toma la foto del equipo que salió a jugar en la anteúltima fecha con Colón, en Santa Fe, sólo tres jugadores de esos titulares jugaban con Alfaro: Andrada, Izquierdoz y Salvio.

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Los principales cambios que hizo Russo en muy poco tiempo fue desde lo individual a lo general. Buscó conformar un equipo mucho más vertical y ofensivo del que se veía apagado y sin fuego ofensivo en la misma Superliga con Alfaro. Y esa decisión arrancó tomándola con la modificación del volante central: Campuzano reemplazó a Marcone. Más dinámica desde el primer pase, aunque no por eso el volante colombiano dejó de recuperar pelotas; mostró tenacidad y esfuerzo para ser el primer respaldo defensivo de un bloque ofensivo que incluía, de arranque, a Pol Fernández, Salvio, Villa, Tevez y Soldano.

Al darle mayor dinamismo y velocidad, se dieron partidos de ida y vuelta. Boca asumió el protagonismo con la proyección de los laterales y volcando a siete futbolistas en campo rival.

Pasó de tener 1,18 de promedio de gol por partido con Alfaro a conseguir un 2,3 con el nuevo entrenador. Pero así y todo el equipo convirtió 9 de los 16 goles que hizo con Russo en la Superliga de contraataque. El propio DT lo explicó: "Una cosa es jugar al contragolpe y otra hacer goles de contraataque", dejando en claro que no había una postura defensiva en donde Boca se replegaba para recuperar cerca de su arquero y luego desplegar las fechas, sino que las transiciones defensa-ataque las hacía con una alta eficacia en los pases. Incluso tres goles los marcó por esa vía, pero luego de un córner a favor del rival (dos veces ante Talleres de Córdoba, otra ante Central Córdoba).

Sorprendió eligiendo a Soldano como N° 9 titular teniendo en el plantel a Zárate y Ábila, aunque en eso tuvo que ver el sacrificio defensivo que hacía el ex Unión. Con pocas responsabilidades de Tevez para su retroceso, fue Soldano el que hizo una función muy buena en el frente de ataque incluso persiguiendo a los volantes centrales rivales. Le faltó recibir de sus compañeros más centros o pelotas para quedar de frente al arco rival.

Boca encontró un festejo que le significó un desahogo, pero lo suyo (y lo de Russo) no fue casualidad o simplemente buenos resultados en el sprint final, sino que encontró fundamentos futbolísticos para adueñarse de la consagración.

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