La ameba come-cerebros cada vez llega más al norte

J Toledo y José de Toledo
·2  min de lectura
A handout photomicrograph provided by the Centers for Disease Control and Prevention (CDC) depicts the characteristics associated with a case of primary amebic meningoencephalitis, a rare brain infection due to Naegleria fowleri parasites, a brain-eating amoeba.  CDC/Handout via REUTERS THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY.
Imagen de la ameba come-cerebros al microscopio. CDC/Handout via REUTERS

Que el cambio climático está ampliando las regiones en las que algunas, o muchas, especies pueden vivir es una realidad que ya se conocía. Que esto también está ocurriendo con la ameba come-cerebros, tal y como se explica en un artículo reciente, no es una buena noticia.

Porque el nombre de este organismo está muy bien elegido: es una ameba, y se alimenta de cerebros. Del tejido nervioso de las personas a las que parasita, en concreto. Y en la práctica totalidad de los casos, la infección es mortal.

Entonces, ¿qué es lo que ocurre con la ameba come-cerebros? El caso es curioso e interesante. El hábitat de estas amebas son zonas de aguas dulces con temperaturas relativamente altas. De hecho su preferencia son zonas donde el agua superficial llegue a los 45ºC. Y estas zonas cada vez son más amplias en Estados Unidos, donde la ameba come-cerebros (Naegleria fowleri) es nativa.

Pero una persona no se infecta de la ameba come-cerebros por beber agua contaminada, si no por inhalarla. Cuando alguien se baña en una zona donde habita la ameba come-cerebros, esta puede entrar por su nariz, subir por el nervio olfativo, y asentarse en el cerebro. Ahí comienza a alimentarse de tejido nervioso y provoca una enfermedad conocida como Meningoencefalitis amebiana primaria o MAP.

Así que un equipo de investigación decidió comprobar si se había dado algún cambio. Para ello, analizaron los datos de MAP en un rango de cuarenta años – entre 1978 y 2018. Pero se tenían que dar ciertas condiciones: tenía que ser una infección comprobada, por actividades recreativas – por bañarse en lagos, lagunas o similares – y tenían que existir datos de localización del contagio – el lugar donde la persona infectada contrajo la ameba debía tener coordenadas en un mapa.

Y aquí llega lo interesante: el número de casos no ha variado apenas, pero cada vez aparecen casos más al norte. Que el número de casos no haya cambiado es interesante, pero dadas las restricciones – confirmado que era por baño, con coordenadas de la zona de baño, etc – no es tan significativo, y muy probablemente el número sea mayor.

Pero el hecho de que cada vez aparezcan casos más al norte sí que es importante. Sobre todo porque los investigadores cruzaron sus datos con otro más: las temperaturas medias de las zonas donde se dieron los contagios. Y vieron que en prácticamente todos los casos las infecciones se dieron después de semanas con temperaturas por encima de la media. Algo que es cada vez más común.

Como no hay un test rápido para saber si una masa de agua contiene amebas come-cerebros, y en caso de infección esta es mortal, saber que cada vez hay más gente susceptible de sufrir estas infecciones es importante. Una no muy buena noticia, pero una noticia que hay que conocer.

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