La del Pirata en el Mortirolo y otras historias que se han convertido en leyendas del Giro de Italia

Andrés Vázquez
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La pasión se mantiene inalterable. No importa que no sea el mes de mayo, tal la tradición. Tampoco que la pandemia sea una amenaza latente para su normal desarrollo. En pleno otoño europeo, el Giro de Italia (finaliza el domingo próximo) sigue siendo el evento deportivo icónico de un país cincelado para el ciclismo. A lo largo de las 101 realizaciones, la ronda italiana se muestra insidiosa, inexplicable y peligrosa. Es la carrera que recorre todos sus sentidos, que abre al mundo sus pueblos, sus calles, que hoy ve el paisaje desflorecer al tintineo de las cadenas y las pedaleadas. El Giro es misticismo, nostalgia, fábulas, hechos y personajes que custodian su pasión.

Un albañil, el primer ganador

El albañil italiano Luigi Ganna entró en la historia del ciclismo mundial al consagrarse campeón de la primera edición del Giro de Italia, en 1909. La prueba, que fue una creación del periódico deportivo La Gazzetta dello Sport -por eso el líder usa la maglia rosa-, se inició el 13 de mayo en la plaza Di Loreto de Milán y tuvo un recorrido de 2448 kilómetros repartidos en ocho etapas. Tomaron la salida 115 corredores -todos italianos salvo cuatro ciclistas franceses- y sólo 49 completaron la carrera. Ganna se quedó con toda la gloria y las 5250 liras de premio, luego de ganar tres etapas (Roma, Florencia y Milán) y ser líder en seis.

Nacido en Induno Olona, Varese, el 1 de diciembre de 1883, Ganna descubrió su afición por la bicicleta a los 17 años. No por gusto, sino por obligación: la falta de dinero lo forzaba a recorrer todos los días 100 kilómetros desde su casa al trabajo. Esa obsesión le cambió la vida. Después de participar en algunas pruebas ciclísticas con buenos resultados dejó su trabajo de albañil y se dedicó por completo al ciclismo. Cuenta la leyenda que cuando Ganna arribó a Milán, el domingo 30 de mayo de 1909, un periodista le preguntó qué sentía al saber que era el primer campeón del Giro y éste contestó: "Me duele el c...". Una frase que resume un poco la dureza de esas exigentes etapas que en sus inicios tenían una distancia promedio que superaban los 200 kilómetros.

La primera dama

En 1924, Alfonsina Morini, más conocida como "Alfonsina Strada" (usaba el apellido de su marido) se convirtió en la primera mujer -y por ahora única- que participó en el Giro de Italia. Tras lograr participar en el Giro de Lombardía en 1917 y 1918, aprovechando el vacío legal que no especificaba la prohibición de que las mujeres corriesen con hombres, decidió inscribirse en el Giro con una pequeña artimaña: suprimió la "a" final de su nombre, apuntándose como "Alfonsín Strada". El descubrimiento de su falsa identidad, a un día del inicio de la prueba, causó polémicas, pero para evitar escándalos mayores la autorizaron a tomar parte.

Su potencia sobre la bicicleta fue tal que la apodaron "El Diablo con Falda" y su presencia en el pelotón masculino despertó el interés de cientos de aficionados en los costados de las carreteras italianas. Durante las primeras etapas, Alfonsina se mantuvo en posiciones intermedias del pelotón, un hecho que no le hizo ni pizca de gracia a la organización de la Corsa Rosa. En la 8ª etapa, con el argumento de llegar fuera de tiempo, fue descalificada. Sin embargo, a pesar de la sanción oficial le permitieron seguir en carrera sin tiempo y logró llegar al final en Milán, donde fue recibida como una heroína. De los 90 ciclistas que largaron, sólo 30 completaron la carrera. Alfonsina fue una de ellos. Su audaz participación sentó las bases para el ciclismo femenino y la tardía creación del Giro Rosa, en 1988.

Rivales sí, enemigos no

Los italianos Fausto Coppi y Gino Bartali representaron una de las rivalidades más grandes del ciclismo. Eran la personificación exacta de una Italia dividida en "bartalistas" y "coppistas". En el giro de 1940, mientras Europa empezaba a respirar un ambiente bélico asfixiante, el equipo Legnano, del cual Bartali era el líder, sumó a sus filas a un joven Coppi como gregario. Pero el retraso prematuro de Bartali y el buen andar del "Campionissimo" cambiaron los planes. En la 11ª etapa, Coppi se hizo de la maglia rosa que mantuvo hasta el final y con 20 años, 8 meses y 25 días se convirtió en el ciclista más joven en ganar el Giro.

El pico máximo de la rivalidad se dio después de la Segunda Guerra Mundial, con la obtención del Giro en 1947 y 1949. Bartali obtiene sólo el del '46. Cuentan que entre 1946 y 1954 Coppi culminó con éxito todas sus fugas. Nadie podía atraparlo. El clásico ciclístico comenzó la extinción. El Giro de 1952 será el último de la gran rivalidad. A los 32 años, el ángel picudo se recuperó de un mal arranque y ganó el Giro por delante de Bartali. En el 53, Fausto se consagró campeón mundial y ganó su última Corsa Rosa. El ocaso deportivo de Gino ya era un hecho.

La llegada de Coppi al ciclismo fue por pura casualidad. En 1937, cuando el Giro atravesaba la ciudad de Novi Ligure, no tuvo mejor idea que sumarse al pelotón y acompañarlo durante 60 kilómetros con la misma bicicleta con que hacia los repartos de la carnicería en la que trabajaba. Ese hecho despertó el interés de Biagio Cavanna, que lo invitó sumarse a la formación de los aficionados. Las excepcionales características físicas no tardaron en aflorar en el joven Coppi. En 1940, en su debut, ganó el primero de los cinco Giro que lo tienen como uno de los más ganadores de la Corsa Rosa, junto a Alfredo Binda y el "Caníbal" Eddy Merckx.

A los 40 años, Coppi contrajo malaria en un viaje a Burkina Faso y falleció por no ser tratado a tiempo. Cuando uno lo recuerda inconscientemente sale el nombre de Bartali. Los dos dividieron a Italia deportivamente, pero, paradójicamente, la unieron en el ámbito social. La mítica imagen del "bidón pacífico" en el Tour de Francia de 1952 es quizá la foto más famosa de la historia del ciclismo y la que aún mantiene vivo el debate entre los italianos.

El héroe silencioso

El florentino Gino Bartali fue uno de los íconos de este deporte y a su legado deportivo añadió en el lecho de muerte una historia que engrandece aún más su leyenda. Siendo el deportista emblemático del régimen fascista de Benito Mussolini, el gran Bartali se convirtió en un anónimo insurgente que transportó en los tubos de su bicicleta la documentación necesaria para salvar a más de 800 judíos italianos de la persecución nazi.

En ese trágico impase que causó la Segunda Guerra Mundial, Gino tenía 29 años y era una eminencia del ciclismo, por entonces ya había ganado dos Giros de Italia (1936 y 1937) y un Tour de Francia, en 1938. Sin dudas, el desarrollo del conflicto bélico condicionó los mejores años de su carrera. En 1946 se tomó venganza de su gran rival, Fausto Coppi, y sumó su tercer Giro. Sólo tuvo tiempo para ganar su tercer Giro, en 1946, y sumar un segundo Tour de Francia, 1949. Este último logro evitó una guerra civil en Italia, que estaba en medio de un clima de pobreza y agitación política posguerra.

Católico practicante, de carácter afable y bonachón, Bartali era el pedalista del pueblo, la clase a disposición del ciclismo. Todo lo opuesto a Coppi, su gran rival. Haciendo honor a su sobrenombre de El fraile volador, unía en su rodado los 185 kilómetros que separan Florencia de Asís cooperando con la red de salvataje creada Giorgio Nissim. Su hermetismo fue tan compacto que las cifras no están claras (ni los viajes ni las personas socorridas) y la información recién trascendió tres años después de su muerte, en 2003. Fue, sin duda, su gran triunfo sobre la bicicleta.

Pantani y sus épicos ascensos

El puerto alpino de Mortirolo fue escalado por primera vez en 1990. Desde entonces se ha convertido en un santuario del ciclismo gracias a sus espectaculares rampas de hasta el 18%. De todas veces en las que se escaló, hay un momento épico: la etapa 15 del Giro de 1994. En ella, un joven Marco Pantani, con sólo 22 años, dejó con la boca abierta a propios y extraños ganándole con autoridad al mismísimo Miguel Indurain. Es considerada la mejor etapa de alta montaña de la historia de la tradicional ronda italiana.

El italiano Pantani fue uno de los ciclistas más carismáticos en el pelotón internacional y sus ataques tempraneros en los exigentes ascensos del Giro son una marca registrada que pocos pudieron emular. Su corta carrera estuvo rodeada de polémicas y triunfos épicos. Sin dudas, el mejor año de la carrera del Il Pirata fue 1998: en el mes de mayo conquistó la maglia rosa del Giro, al ganar dos etapas, y en julio se quedó con el maillot jaune (amarillo) del Tour, ganándole al alemán Jan Ullrich. Con esa proeza, Pantani fue el último ciclista en ganar Giro y Tour en un mismo año, algo que lograron apenas Coppi (1949 y 1952), Jaques Anquetil (1964), Eddy Merckx (1970, 1972 y 1974), Bernard Hinault (1982 y 1985) y Miguel Indurain (1992 y 1993).

El último gran show del Pirata en un ascenso fue en el exigente puerto de Oropa, en el Giro del 99. Con la carrera lanzada, a punto de comenzar la ascensión, el italiano sufrió un problema mecánico en su bicicleta y tuvo que arreglárselas solo para solucionarlo, perdiendo muchos minutos. A pesar de ello, no se quejó y empezó a subir a un ritmo impresionante, hasta colocarse primero y ganar la etapa con más de 20 segundos de distancia sobre el segundo, Laurent Jalabert. Dos días más tarde, fue acusado de dopaje y, desgraciadamente, su carrera se vio truncada para siempre. En 2003 fue absuelto de las acusaciones, pero las drogas y una profunda depresión no le permitieron volver al ciclismo. El 14 de febrero de 2004 fue encontrado muerto en un hotel de Rimini. Hoy su figura está en el pedestal de los dioses terrenales que hicieron grande al Giro.