Alarma en Australia: contagio, suspensión y dudas por el Abierto de tenis

Sebastián Torok
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Antes de que el tenis profesional levantara el telón en las primeras horas de enero y con los cinco meses de suspensión de la competencia de 2020 como antecedente, alguien elevó la voz y sentenció: "Este año, los rivales de los tenistas no serán los jugadores que tengan del otro lado de la red, sino el coronavirus". Más allá del matiz de la reflexión, tiene una porción de realidad. Los contagios, las cuarentenas, los aislamientos, los hisopados, los aeropuertos cerrados (o abiertos con restricciones), los torneos cancelados, los permisos especiales, la incertidumbre. Todo ello es parte de un paisaje dificultoso para un deporte global, con acción en cada continente durante cada semana.

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Todo parecía marchar a la perfección en Melbourne, la dinámica ciudad de un país con el Covid-19 controlado, hasta que, a pocas horas del inicio del Abierto de Australia (programado para el 8 del actual), se encendió la alarma. Los partidos que estaban proyectados para este jueves en el Melbourne Park (de la ATP Cup, de los dos ATP 250 y los tres WTA) fueron cancelados luego de que diera positivo de coronavirus un empleado del hotel Grand Hyatt, uno de los tres alojamientos oficiales (y, supuestamente, protegidos sanitariamente) destinados a los protagonistas que llegaron a esa porción aussie para competir en la gira. Entre 500 y 600 personas, entre ellas tenistas, funcionarios del torneo y empleados de distintas áreas, fueron aisladas, obligadas a quedarse en las habitaciones, durante la madrugada argentina se sometían a un nuevo test y hasta no contar con una prueba negativa serán considerados "contactos casuales". Tennis Australia aventuró que más tarde anunciaría los planes para este viernes, pero el desfavorable pronóstico del tiempo (100% de lluvias) hace pensar que no se podría completar la programación pendiente de los seis certámenes, siempre y cuando se obtenga la aprobación sanitaria, claro.

¿El Abierto de Australia está en peligro? Si se piensa en que los protagonistas de las raquetas ya hicieron la cuarentena y están allí, en los compromisos con los patrocinadores y la TV, en la habilitación gubernamental para que 30.000 espectadores concurran por jornada al complejo y en el esfuerzo de los organizadores para sostener el certamen, la respuesta es "no". Pero en las últimas horas el Estado de Victoria volvió a aplicar restricciones más severas para la vida cotidiana y si aplicase de forma estricta sus protocolos, los jugadores deberían estar aislados 14 días por ser contactos potenciales, aunque en ese caso significaría decirle adiós al Grand Slam.

Daniel Andrews, primer ministro del estado cuya capital es Melbourne, brindó una rueda de prensa de urgencia en la noche australiana del miércoles y anunció que deberán volver a ser obligatorios los tapabocas en los lugares cerrados, que se reducirá de 30 a 15 las personas que se pueden recibir en los domicilios y que las oficinas podrán recibir sólo el 50% del personal. En ese contexto, el torneo parece estar en peligro. El caso del trabajador contagiado de Covid-19 puso fin a la racha de 28 días de transmisión comunitaria nula en Victoria. "Tenemos que asumir que esta persona ha infectado a otras", declaró, preocupado, Andrews.

El Departamento de Salud de Victoria explicó que la persona contagiada trabajó por última vez en el Hyatt el 29 de enero y que se sometió a una prueba al final de su turno, con resultado negativo. Sin embargo, luego desarrolló síntomas, fue expuesto a una nueva prueba el 2 de febrero y el resultado fue positivo. Muchos de los mejores tenistas del mundo se alojan en ese hotel y los que no, como el español Rafael Nadal, que descansa en el Crown Towers, a menos de dos kilómetros de distancia, están en riesgo por el contacto con compañeros de equipo (en la ATP Cup) que sí duermen en el sitio apuntado. También hay jugadores argentinos involucrados. El equipo nacional tenía previsto medirse esta madrugada con Japón, por el último match de Grupo D de la ATP Cup (ya sin posibilidades de avanzar a las semifinales). En tanto, la rosarina Nadia Podoroska, tras su impactante triunfo frente a la checa y 9°, Petra Kvitova, por 5-7, 6-1 y 7-6 (9-7), debía enfrentarse con Marketa Vondrousova por los cuartos de final del WTA Yarra Valley Classic. Todo quedó en suspenso.

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Podoroska, la confirmación

Nadia Podoroska movió los cimientos del tenis femenino en octubre pasado al superar la clasificación de Roland Garros y llegar a las semifinales. La tenista de 23 años entró en el Abierto de Francia siendo la 131 del mundo y se fue como Top 50, sitio en el ranking que no ocupaba una argentina desde 2011 (Gisela Dulko). La vida, al menos la deportiva, le cambió cien por ciento. Después de años trabajando y buscando ese objetivo, empezó a jugar en las grandes ligas, con lo que ello implica. Mayor presión, más exposición mediática, desafíos más espinosos en torneos de mejor categoría, mejores contratos, más facilidades para poder armar un equipo amplio. Y ese, principalmente, es uno de sus desafíos: sostenerse con los pies sobre la tierra y demostrar que aquel rendimiento (el de las tres semanas de París, sobre todo, pero el de todo un año valioso) no fue pasajero. Ella misma describió como "un llamado de atención" la derrota que padeció, en enero pasado, en el WTA 500 de Abu Dhabi, frente a la española Sara Sorribes Tormo (por entonces, 66°), por 6-3 y 6-3. Pero en uno de los WTA de la bautizada Melbourne Summer Series volvió a hacer mucho ruido.

"Cuántos mensajes lindos, cuántas buenas energías me mandan", agradeció Podoroska, 47a, tras obtener, frente a Kvitova, la segunda victoria de su carrera ante una Top 10. El primer éxito de esa categoría había sido en los cuartos de final de Roland Garros: 6-2 y 6-4 ante la ucraniana Elina Svitolina, 5a. Ante Kvitova (ganadora de Wimbledon en 2011 y 2014), en el court 7 del Melbourne Park, Podoroska exhibió un rendimiento sumamente interesante, en el que se repuso con valentía a algunos altibajos y oportunidades desaprovechadas. Lució temple para ganar el tie-break del tercer set, por ejemplo: llegó a estar 2-5. Otra vez generó impacto. Y va por más.