Alabaron al nuevo propietario como su salvador, pero luego vieron quién era

Tariq Panja
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La afición del Valencia había esperado 11 años este tipo de celebración.

Una generación atrás, el equipo de fútbol de la ciudad, el Valencia Club de Fútbol, había sido uno de los mejores clubes de España, dos veces finalista de la Liga de Campeones y campeón nacional. Eso fue antes de que las crisis financieras y la mala gestión lo hicieran caer en un abismo durante años.

En la primavera de 2019, los fanáticos pudieron comenzar a tener fe nuevamente. La victoria en la Copa del Rey, la competición por la copa de España, había puesto fin a una década de sequía de trofeos. Un multimillonario con muchos recursos y poderosas conexiones en el fútbol era ahora dueño del club. El trofeo, así como el dinero, presagiaban el inicio de un viaje de regreso a la cima, a la relevancia en La Liga, a cerrar la brecha con equipos como el Barcelona y el Real Madrid.

Así que el radiante director ejecutivo del Valencia, Anil Murthy, habló con entusiasmo mientras veía desde la parte superior de un autobús sin techo a los miles de fanáticos que flanqueaban las calles para saludar a los héroes campeones del equipo.

“Nunca había visto algo así en mi vida. Es increíble”, le dijo Murthy a un entrevistador de televisión en vivo mientras los jugadores se turnaban para sostener el trofeo. “Prácticamente toda la ciudad está en la calle apoyando a este gran club”.

No pasó mucho tiempo antes de que el ambiente se ensombreciera. En cuestión de meses, tanto el entrenador como el director deportivo que habían construido el equipo campeón de copa de Valencia fueron despedidos. Al cabo de un año, el equipo estaba deshaciéndose de jugadores para ahorrar dinero durante la pandemia. Los fanáticos, que tienen prohibido asistir a los juegos debido a las restricciones por el coronavirus, ahora protestan contra los propietarios del club desde afuera. Los miembros de la junta directiva son abucheados en la calle.

A menos de dos años de que el Valencia desfilara con una copa por su ciudad, su renacimiento ha sido remplazado por la desilusión, la ira y el cinismo.

“Este es el peor momento del Valencia”, dijo Gaspar Romero, quien nació en una familia obsesionada con el Valencia y cuyo abuelo se desempeñó alguna vez como contador del club. “Mi pesadilla sería ver al Valencia en este estado durante un largo periodo, sin propósito, como si fuera un club zombi”.

La nueva realidad del Valencia es una plantilla socavada y debilitada por la venta de los mejores jugadores durante el periodo de transición y un equipo que tiene problemas para ganar incluso uno o dos partidos al mes. Tras un comienzo positivo de la nueva temporada el otoño pasado, que incluyó una paliza de 4 a 1 al Real Madrid, el Valencia se ha derrumbado en la tabla de posiciones. Eso ha puesto los reflectores en el que alguna vez fue considerado el salvador del equipo, el multimillonario singapurense Peter Lim, una figura reservada que prefiere no ser el centro de atención, pero que, al menos en Valencia, ya no puede evitarlo.

No siempre fue así. Romero, de 32 años, recuerda cómo el equipo era una de las escuadras más temidas de Europa cuando era niño. Recuerda cómo rugían los aficionados en las gradas empinadas del estadio de Mestalla mientras los jugadores talentosos le daban alegría y orgullo a la ciudad. El equipo logró pases consecutivos a la final de la Liga de Campeones en 2000 y 2001 y un título de liga en 2004, cuando le ganaron a equipos del Barcelona y el Real Madrid que tenían jugadores de la talla de Ronaldinho y Zinedine Zidane.

Sin embargo, cuando Lim entró en escena en 2014, el club estaba sumido en una crisis financiera. Grandes jugadores como David Silva, David Villa y Juan Mata habían sido vendidos para poder pagar las cuentas de fin de mes, y una combinación de mala gestión y deudas acumuladas solo había empeorado la situación.

El interés de Lim por el fútbol comenzó antes de su inversión en el Valencia. Al principio de su carrera como inversionista, había convertido su amor por el club inglés Manchester United en un negocio de cafeterías y restaurantes con temática del United por toda Asia. Eso le permitió a Lim, quien en la actualidad tiene 67 años, establecer relaciones con una generación de estrellas del United: Gary Neville, Ryan Giggs, Paul Scholes y David Beckham, entre otros. Esas relaciones generaron empresas conjuntas en el sector hostelero y, desde 2014, una copropiedad del Salford City, un equipo que juega en la cuarta categoría del fútbol inglés.

El afecto de Lim por el Valencia, el gigante español caído, no era tan profundo.

“Lim tenía pensado comprar un club de fútbol y se presentó la oportunidad del Valencia”, dijo Murthy. Proporcionó el dinero para adquirir el equipo, pero asignó su dirección a soldados leales, como Murthy y otros. Para muchos aficionados del Valencia, el estilo de gestión de Lim ha sido parte del problema. Notaron, por ejemplo, que pasó la final de la Copa del Rey de 2019 en un palco privado con su amigo Beckham y no visitó el vestuario para felicitar al equipo.

Aunque alguna vez corearon su nombre en las calles, creyendo que era el salvador de su club, muchos ahora creen que Lim nunca entendió lo que el equipo representa para la ciudad.

“Es nuestra esencia, es lo que hemos amado durante mucho tiempo, lo que nuestros padres nos inculcaron”, dijo Romero. “Es como si nos hubieran robado nuestros recuerdos, nuestras tradiciones, nuestra historia, nuestro orgullo”.

Los críticos de Lim también señalan la influencia de otra figura en su entorno futbolístico: Jorge Mendes, un representante deportivo considerado una de las personas más influyentes en el fútbol. Incluso antes de comprar el Valencia, Lim, con Mendes como asesor, había estado participando activamente en el multimillonario mercado de intercambio de futbolistas.

Al realizar apuestas especulativas en jugadores de la misma manera en que alguna vez había invertido en pequeñas compañías, Lim esperaba beneficiarse de sus ventas futuras. Esa práctica fue prohibida por la FIFA, la organización rectora del fútbol, en 2015, un año después de que Lim comprara su participación mayoritaria en el Valencia. Pero una característica de la gestión de Lim ha sido el desfile itinerante de talento, con Mendes por lo general manejando todo tras bastidores.

Marcos Colomer, otro aficionado del Valencia, dijo que a los fanáticos les preocupaba que el club se hubiera convertido en una mera extensión del negocio de intercambio de jugadores de Lim. Murthy, el director ejecutivo, rechazó esas acusaciones.

“Nuestras cuentas son transparentes: todos los accionistas pueden verlas”, dijo Murthy. “Perdemos dinero por todos lados. Si creen que existió alguna operación clandestina para ganar dinero, creo que están viviendo en un mundo de fantasía”.

Sin embargo, para los desesperados aficionados del Valencia, Lim sí ofreció en su momento una oportunidad para la salvación. La crisis financiera de 2007 había dejado al club en un aprieto, atrapado entre dos estadios: su hogar de siempre, el Mestalla, y el caparazón a medio construir del nuevo estadio que solo podría finalizarse con las ganancias por la venta del antiguo estadio a promotores inmobiliarios. El miedo a la bancarrota era real.

Emocionados por la posibilidad de restaurar la suerte del equipo y completar el nuevo Mestalla, los aficionados hicieron campaña para que el equipo fuera vendido a Lim. Cuando se aprobó la venta, los fanáticos le dieron un recibimiento como el que generalmente se reserva para el fichaje de un jugador cotizado.

No obstante, el aluvión de promesas y predicciones realizadas por los designados por Lim para dirigir el club no se materializó. Los fanáticos ahora lamentan no solo el estado actual del equipo, sino también las decisiones aparentemente caprichosas que han hecho que vayan y vengan una serie de jugadores, entrenadores y ejecutivos, algunos de ellos remplazados por personas que se cree que se han visto favorecidas por la relación personal de Lim con Mendes o sus vínculos con exfutbolistas del Manchester United.

Pocos predicen un futuro prometedor. El Valencia todavía juega en el Mestalla y su nuevo estadio está todavía lejos de terminarse. Cuando los directivos del equipo vendieron o liberaron a algunos de los talentos más establecidos del club el verano pasado, incluyendo a Dani Parejo, el popular capitán que había levantado la Copa del Rey apenas un año antes, el entrenador del Valencia, Javi Gracia, amenazó con renunciar.

“El sentimiento entre los aficionados es que Peter Lim no entiende dónde está”, dijo Paco Polit, periodista y colaborador de un libro sobre la gestión de Lim en el Valencia. “Nunca entendió lo grande que era el Valencia antes de su llegada y ahora parece como si hubiera dejado el equipo a su suerte”.

This article originally appeared in The New York Times.

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