Ajedrez: el talento de Capablanca, el único campeón mundial de habla hispana

LA NACION
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A los jugadores de ajedrez de habla hispana, y aún a todos los de ascendencia latina, les cuesta mucho alcanzar el nivel de los mejores del mundo. Así ha sido siempre, pero con una notable excepción: José Raúl Capablanca (1888-1942) es una figura mítica del ajedrez. Todos quienes compitieron con él consideraron que tenía un talento superlativo. Nacido en Cuba, país sin tradición ajedrecística en aquel entonces, resulta un enigma que haya sido el único campeón de habla hispana, como también el único de ascendencia latina.

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Aprendió a jugar siendo niño, a los cuatro años, observando a su padre jugar con un amigo. Cierto día, para sorpresa de los contendientes, sugirió una jugada que ellos habían pasado por alto. Enseguida jugó una partida con su padre y lo venció. A los 13 años fue campeón de Cuba y rápidamente alcanzó el nivel de juego de los mejores del mundo. Ganó el campeonato mundial en La Habana 1921 a Emanuel Lasker, otro gigante del ajedrez, y lo consiguió sin perder ninguna partida en el match, lo que le dio fama de invencible.

Perdió el título ante su rival antitético, Alexander Alekhine, en Buenos Aires 1927. Luego de esta partida quedaron enemistados y Alekhine nunca la concedió la revancha, situación que fue posible en aquel entonces porque el campeonato del mundo no estaba reglamentado. Así y todo Alekhine declaró: "Nunca he visto, ni espero ver, un jugador con tal facilidad para entender el ajedrez como Capablanca".

Lo que hizo célebre entre los ajedrecistas a Capablanca fue su estilo de juego. "Capa" como le decían sus contemporáneos, había logrado "in mente" la síntesis del ajedrez posicional. No necesitaba pensar: de un vistazo entendía cada posición, sus puntos fuertes y débiles, qué piezas había que cambiar, cuales preservar, y jugaba en consecuencia.

Rara vez se decidía a atacar o a desarrollar un juego combinativo; pero lo hacía tan bien como cualquier otra técnica del juego. Muchos campeones posteriores reconocieron su deuda con Capablanca por su enfoque ajedrecístico. Dejó una indeleble impresión en Botvinnik, patriarca del ajedrez ruso. Este recomendaba "jugar según la posición, como lo hacía Capablanca." Y luego Bobby Fischer y Anatoli Karpov admitieron su influencia.

Hoy en día, cuando los ajedrecistas decimos "capablanquino", nos referimos a un estilo limpio y claro, o a una técnica de juego impecable.

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