Juguetes sexuales, lencería y cartas de madres ofreciendo a sus hijas: lo que halló la DEA en las habitaciones de Pablo Escobar

Juguetes sexuales, lencería y cartas de madres que le ofrecían sexo con sus hijas fueron encontrados en las habitaciones del narcotraficante colombiano Pablo Escobar en la cárcel de La Catedral meses antes de que muriera acribillado por agentes policiales, según un libro de próxima aparición.

La lujosa habitación privada de Pablo Escobar en La Catedral. crédito: AP Photo
La lujosa habitación privada de Pablo Escobar en La Catedral. crédito: AP Photo

Desde 1990, los agentes de la DEA Javier Peña y Steve Murphy participaron activamente durante un año y medio en la operación de captura de Pablo Escobar, asesorando a las fuerzas colombianas. Casi 30 años después, sacan a la luz sus recuerdos bajo el título “Cazadores: Cómo atrapamos a Pablo Escobar” ('Manhunters: How We Took Down Pablo Escobar”), donde, entre otras cosas, cuentan los gustos sexuales y manías de uno de los capos más famosos del mundo.

Cuando en 1991 Escobar se rindió a las autoridades colombianas y aceptó una pena de prisión de 5 años, mandó a construir La Catedral, en el Departamento de Antioquia, la elegante cárcel donde vivió atendido por su propia gente y desde dónde siguió dirigiendo sus negocios hasta que escapó un año después.

Insólitas memorias

En la publicación, a la que que ya tuvo acceso el diario The New York Post, los investigadores detallan que entre sus recuerdos, Escobar guardaba cartas de madres que le ofrecían tener sexo con sus hijas.

Además, se encontró un armario meticulosamente ordenado donde el líder del cartel de Medellín conservaba lencería de encaje, y juguetes sexuales, como vibradores.

Al parecer, el colombiano llevaba una vida sexual muy activa: “Nunca dormía en el mismo sitio por más de dos noches consecutivas, sino que usaba cabañas cercanas para las fiestas y se quedaba en cada una de ellas”, describe Peña.

Retrato de Pablo Escobar/AFP
Retrato de Pablo Escobar/AFP

Baños impecables, otro de sus fetiches

Un detalle que siempre llamó la atención de la policía y funcionarios era la fijación que tenía Escobar con los baños limpios y bien proporcionados. "Cada vez que allanábamos una casa de seguridad que usaba Escobar, siempre encontrábamos un cuarto de baño curiosamente brillante con nuevos accesorios", detallan.

En general, su habitación y oficina siempre estaban sorprendentemente ordenadas y muy bien decoradas, con macetas, lujosas tapicerías y cortinas, televisores de última generación, refrigeradores y sistemas de sonido.

Un mundo de sorpresas

Entre sus cosas también hallaron dibujos animados que ridiculizaban a Estados Unidos, una colección de recortes de su imagen de “buscado” y hasta volúmenes sobre cómo cuidar a las palomas mensajeras, ya que él y los miembros del cartel las utilizaban para entregar varios mensajes.

Su estudio, en La Catedral. Crédito: AP Photo
Su estudio, en La Catedral. Crédito: AP Photo

Autores y detectives

El 22 de julio de 1992, Pablo Escobar y nueve de sus hombres se fugaron por una red de túneles secreta después de 18 meses en la “cárcel”. Cinco meses después, las autoridades colombianas localizaron al líder narco y lo mataron a balazos.

Durante los 16 meses que duró de la operación de búsqueda, más de 400 policías colombianos fueron asesinados por sicarios de Escobar.

Murphy y Peña, como parte de las fuerzas de la DEA y el FBI que asesoraban en la cacería, sobrevivieron a pesar de que ofrecían una recompensa de 300,000 dólares por cada una de sus cabezas.

Murphy se retiró de la DEA en 2014 y Peña lo hizo un año después. Su historia es la misma que formó la base de la historia de “Narcos”, el exitoso programa de Netflix.

Según el Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia, entre 1988 y 1993 al Cartel de Medellín se le adjudican “15 grandes atentados terroristas” que acabaron con la vida de 105 personas, y ordenó las ejecuciones de cientos de civiles más, además de las muertes de policías y militares.

En 1984, Escobar ordenó el asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, que había lanzado una campaña contra el narcotráfico.

El 3 de diciembre de 1993, un balazo en la cabeza durante el operativo de captura puso fin a su 44 años recién cumplidos.

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