Sin Adrián Campos jamás habríamos tenido a Fernando Alonso

Luis Tejo
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Retrato de Adrián Campos
Adrián Campos durante un test de pretemporada en 2019. Foto: Xavier Bonilla/NurPhoto via Getty Images.

Actualmente, con el siglo XXI ya bien entrado, se puede decir que la Fórmula 1 está consolidada como un deporte popular en España. Por supuesto, no nos referimos a la participación, porque sigue siendo un mundo elitista en el que solo 20 personas de toda la población del planeta pueden sentarse en uno de los monoplazas, pero sí al seguimiento de audiencia que tiene. Figuras como Carlos Sáinz (hijo), Jaime Alguersuari, Pedro Martínez de la Rosa o, por encima de todos con mucha diferencia, Fernando Alonso han conseguido ganarse el interés del público, e incluso en ocasiones la pasión incondicional.

Pero no siempre fue así, ni mucho menos. Hubo un tiempo, no hace tanto, en que el campeonato no le interesaba a casi nadie dentro de nuestras fronteras. Antes de que irrumpiera la figura del piloto asturiano en 2001 y empezara a cosechar triunfos a partir de 2003, la atención en el mundo del motor, tanto mediática como de la afición, se centraba en los rallies, con Carlos Sáinz (padre) y su lugarteniente Luis Moya como nombres más destacados, y sobre todo en las motos, con mucha más tradición y abundantes nombres ilustres. De los coches en circuitos se preocupaban más bien pocos.

Muchos estarán tentados a pensar que fue Fernando el único responsable del cambio de situación y el que acapara todos los méritos. Y sí es cierto que es él quien se mete en el coche, lo pone a toda velocidad y gana(ba) carreras. Pero no debemos olvidar que llegar hasta ahí, conseguir que le den una oportunidad, que le permitan ponerse al volante, no es nada fácil. Y ahí, como el propio Alonso reconoce, fue fundamental la figura del recientemente desaparecido Adrián Campos.

El valenciano de Alcira, fallecido con solo 60 años, fue piloto en su juventud, en los años 80 y 90, y aunque participó en la Fórmula 1 con Minardi, no llegó a tener demasiado éxito. Tampoco lo tuvo ninguno de los compatriotas suyos que intentaron, como él, adentrarse en este ambiente. Pocos se acuerdan hoy de Luis Pérez Sala, Emilio de Villota (padre de la malograda María) o Emilio Zapico.

Sin embargo, estaba convencido de que España contaba con el potencial para convertirse en un país importante en la Fórmula 1. Por eso, cuando se retiró de la competición, no abandonó por completo el sector, sino que quiso aportar desde otro lado. Así, en 1998 fundó Campos Racing, una sociedad con sede en su ciudad de origen con el objetivo declarado de descubrir nuevos talentos y ayudarles a progresar.

La primera gran apuesta de Campos fue Marc Gené. Adrián detectó la habilidad del catalán en karting y en competiciones menores como la Fórmula Ford y se decidió a incorporarlo a su proyecto. Además, inscribió a su equipo en una nueva competición, el Open by Nissan, sustituto del desaparecido Campeonato de España de Fórmula Renault pero incluyendo carreras y pilotos de otros países, lo que le permitió convertirse en una plataforma para permitir el salto a la Fórmula 1 de los jóvenes que más destacaran.

Gené y otro piloto prometedor, Antonio García, fueron los integrantes del equipo que arrasó en la clasificación. El buen desempeño de Marc le valió el privilegio de una prueba en la Fórmula 1 precisamente con Minardi, la antigua escudería de Campos con la que conservaba buena relación. Y claro, de cara a la nueva temporada en la Nissan, hacía falta un sustituto para la baja. Entonces fue cuando Adrián puso los ojos en Fernando Alonso.

Los pilotos Tarso Marques y Fernando Alonso posan sujetando sus cascos y alzando el pulgar delante del parlamento de Melbourne en 2001
Un jovencísimo Fernando Alonso (derecha) junto a su compañero, el brasileño Tarso Marques, en su primera temporada en Fórmula 1 con el equipo Minardi, en 2001. Foto: Paul Crock/AFP via Getty Images.

El asturiano tenía entonces 18 años y llevaba una trayectoria extraordinaria en el karting, pero, viniendo de una familia modesta, no contaba con los recursos económicos necesarios para pasar a coches más grandes. Campos descubrió su calidad y no dudó en llamarle para su equipo. Fernando no defraudó y se proclamó campeón tras ganar seis carreras.

El resto es historia conocida. Un año más tarde, en 2000, gracias a su buen rendimiento ascendió a la Fórmula 3000, equivalente a la actual Fórmula 2. Y otro año después, de nuevo Minardi le hizo un sitio en la Fórmula 1. Nada de esto habría sido posible sin que Campos, quien además se convertiría en su manager, le hubiera dado aquella oportunidad.

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