Abierto de Palermo. El alma del polo: los que juegan con el corazón para que se luzcan los compañeros

Claudio Cerviño
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Pelón Stirling al ataque: el uruguayo es determinante para el rendimiento de La Dolfina
Fuente: LA NACION - Crédito: Sergio Llamera

El diálogo tiene 30 años. No duró más de un minuto, debajo de la Tribuna C de la cancha 1 de Palermo. Le preguntamos a un multicampeón del Argentino Abierto, a una leyenda como Horacio Antonio Heguy, 19 veces campeón del Argentino Abierto con el mítico Coronel Suárez...

-Imaginate a los mejores jugadores del mundo de hoy, a todos, ahí parados y que hay que hacer el tradicional "pan y queso" del potrero. Ganás. ¿A quién elegís?

-No te voy a dar nombres, que es lo que buscás. Voy a ir más allá de eso. Elijo un puesto. Y seguro será un 2.

-¿No un 1 goleador? ¿No un 3 cerebral que marque los ritmos? ¿No un back impenetrable?

-No. Si no tenés un 2, los demás van a jugar menos de lo que vos creés. Si La Espadaña no tuviera un Alfonso Pieres y Chapaleufú un Gonzalo (Heguy), nada sería igual. Ni lo dudes.

-¿Y qué es un 2?

-Son el alma del polo. El sentido de identidad.

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Llevado a otros deportes, es como si ese "pan y queso" nos marcara que hay que elegir un 5 en el fútbol o en el hockey, o un pack de forwards en el rugby. La balanza que se inclina no tanto por los talentosos o los definidores, sino por los que aportan el equilibrio, los que van "a morir" a cada jugada, piensan menos en el lucimiento personal, se tiran de cabeza para que brillen los demás y no entienden de egoísmos. Son los que no se preocupan si los elogios van para otro lado mientras sientan que hicieron bien su trabajo.

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"El alma del polo". Nada ha cambiado con el tiempo. Si volvemos a aquella época, no son pocos los que sostendrán que el Indios Chapaleufú de los ochenta-noventa empezó a dejar de ser lo que era cuando perdió a Gonzalo Heguy. Se quedó sin su motor, sin soslayar el inconmensurable impacto humano que tuvo puertas adentro su deceso en el 2000 dado que se trataba de un equipo de hermanos.

Juano Britos (casco verde), que maniobra entre Facundo y Gonzalito Pieres, tuvo una gran actuación en La Dolfina Polo Ranch
Fuente: LA NACION - Crédito: Sergio Llamera

El polo funciona, el equipo "camina", en la medida en que todas las piezas encajen. Y el rol de los llamados "obreros" resulta preponderante. Lo demuestran quienes fueron el sustento de los participantes en el Abierto de Palermo que concluye este sábado, con un nuevo clásico entre La Dolfina y Ellerstina. Allí están David Stirling (h.) e Hilario Ulloa, respectivamente. Pero detrás de ellos se encolumnan Francisco Elizalde (RS Murus Sanctus), Juan Britos (La Dolfina Polo Ranch), Ignacio Toccalino (Los Machitos), Alfredo Bigatti (La Ensenada-La Aguada). Todos determinantes.

Ahora bien, ¿cuáles son sus secretos? ¿Qué les gusta de ese puesto? ¿Cómo lo viven internamente? Con 39 años, Pelón Stirling es el extranjero más ganador del Abierto (8 veces). Pepe Heguy, compañero suyo en Chapaleufú II en 2009, dijo hace unos años: "Algún día se va a valorar en su justa medida a Pelón. Lo que hace a la velocidad con la que anda en la cancha es inigualable". El uruguayo de bajo perfil que siempre sostuvo que tiene el privilegio de jugar con tres cracks (Adolfo Cambiaso, Pablo Mac Donough y Juan Martín Nero), como si él no lo fuera.

"Aprendí a jugar de 2 y me encanta. Milo Fernández Araujo (NdR: coach de La Dolfina) me enseñó mucho. Soy un agradecido del equipo que me tocó y estoy encantado de trabajar a full por mis compañeros. Sé que puedo abrirles espacios para que ellos hagan la diferencia. Soy el único que sabe cuando juego bien o mal. Y no necesito que hablen tanto de mi. Quizá pasemos desapercibidos, pero sé que para mi equipo hago un trabajo que sirve", señala.

"¿Cuándo detecto que jugué mal? Y, si veo que no anduve abriendo caminos para los compañeros, con ese ida y vuelta que me gusta tener. Me gusta circular y trato de andar lo más fuerte posible. Es difícil pegarle a la pelota a esa velocidad, no es lo más cómodo, pero a medida que pasan los años y aprendés a jugar de 2, le agarrás la mano", apunta.

Y sobre sus espejos en el puesto, confiesa: "Antes de llegar a la Argentina no miraba mucho polo. Me tocó jugar de 3 con Nachi Heguy en Chapa II: un 2 ejemplar, un tipo guerrero, loco. El 2 tiene que estar medio loco también: anda a una velocidad..., por atrás de las patas. Cuando uno se va poniendo más viejo, siente que en algún momento va a cambiar de posición porque el 2 siempre está al límite. También lo miré mucho a Lucas Monteverde cuando llegué a La Dolfina, dos o tres años antes de meterme en el equipo en 2010".

Hilario Ulloa (izquierda) llegó a Ellerstina y acomodó al equipo
Fuente: LA NACION - Crédito: Sergio Llamera

Si hay un ejemplo concreto de lo que hace un 2 natural en un equipo, queda reflejado en Ellerstina 2020. Funcionó de entrada, nunca pensó en cambiar posiciones, como sí le sucedió otros años, cuando empezaba a dudar y llegaba a Palermo envuelto en incertidumbre. Incorporó a Hilario Ulloa y se le alinearon los planetas. Ganó Tortugas, ganó Hurlingham, y mañana irá por la Triple Corona, que logró por última vez en 2010. Con Ulloa, que hoy cumple 35, el equipo se acomodó: Facundo Pieres volvió a ser el goleador letal, Gonzalito Pieres se sintió más liberado y sin tantas obligaciones de marca y Nicolás Pieres se asentó como back, el puesto que más le costó regularizar al equipo desde que se fue Juan Martín Nero en 2010. Con Ulloa, Ellerstina cambió de estilo, dejó los rodeos y reflotó la vieja fórmula del polo: palo y a correr, llegar lo más rápido posible al arco rival.

"Conectamos rápido. Nos dimos cuenta de lo que era mejor. Andar rápido, pegando de primera, alternarnos. Es como si hubiera estado toda la vida en Ellerstina. Hace 8 años que jugaba las semifinales en contra, era el equipo por vencer, y los estudiás, los mirás, los analizás. Traté de ayudar un poco en lo que veía de afuera estos años. ¿Qué es ser el 2? A veces lo llaman el motor del equipo y yo entiendo como la rueda de auxilio: cuando menos protagonismo tiene es cuando más ayuda al equipo. Significa que estás creando espacios, marcando. Hay días que se da para que ataque el back y terminás siendo el relevo. En todo equipo que funciona, y quizá no se vea, hay un 2 que está haciendo kilómetros por el resto", asegura Hilario.

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Y menciona sus satisfacciones como número 2: "Si veo que el equipo circula, que tiene intensidad, que el 1 no para de meter goles, me da una satisfacción enorme porque es lo que vos tratás de generar. Si querés ganar, el equipo tiene que funcionar a la perfección. Y para que el equipo funcione, cada cual tiene que hacer su parte. Sin dudas es el puesto que más me divierte. El 2 tiene mucha más libertad".

¿Qué le aportó a Ellerstina? "Hace 20 años que es un equipo de punta. Para mi fue un salto de calidad. Y sabía qué les podía aportar. Lo hablé con ellos. Les veía velocidad, talento, habilidad, pero sentía que había que pulir el orden, la defensa y la intensidad. Cuando metés presión y el rival comete errores, facilitás el ataque, que es algo natural del equipo".

Fran Elizalde fue una de las grandes sorpresas del año: gran desempeño en Rs Murus Sanctus
Fuente: LA NACION - Crédito: Sergio Llamera

Más allá de los finalistas de Palermo, RS Murus Sanctus fue un gran animador del año. Se armó con parejas de otros equipos: Facundo Sola y Guillermo Caset (h.), de Las Monjitas, y Francisco Elizalde y Alfredo Cappella Barabucci, de La Albertina. Cada uno en su puesto. Semifinalista en Tortugas, finalista en Hurlngham y peleando hasta el último partido para llegar a la definición de Palermo, de la que quedó afuera por diferencia de gol. Todos rindieron en gran forma, pero el que sorprendió más fue Fran Elizalde (31 años). Muchas veces levantando al equipo con su empuje, ganas y llegada al gol.

"Me gusta ser 2 porque estás más en el juego todo el tiempo. Cuando atacás, sos protagonista con el 1, vas al vacío, y en defensa también. Cuando tiran un backhander sos el primero que da vuelta para ayudar a los de atrás. Lo que vos hacés lo ve más el equipo que uno. Te lo agradecen más tus compañeros que lo que se ve desde afuera", dice Elizalde. Que no duda cuando se le pregunta si su rol cambia cuando juega en un equipo con más chances de pelear arriba, como le sucedió en 2020. "Tenés mayor protagonismo en un equipo más de punta, mejor montado, uno se visualiza más. Pero la función es la misma. Si el 2 no funciona, el equipo lo siente mucho. Su incidencia es clave para la circulación".

Elizalde tuvo una evolución muy marcada. ¿Sueña con llegar más arriba aún? "Soy un poco más inconsciente en ese sentido. Torneo que juego, mi idea es ganar, aun en los casos en que esté en un equipo inferior. Eso te lleva para arriba. Me siento con mucha confianza. Mi ilusión siempre fue jugar la final de Palermo, estar cantando el himno en la 1 de Palermo. Estuve cerca", concluyó.

El último detalle que grafica la importancia del rol del 2 acaso esté en La Natividad-Las Monjitas, que no redondeó la temporada esperada a pesar de haber llegado a su último partido de Palermo con chances de avanzar a la final (cayó abultadamente ante La Dolfina). Polito Pieres, un 10 goles de enorme destreza y desequilibrante como 1, no logró adaptarse a una función que le demanda cosas distintas a pesar de su empeño y preparación para el gran desafío. No pudo ser el alma de un equipo que sintió esa carencia.