Abel Ferreira, quién es el DT portugués de Palmeiras que amaga con ser el verdugo de Marcelo Gallardo en la Copa Libertadores

Alejandro Panfil
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Marcelo Gallardo transitaba por un sendero exitoso en Sudamérica hasta el minuto 89 de la final con Flamengo, en Lima. Gabriel Barbosa empató y ya no hubo reacción en River. El segundo tanto de "Gabigol" no se demoró y un portugués, Jorge Jesús, que conocía la gloria en su país pero no tenía trofeos internacionales, saltó hacia el campo de juego celebrando su máxima conquista tras destronar al Muñeco, ganador no sólo de las Copas Libertadores 2015 y 2018, sino también de una Sudamericana y tres Recopas.

Un año y monedas después de aquel tiro del final que provocó el trago más difícil de digerir para el DT de River, otro portugués se volvió a cruzar, con la particularidad de que el golpe llegó mucho más temprano. Aquella vez, Gabigol aprovechó los errores de Lucas Pratto y Javier Pinola, y en esta ocasión Rony, de Palmeiras, sacó ventaja de una falla de Franco Armani. Abel Ferreira, el hombre en cuestión, lo gritó eufórico, casi anticipándose a lo que vendría: los goles de Luiz Adriano y Matías Viña que sellarían la derrota más dolorosa (3-0 con Palmeiras) de Gallardo desde la final de Lima y, sí, también ante un entrenador portugués.

Los verdugos portugueses de Gallardo son de dos generaciones distintas. Jorge Jesús tiene 66 años y Abel Ferreira, 42, pero ambos, inexpertos en Sudamérica, llegaron en los octavos de final para enderezar proyectos que habían tenido un comienzo errático de la mano de Abel Braga, en Flamengo, y Wanderley Luxemburgo (reemplazado interinamente por Andrey Lopes), en Palmeiras. Tanto el consagrado Jesús como el emergente Ferreira dieron rápidamente en la tecla para derrotar al mejor entrenador del continente, que ya lleva seis años al frente de su plantel.

Mientras en la Argentina solo se deja trabajar a algún que otro DT extranjero, en Brasil son mucho más permeables a lo foráneo. Por ello no fue casualidad que en los últimos años hayan llegado varios técnicos de afuera, entre ellos un puñado importante de portugueses, ya que por allí también pasaron, entre otros, Paulo Bento (Cruzeiro), Jesualdo Ferreira (Santos) y Ricardo Sá Pinto (Vasco da Gama). En ese contexto, la aparición de Abel Fernando Moreira Ferreira es la última grata novedad. Nació en Penafiel, a media hora de Porto y, además del fútbol, es aficionado al deporte motor, de ahí su fanatismo con el Moto GP: su ídolo es Miguel Oliveira, motociclista portugués ganador de 14 carreras en la máxima competencia mundial.

Mientras el Muñeco ganaba todo jugando en el River de Ramón Díaz, Abel comenzaba su carrera como defensor en el FC Penafiel, para luego vestir las camisetas de Vitoria Guimarães, Sporting Braga y ser compañero durante tres años de Leandro Romagnoli en el Sporting Clube de Portugal.

"A Abel se le notaba ya ese gusto por ser director técnico. Se veía ya que él tenía esa pasta de entrenador, porque cada partido que terminábamos lo hablábamos, lo analizábamos. Le gustaba hablar de tácticas, de formaciones, de cómo tenía que jugar el equipo, por eso me pone muy contento su presente", le dijo Romagnoli a LA NACION.

Su primera experiencia como DT fue en el Sporting B, en 2013, un año antes de que Gallardo arrancara su actual ciclo en Núñez. En simultáneo con el River campeón de América 2015, Ferreira fue promovido desde el equipo B del Sporting Braga al plantel principal. En 2019, cuando Gallardo ya había conquistado su segunda Libertadores, ante Boca, en Madrid, e iba por la tercera ante Flamengo, Ferreira asumió en el PAOK Salónica, de Grecia. Allí no le resultó el 4-4-2 que buscó aplicar inicialmente por lo que intentó luego con 4-2-3-1 y finalmente con un 3-4-3. "A veces incluso sus cambios durante los partidos no resultaban ser los indicados", recordó el colega Johnny Georgopoulos, de Gazzetta.gr.

Con PAOK, de todos modos, logró lo que no pudo Gallardo en Lima: vencer a Jorge Jesús, que dejó Flamengo tentado por un ambicioso proyecto de Benfica. PAOK ganó 2-1 y eliminó a las Águilas en la pre-Champions, lo que trastocó los cimientos sobre los que buscaba apoyarse Jesús en su regreso a Portugal. El paso de Ferreira por PAOK hubiese sido histórico de no haber sido eliminados por Krasnodar de Rusia y haber podido ingresar por primera vez a la etapa de grupos del torneo continental. Y como su contrato era de los más altos para la economía del fútbol griego, la propuesta de Palmeiras llegó en el momento justo y se fue con 58 partidos, 32 victorias, 16 empates y 10 derrotas.

Haciendo honor a la gran capacidad de los portugueses de adaptarse a cualquier contexto, partió casi sin escalas desde Salónica hasta San Pablo. No es casualidad entonces que, en tan solo dos meses de trabajo, Ferreira se haya adaptado tan rápido y haya impuesto su sello en Palmeiras, un equipo urgido del éxito internacional. El único título de los paulistas en la Libertadores data de 1999, cuando dirigidos por Luiz Felipe Scolari también golearon 3-0 a River, pero en el viejo estadio Paléstra Italia. Con la final en el horizonte, el sueño de la torcida empieza a pesar cada vez más sobre los hombros de Abel Ferreira.

Jorge Jesús, vigente campeón de la Libertadores, maneja un perfil alto y suele autoimponerse grandes objetivos. Por eso busca refuerzos de categoría, como los que pidió y tiene en Benfica, de la talla de Nicolás Otamendi o Jan Vertonghen, o los que están por llegar, como Lucas Veríssimo, central de Santos, rival de Boca en la otra semi de la Libertadores. Ferreira, en cambio, cultiva un perfil bajo y le gusta apostar por los jóvenes del club. Lo hizo en Grecia con Christos Tzolis (18 años), Ioannis Michailidis (20) y Georgios Koutsias (16). Y lo hace en Brasil con Gabriel Verón (18), Gabriel Menino (20) y Patrick de Paula (21).

Fuente: Archivo
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"Como entrenador es muy organizado y sus equipos tienen una gran creatividad táctica, aunque busca que cada jugador sepa a la perfección cuál es su función en el campo. Es también un estudioso de las pelotas paradas, como se vio en el partido con River", aportaron desde su entorno.

Entiende, sobre todo, que la figura siempre es el equipo y que hay que respetar al rival, más si se trata del River de los últimos años, al que admira y estudió a la perfección: "Estoy seguro de que el equipo de Gallardo hace lo que el entrenador espera. Y eso es exactamente lo que yo hago. Intento que los jugadores sepan lo que tienen que hacer, con y sin la pelota. Mi misión es enseñarles a interpretar lo que pasa dentro del campo de juego y que lo disfruten conscientemente".

"Abel tiene una idea de juego positiva: hacer goles y ganar está en su sangre", cerró Mário Branco, el directivo que le dio la primera posibilidad de trabajar fuera de su país a Ferreira, el nuevo verdugo portugués que poco tiempo después se cruzó por el camino victorioso de Marcelo Gallardo y ya empieza a golpear las puertas del Maracaná.