Acabar con el tráfico de armas desde EEUU: lo que Trump debería hacer (y no hará) para ayudar a México

Es indudable que los cárteles de la droga y otros grupos del crimen organizado en México cuentan con poderosos arsenales y un poder de fuego que les ha permitido ejercer severa violencia, perpetrar masacres y retar a las fuerzas de seguridad de modo sustantivo. Reducir ese poder es clave para poder reconstruir la paz y ofrecer justicia en México y, en general, en los países afectados por la violencia de las armas.

Los ingentes recursos que generan el narcotráfico y otras actividades ilícitas, la corrupción gubernamental y la impunidad, así como la falta de opciones de desarrollo económico y vida digna para amplios sectores de la población mexicana, ha provisto a los cárteles de fuerte poder económico y reclutas para sus operaciones. Todo ello son problemas que requieren amplia y urgente atención y solución de parte de las autoridades mexicanas.

Armas decomisadas a grupos criminales son mostradas en Tijuana, México, antes de que militares mexicanos procedan a su inutilización. El contrabando de armas desde EEUU es la fuente principal de esos arsenales. (Reuters)
Armas decomisadas a grupos criminales son mostradas en Tijuana, México, antes de que militares mexicanos procedan a su inutilización. El contrabando de armas desde EEUU es la fuente principal de esos arsenales. (Reuters)

Pero las armas con las que se comete esa violencia y son asesinadas miles de personas –entre ellas el trágico caso de la familia mormona LeBarón en el norte de México– provienen en su inmensa mayoría de Estados Unidos en un flujo enorme y que las autoridades estadounidenses no han hecho lo suficiente para frenar.

Donald Trump, por ejemplo, clama por levantar muros para frenar el flujo de inmigrantes desde el sur y ha sugerido desatinada y ofensivamente ayudar a México a combatir a los cárteles de la droga mediante una intervención militar.

En realidad, como lo han reiterado multitud de personas, analistas y políticos en ambos lados de la frontera, lo que realmente podría hacer la Casa Blanca y en general las autoridades estadounidenses para abatir la lacra del narco y su violencia en México es detener el ingente contrabando de armas desde Estados Unidos y reducir sustancialmente el consumo de drogas en ese país.

El propio Alex LeBarón, el patriarca de la familia mormona mexicano-estadounidense que fue víctima del cruento y letal ataque del pasado lunes, lo planteó de modo sencillo en un tuit dirigido a Trump: “¿Quiere ayudar? Enfóquese en reducir el consumo de drogas en Estados Unidos. ¿Quiere ayudar más? Frene los resquicios legales de la ATF [la agencia federal estadounidense que regula el alcohol, el tabaco y las armas de fuego] y de las leyes armas que sistemáticamente inyectan armas de asalto de alto poder en México. Por favor ayude…”.

Abatir las adicciones y el consumo de drogas ilegales es necesario para la vida y la salud de la población de un país, y se trata de un fenómeno complejo y que debe ser abordado de modo integral y constante. Pero ello es ciertamente un factor en el que Estados Unidos ha trabajado pero que aún se encuentra en estado de severa morosidad, para su propia desgracia y, también, para la de los países productores o de tránsito de muchas de las drogas que se venden en territorio estadounidense (donde, también, se produce una parte sustantiva de ellas).

Eso requiere ciertamente tiempo, recursos y acción constante para atender a los adictos y prevenir nuevas adicciones.

El freno al contrabando de armas de Estados Unidos a México es, también, una misión compleja pero que podría ser llevada a cabo de modo mucho más expedito de existir una voluntad decisiva de parte de las autoridades estadounidenses.

Un reporte del Center for American Progress recomienda algunas medidas que se pueden tomar en Estados Unidos para reducir el contrabando de armas a México y que, además, ayudarían a frenar la severa violencia armada dentro de Estados Unidos: establecer revisiones de antecedentes del comprador en toda venta de armas de fuego, hacer crímenes federales el tráfico de armas y la compra de armas a nombre de un tercero, requerir que se reporte la compra múltiple de armas largas, incrementar el acceso a datos sobre tráfico internacional de armas y rechazar intentos de debilitar la vigilancia de exportaciones de armas de fuego.

Según ese informe, “Estados Unidos tiene la obligación moral de mitigar su rol al armar la violencia letal en otros países. Aunque hay muchos factores únicos en cada nación que afectan los índices de crimen violento, Estados Unidos puede hacer más para reducir el riesgo que supone que armas originadas en Estados Unidos crucen la frontera y sean usadas en crímenes en naciones cercanas”.

Así, según un reporte de 2016 de la Oficina de Fiscalización Gubernamental (GAO) de Estados Unidos, el 70% de las armas decomisadas en México y que fueron rastreadas por la ATF tuvieron su origen en Estados Unidos. Un total de 73,684 en ese periodo.  

El jefe de la policía de la ciudad mexicana de Tijuana dijo hace unos meses a la estación radial KPBS que de las cerca de 2,000 armas de fuego decomisadas allí desde 2016 “casi todas” son de fabricación estadounidense. “Sabemos que esas armas provienen de Estados Unidos porque en México no hay modo de comprarlas”. Y añadió que esas armas son adquiridas en lugares de Estados Unidos con “leyes de control de armas débiles y en exposiciones de armas” para luego ser traídas a Tijuana a través de la frontera. Eso se repite, en líneas generales, en muchas otras zonas de la frontera.

Armas confiscadas al crimen organizado som desplegadas, de modo previo a su destrucción, por militares mexicanos en la Ciudad de México en 2017. La mayoría de esas armas provienen de EEUU. (AP Photo/Marco Ugarte)
Armas confiscadas al crimen organizado som desplegadas, de modo previo a su destrucción, por militares mexicanos en la Ciudad de México en 2017. La mayoría de esas armas provienen de EEUU. (AP Photo/Marco Ugarte)

Trump podría ayudar frenando ese flujo de armas, pero en realidad su idea de apoyar no ha tenido mucho que ver con ello.

Pero podría hacerlo. Por ejemplo, una iniciativa legal específicamente planteada para frenar el contrabando de armas de Estados Unidos a México fue presentada en el Congreso en 2017, pero no ha progresado allí. Un esfuerzo de Trump para lograr apoyo bipartidista a esa propuesta resultaría de gran ayuda, pero no se han dado pasos al respecto. Y en el actual entorno de tensión entre la Casa Blanca y el Legislativo por el proceso de destitución que se prepara contra Trump luce difícil que ello progrese, salvo una voluntad firme al respecto.

También pueden mejorarse y ampliarse los mecanismos de colaboración entre México y Estados Unidos para el rastreo de armas y entre las propias agencias estadounidenses para evitar conflictos de jurisdicción y otros problemas entre ellas al encarar la lucha contra el tráfico. De acuerdo al reporte de la GAO, las autoridades estadounidenses no monitorean de modo suficiente la implementación de los acuerdos de cooperación entre sus propias agencias y los indicadores usados para medir el tráfico de armas a México no serían los más adecuados para medir el volumen del problema. Desde 2016 la GAO emitió recomendaciones para que las autoridades estadounidenses encararan estos problemas.

Y mucho es lo que aún puede y debe hacerse en ambos lados de la frontera.

En todo caso, es claro que con voluntad y acción política y legal ciertamente Estados Unidos puede ayudar a abatir la violencia armada en México. Tiene además la obligación moral de hacerlo. Ello no es lo que Trump clama en sus tuits con tambores belicosos. Lo que se necesitan son medidas efectivas y directas que pueden hacerse desde Estados Unidos en paralelo a lo que el gobierno mexicano, por su parte, también tiene la obligación y la urgencia de hacer.

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