El año de Rafael Nadal: reveló cómo volvió a la cima después de haber tocado fondo

LA NACION
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Rafael Nadal finalizó una temporada fenomenal, en la que volvió a la cima del ranking mundial, ganó dos Grand Slam (Roland Garros y el Abierto de los Estados Unidos) y obtuvo una nueva Copa Davis. Sin embargo, el primer semestre no fue sencillo para el tenista español. De hecho, antes de obtener el título en el Masters 1000 de Roma, a mediados de mayo, había acumulado varios reveses impensados, sobre todo en los torneos sobre polvo de ladrillo, la superficie que domina como nadie en la historia del deporte de las raquetas. Eliminación en los 8vos de final de Acapulco, walkover en las semifinales de Indian Wells y caídas en las semifinales de Montecarlo, Barcelona y Madrid, lo hicieron perder la confianza y la motivación. Se encerró en una habitación para pensar cómo continuar y salió adelante. "Fueron tiempos complicados", reconoció el número 1, en una entrevista en el diario Marca, de España.

El balance de 2019: "Ha sido un año muy emocionante porque ha tenido todas las fases. Tuvo algunas de máxima alegría y adrenalina, pero también una fase muy complicada y uno no puede olvidarlo. Los dos meses y medio entre Australia hasta la mitad de la semana de Barcelona fueron tiempos muy complicados. Hago un mal gesto con la muñeca cinco días antes de Acapulco y sólo entreno 45 minutos antes de empezar el torneo. Pierdo un partido que podía haber ganado o que debía haber ganado con Kyrgios pero lo pierdo. En Indian Wells, termino cojo los cuartos porque tengo un pinchazo en la rodilla con Khachanov y no salto a jugar la semifinal con Federer (.) Luego llegaría la gira de tierra. Es la parte más importante del año para mí, donde tengo que estar perfecto. Tengo dolores y mentalmente me cuesta mucho. Me cuesta encontrar la energía vital con la que yo siempre he entrenado y he competido".

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En el ATP de Barcelona tocó fondo. "Juego un partido desastroso en las semifinales de Montecarlo y me quedo hecho polvo. Me estaban pasando demasiadas cosas consecutivas. Interiormente yo necesito parar porque son muchos meses que tenísticamente estoy bien pero físicamente sufro. El sufrimiento me estaba aburriendo con lo que estaba haciendo. Me planteo parar. Hablo con el equipo y me convencen para ir a Barcelona. Más o menos entreno bien, pero juego el primer partido con Leo Mayer y la verdad es que es de las peores sensaciones que he tenido en una cancha de tenis [ganó Rafa por 6-7, 6-4 y 6-2]. Estaba jugando y estaba jugando sin ilusión. Había perdido la ilusión por ganar el partido. Esta es la realidad. Es que estaba pensando: '¿Qué hago aquí?'. Y no me había pasado en la vida. Eran demasiados meses de sufrimiento físico que me estaban quitando las ganas".

La reflexión en la habitación de un hotel. "Hablo con familia y equipo y les pido, por favor, si me pueden dejar solo en la habitación. Me quedo cuatro horas pensando, analizando todas las posibilidades. Una de ellas era no jugar al día siguiente y parar durante una serie de meses para intentar recuperarme. A través de mis reflexiones y las de mi equipo, recordando cosas, pensando, llego a la conclusión de darme una oportunidad que pasaba por hacer todo lo posible hasta Roland Garros. Eran cuatro torneos. Me prometí que si me dolía algo o estaba jugando mal, fatal o peor, ninguna queja. Y valorar cualquier pequeña mejora. Tenía que llegar a París al 100 por 100. Hago un cambio de chip a nivel mental en el Godó, a pesar de perder con Thiem. Me voy feliz y llego a Madrid con otra sensación".

El nuevo formato de la Copa Davis. "Ganar en casa siempre es una sensación única. Fue una semana dura deportiva y mentalmente hablando. Nos pasaron muchas cosas y la peor fue el fallecimiento del padre de Roberto [Bautista Agut]. Es una competición única, especial, pero que te genera una gran tensión. El nuevo formato hace que todo sea muy intenso. Con un mínimo error sabes que estás fuera y eso te hace jugar con un nivel de presión y de concentración máximo".

Cómo gestiona su faceta tenística con la personal. "La vida personal es mucho más importante que la deportiva. Y la vida personal, si Dios quiere, es mucho más larga que la deportiva. Es más importante ser persona que ser deportista. No tengo miedo al halago y tampoco tengo miedo a la crítica porque he vivido las dos cosas con naturalidad. Cuando he tenido momentos brillantes siempre huyo del halago por timidez y por salud personal. No soy una persona ni muy eufórica ni muy dramática. intento ser equilibrado para tener un control de las emociones. Ni cuando estoy mal lo veo todo tan negro ni cuando estoy bien pienso que soy la bomba. Lo malo no dura una barbaridad y cuando las cosas van bien siempre me digo: 'No te eleves campeón porque tranquilo que te van a bajar rápido más pronto que tarde'. Mejor estar preparado para el saltito para abajo porque va a venir".

¿Si iguala o supera la cifra de Grand Slam de Federer aceptará el cartel de mejor tenista de la historia? "No me importa, ojalá me den ese cartel. Para mí ya es una satisfacción formar parte de la historia de nuestro deporte. Yo, desde los ocho años, he trabajo, he entrenado y me he esforzado. Estar en la situación en la que estoy hoy con 33 ya es un logro increíble. Estamos en unos números que eran inimaginables. La gente ya puede opinar de quién es el mejor o de quién no. Para mí estar en ese grupo es un gran honor".

¿Si sus botellas de agua no estuvieran perfectamente alineadas no hubiera ganado tanto? "A lo mejor no (risas). Creo que se hubiera ganado igualmente, pero no hubiera estado igual de concentrado".

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