Tras un año de protestas, ¿dónde está el progreso?

·9  min de lectura

Michael Oliver sonó su silbato, pero no pasó nada. La Liga Premier había esperado tres meses por este momento, tras haber sido obligada a una suspensión involuntaria por la pandemia de coronavirus. Este era su gran regreso, el primer juego del retorno, en una noche de finales de primavera en Villa Park en junio del año pasado. Y aun así no hubo sonido ni furor.

En cambio, apenas sonó el silbato de Oliver, los jugadores del Aston Villa y el Sheffield United pusieron una rodilla en el suelo. Aunque ninguno de los jugadores lo había hecho antes, la coreografía fue perfecta. Permanecieron allí unos segundos, en una escena silenciosa y desafiante. El año de protestas en el fútbol inglés había comenzado.

Algunos de los detalles han cambiado desde que los jugadores comenzaron a arrodillarse. Esa noche, por ejemplo, la parte posterior de la camiseta de cada jugador no llevaba su nombre, sino el lema Black Lives Matter. Las insignias en sus mangas que alguna vez tuvieron esa misma frase han sido remplazadas desde entonces por otras nuevas que dicen “No Room For Racism” (No hay espacio para el racismo).

Sin embargo, el acto ha perdurado durante los últimos 11 meses, antes de cada partido de la Liga Premier y en la gran mayoría de los juegos de los otros tres niveles del fútbol profesional en Inglaterra. Para muchos, esa longevidad en lugar de disminuir, ha complementado la importancia de la protesta.

“Siento el poder cada vez que los jugadores se arrodillan para mostrar solidaridad”, afirmó Troy Townsend, director de desarrollo de Kick It Out, una organización sin fines de lucro que trabaja para promover la igualdad y la inclusión dentro del fútbol.

Según Simone Pound, directora para la Igualdad de la Asociación de Futbolistas Profesionales (el sindicato de los jugadores), la protesta ha funcionado como “un impactante llamado a la igualdad y la justicia”.

“Creo en el gesto de la rodilla en el suelo”, dijo. “También estoy agradecida con los jugadores porque, como mujer negra, siento que brindaron un símbolo de inmenso poder en un momento en el que todos lo necesitábamos”.

Los jugadores no tuvieron que desafiar a la liga para participar en la protesta. Ningún jugador ha sido amenazado con sufrir ostracismo o censura. Ningún himno nacional —una tradición previa al partido en gran parte estadounidense— puso en juego la política o el patriotismo. En cambio, las protestas se han realizado con el apoyo expreso de las autoridades del deporte, sus organizadores, sus propietarios y sus cadenas de transmisión. Un deporte sin una larga tradición de protestas no solo ha permitido, sino que ha animado, durante casi un año, a que sus jugadores hagan oír su voz.

Sin embargo, hay algunos a quienes les preocupa que esta aprobación solo sirva para neutralizar la protesta, que al absorberla en el ritual de cada juego —la caminata desde el túnel, la fotografía del equipo antes del juego, el trote hasta la posición— se haya convertido en “simplemente algo que hacemos”, como dijo el delantero del Crystal Palace, Wilfried Zaha.

Según ellos, el año de poner la rodilla en el suelo pronto quedará en el pasado junto con todas las demás campañas y consignas que el fútbol ha promovido antes, todas ellas diseñadas para dar la impresión de estar exigiendo un cambio mientras evita la necesidad de implementarlo.

“Más allá de que la gente hable de eso, ¿qué ha cambiado en realidad en el fútbol?”, se preguntó Les Ferdinand, exdelantero de la Liga Premier que en la actualidad es director técnico del Queens Park Rangers. “Al principio sí sentí que fue un acto poderoso, pero ya no necesitamos más insignias, camisetas o gestos. Estamos pidiendo acciones”.

El punto número 6

Troy Deeney esperó y esperó a que alguien mencionara el movimiento Black Lives Matter. En junio del año pasado, Deeney, delantero del Watford, se unió a los otros 19 capitanes de los equipos de la Liga Premier en una videollamada con los ejecutivos de la competición para discutir los aspectos prácticos del inminente regreso a la acción de la liga.

La agenda de la reunión se dividió en seis puntos. El último punto en la lista era referente a cómo la liga y sus jugadores responderían a la coyuntura del Black Lives Matter. Sin embargo, después de aclarar el quinto punto, Deeney escuchó a alguien decir: “A menos que alguien tenga algo más que decir, terminaremos la reunión en este momento”.

Pero Deeney sí tenía algo que decir. Él y el capitán del Leicester, Wes Morgan, quien también es negro, habían intercambiado mensajes durante la videollamada. Deeney le dijo a Morgan que iba a hablar. “De hecho, sí tengo un gran problema”, dijo Deeney, al desactivar la opción de silencio de su micrófono. Ocho minutos después, por su propia cuenta, terminó de hablar.

En ese momento, todos los demás se unieron. Kevin De Bruyne, Jordan Henderson y Seamus Coleman —los capitanes blancos del Manchester City, el Liverpool y el Everton— ofrecieron su apoyo a lo que Deeney había dicho. Los ejecutivos de la liga también indicaron que estaban abiertos a las ideas.

Fue De Bruyne quien sugirió remplazar los nombres de los jugadores con la frase Black Lives Matter. Henderson sugirió una insignia. Deeney ofreció los servicios de diseño de su esposa. “En cuestión de 24 horas todo pasó de intentar evitar tener la conversación a tener Black Lives Matter en la parte de atrás de las camisetas y cambiar la insignia de la Liga Premier”, dijo Deeney.

En retrospectiva, la sugerencia más significativa provino de David McGoldrick, el capitán del Sheffield United, quien se preguntó si los jugadores deberían tomar prestado el simbolismo de Colin Kaepernick y otros jugadores de los deportes estadounidenses y arrodillarse antes de los partidos.

“No es un accidente que el gesto haya venido de Estados Unidos”, dijo Townsend. “Sé que ha habido comunicación entre jugadores de Estados Unidos y de Inglaterra. Los atletas estadounidenses han empoderado a los jugadores aquí. La gente solía preocuparse de que cosas así fueran malas para sus clubes, pero ahora los jugadores se han dado cuenta de la fuerza y el impacto que tienen”.

En ese momento, los jugadores no tenían un plan acerca de cuánto tiempo duraría la protesta de arrodillarse. Continuaron haciéndolo antes de cada partido mientras jugaban el tramo final pospuesto de la temporada pasada. Y en septiembre, en vísperas de la nueva temporada, reafirmaron su compromiso con la idea. “Seguiremos haciéndolo hasta que haya un cambio”, dijo Lewis Dunk, el capitán del Brighton. Las autoridades volvieron a dar su bendición.

“El impacto fue obviamente mayor al principio”, dijo Nedum Onuoha, exdefensa del Manchester City. “La gente se ha acostumbrado. Pero cada vez que los jugadores lo hacen, los comentaristas tienen que decir algo al respecto, tienen que explicar por qué lo hacen. Estas siguen siendo conversaciones que se deben tener. El acto todavía destaca ese problema mayor”.

Sin embargo, a lo largo de la temporada, el espíritu de la unidad que había inspirado la protesta comenzó a fragmentarse. En septiembre, el Queens Park Rangers anunció que sus jugadores ya no se arrodillarían antes de los partidos. Ferdinand afirmó que el gesto había “alcanzado la fase de una buena acción de relaciones públicas, pero no mucho más que eso”.

Cara a cara

Cuando Townsend de Kick It Out recuerda lo que ha sido casi un año de protestas en el fútbol, hay una imagen en particular que destaca en su mente. No es de aquellos primeros días del año pasado, sino de abril de este año, mucho después de que arrodillarse se hubiera convertido en una parte aceptada y corriente de la iconografía del fútbol.

En marzo, un jugador del Slavia Praga —Ondrej Kudela— fue acusado de abuso racial contra Glen Kamara, un mediocampista negro del campeón escocés Rangers, durante un partido de la Liga de Europa. Al mes siguiente, en la siguiente ronda de la competición, el Slavia Praga se enfrentó al Arsenal.

Cuando los equipos se enfrentaron en el partido de vuelta en Praga, días después de que Kudela recibiera una suspensión de diez juegos por el comportamiento racista contra Kamara, los jugadores del Slavia se juntaron en el círculo central y se abrazaron de pie. A pocos metros, los titulares del Arsenal se arrodillaron. El capitán, Alexandre Lacazette, se acercó aún más, mirando de manera fija al equipo de Slavia mientras ponía la rodilla en el suelo, como si estuviera desafiándolos a entender su gesto.

“Fue una de las imágenes más poderosas que he visto”, dijo Townsend. “Y el árbitro, el símbolo de la autoridad, estaba arrodillado con ellos”.

Ferdinand apunta también al problema de la ausencia casi total de entrenadores y ejecutivos de color en el deporte inglés, en especial en sus niveles más altos como la Liga Premier.

“La gente siempre dice que los jugadores negros necesitan adquirir experiencia para conseguir esos puestos”, dijo. “Pero veo a jugadores blancos sin experiencia conseguir esos puestos. Veo entrenadores blancos que ni siquiera han sido jugadores obtener esos empleos. Lo que se ve es a un entrenador caucásico tras otro y esa situación no cambia porque nada cambia en los niveles en los que necesitamos ver transformaciones”.

Sin embargo, tras bambalinas, algunos de esos cambios —del tipo estructural y gradual— podrían estar comenzando a suceder. La Liga Premier tiene ahora un Grupo de Trabajo de Participantes Negros que asesora sus decisiones políticas. La Asociación de Futbolistas Profesionales, el sindicato de jugadores ingleses, está realizando cursos de gestión diseñados para preparar a sus miembros de color para ocupar puestos en las juntas directivas de los clubes y los órganos rectores.

Lo que nadie sabe a ciencia cierta en este momento es cuál será el siguiente paso. Siguen las conversaciones sobre qué forma, si es que habrá alguna, tomará la protesta en curso la próxima temporada. Se están discutiendo varias posibilidades.

Onuoha sospecha que solo cuando los jugadores dejen de arrodillarse es que se verá su valor. “Si lo quitas, el tema se desvanecerá”. Onuoha dijo que cualquier nuevo modo de protesta debe ser tan visible como arrodillarse. “Tienes que hacer que la gente hable de eso, para que esas conversaciones sigan dándose”.

“Hacer algo es mejor que no hacer nada”, agregó. “Si esto te parece imperfecto, es tu responsabilidad conseguir algo mejor”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios se conecten en relación con sus intereses. Para mejorar la experiencia de nuestra comunidad, suspenderemos temporalmente los comentarios en los artículos.