2020, el año que no cambió a Real Madrid: la fórmula de Zinedine Zidane por la vieja guardia

Diario El País
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2020 cambió el mundo, pero no al Madrid. El juego de los blancos continuó agarrado, prácticamente, a los mismos jugadores de siempre. Ni el amplio catálogo de jóvenes contratados en los últimos años ni una estrella acreditada como Hazard ni la vuelta de un cedido prometedor como Odegaard modificaron el equilibrio de fuerzas en el vestuario de Valdebebas. Allí dentro, la única mezcla que funcionó fue la comunión entre Zidane y ese grupo de veteranos con los que levantó las tres Champions seguidas. Solo Courtois y Mendy supieron unirse a esta locomotora.

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Ellos fueron los que mejor se adaptaron al fútbol que quedó en pie tras el confinamiento para ganar la Liga y los que, recientemente, esquivaron una situación angustiosa en Europa y se afinaron en el campeonato doméstico.

La élite continental les ha quedado lejos en sus últimos intentos, la Champions ya no es su jardín, pero el único pozo del que sigue saliendo agua procede de este núcleo. En las buenas y, especialmente, en las malas, Zizou no ha dejado de mimarlos públicamente. Parco con los noveles, el francés se derrite con su vieja guardia. Quizás esta vinculación tan especial se puede resumir en las palabras que pronunció en la primera curva de la nueva temporada, tras caer en casa contra el Cádiz y el Shakhtar y antes de viajar al Camp Nou: "Me disgusto por los jugadores, que me han hecho ganar mucho. Siempre voy a estar a muerte con ellos".

Hace tres temporadas, el club inició un proceso de renovación del plantel con adquisiciones en todas las posiciones del campo, principalmente en ataque, en las que ha invertido 517 millones (-155 descontando las ventas). Sin embargo, pasado este tiempo, la mayoría de los que vinieron no ha dado el sorpasso y la buena actuación de los veteranos, Liga incluida, ha forzado a la dirección a replantearse el futuro de varios de sus miembros. Luka Modric, de 35 años, es el caso más claro con una probable extensión del contrato, que acaba el próximo verano. Y a la espera, también, el gran factótum, Sergio Ramos.

También las 'canas' de la unidad B

El croata es un ejemplo del espíritu competitivo de este grupo, sobre todo, cuando las cosas se ponen crudas. Él y Kroos tomaron al Madrid por la pechera para evitar el abismo de una eliminación nunca vista en la etapa de grupos de la Champions y guiar al equipo en las seis victorias consecutivas. A su lado, Casemiro suma su mejor registro goleador (cuatro) a estas alturas del curso. "Zidane es muy pesado para que pise área, estará feliz", confesó con evidente complicidad tras anotar ante el Granada. Arriba, Benzema acumula su tercera temporada en máximos: 12 goles y cinco asistencias, unos registros que, junto a los de la temporada pasada por estas fechas (15 tantos y siete pases de gol), lideran su estadística. Y atrás, Ramos, cuyo contrato también expira en seis meses, no se sabe cuándo ha exhibido más su jerarquía, si cuando ha estado (12 goles el curso anterior, su mejor cifra) o cuando no lo ha hecho (ocho derrotas en los últimos 10 encuentros europeos sin él). Y todos protegidos bajo palos por uno que no figuraba en los mejores tiempos de esta generación, Courtois, y que ahora se estira en el arco bendecido por las alturas y pese al distanciamiento inicial con Zidane, como el propio arquero ha revelado.

En esta reivindicación, hasta los jugadores con canas de la unidad B se han hecho sentir. Lucas Vázquez se las sigue ingeniando para ser un fijo de ZZ. Suma 14 titularidades seguidas, su récord, y salió indemne de varios duelos en el lateral derecho. Termina contrato el próximo verano y, al menos, ha conseguido crear la duda sobre su continuidad. Nacho, por su parte, que estuvo a un tris de marcharse a Italia, pudo sacar pecho en alguna de sus ocho apariciones en el once, por ejemplo, en San Siro. Por todo ello, tampoco es casualidad lo poco que Zizou ha rotado, e incluso ha cambiado, en los últimos choques, coincidiendo con el buen nivel global.

A la espera del resto

Libra por libra de minutos jugados, poco ha cambiado este Madrid del Zidane 2.0 respecto al equipo de la 2017/18, la última temporada del Zidane 1.0. Entre los 15 futbolistas con más participación en las dos épocas, se repiten diez nombres. De las ausencias, tres son obvias porque ya se marcharon (Cristiano, Keylor Navas y Bale) y dos (Marcelo e Isco) sí suponen una quiebra en esa vieja unión. Al brasileño, suplente en los últimos siete choques, le ganó el lugar Mendy, la única renovación real en el once. Y el malagueño, pese a los cuidados del técnico, no ha sido capaz de frenar su curva descendente desde que su estatus alcanzó el cénit en el Mundial de 2018. "Cuento con todos. Me duele [su situación] con lo que hemos vivido", afirmó este martes ZZ, como esos viejos compañeros de trabajo que tejen una sintonía más allá de lo profesional.

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Detrás de esta cuadrilla de veteranos, nadie, al margen de Mendy, la consolidación de Courtois y la estabilización de Valverde, ha tirado ninguna puerta. Vinicius (52% de los minutos) y Rodrygo (36%) han continuado con su trayectoria de pares y nones. Hazard (16%) y Asensio (47%), el plan A para completar la delantera, no han pegado el ansiado estirón: el primero por sus lesiones constantes y el segundo por su melancolía. Odegaard (19%), la esperanza para revitalizar el medio, ha pasado más tiempo en la enfermería que en el campo. De Militão (12%), nadie puede decir gran cosa un año y medio después de su aterrizaje, ni bueno ni malo. Jovic (11%), dos goles y 60 millones después, empieza a ser digerido como un gran fiasco. Mariano (13%) todavía salió del cuarto oscuro para meter un tanto en la primera que le llegó en Villarreal. Y Odriozola (3%) es directamente invisible. De momento, en un mundo que se ha vuelto del revés, hay cosas que no cambian. Los huevos del Madrid siguen en la misma cesta, la de la vieja guardia.