El ídolo y superhéroe que encontró River: Enzo Pérez completó otro casillero en una carrera marcada por postales atípicas

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El resumen de una noche histórica para River en la Copa Libertadores: el entrenador Marcelo Gallardo y Enzo Pérez, el "arquero improvisado"
El resumen de una noche histórica para River en la Copa Libertadores: el entrenador Marcelo Gallardo y Enzo Pérez, el "arquero improvisado"

La espalda de Enzo Pérez tiene cuatro tatuajes. Un dibujo de su familia, su mayor logro. El escudo de River, su gran pasión. La Virgen de Luján, su devoción. Y un Fiat 147, su primer auto. Es que aunque hoy parezca que vive en Disney, en su diccionario no existe la palabra olvidar. Recuerda siempre de dónde vino y tiene presente hacia dónde va. Lleva grabada su esencia con tinta en su piel. De aquel adolescente que irrumpió en Deportivo Maipú, de Mendoza, al presente multicampeón en el club de sus amores, vivir situaciones extraordinarias es su rutina. Su vida parece una película. Está llena de momentos que lo marcaron. De los buenos y de los no tan buenos. Y haberse disfrazado de superhéroe con traje verde y guantes negros para defender lesionado el arco del Monumental no hace más que confirmar su destino. Ser uno de los grandes ídolos de la historia moderna de River.

Su nombre retumbó una y otra vez a lo largo de la semana. Miles y miles de personas se sentaron a mirar cuántos goles le iban a meter. Pero Enzo tenía otro planes. En la previa, escuchó las indicaciones del profe César Zinelli, el ex arquero que lo instruyó el martes y lo acompañó los 90 minutos detrás del arco. Durante el partido, ordenó a sus 10 guerreros que lo defendieron hasta el final. Alentó, descolgó centros, se abrazó con Mateo Raschia (arquero de séptima división) en el gol inicial y hasta le pidió “respeto” al árbitro Víctor Carillo por levantarle la voz a un alcanzapelotas. Pese a la distensión en el isquiotibial derecho, atajó cuatro pelotas y sacó adelante un partido imposible. Jugó como siempre: con el sentimiento del hincha.

El River de los libros escribió otro capítulo increíble de su historia moderna en la Copa Libertadores

Ser arquero era un desafío enorme. Pero estaba lejos de asustarlo. Al contrario, fue el primero que levantó la mano para estar, después de su lesión en la Bombonera. Quería dar una mano en un momento límite. Referente absoluto del plantel, sacó a relucir su valentía, su sacrificio, su humildad y su compromiso. Son los valores que le enseñaron su padre Carlos y su madre Miriam durante su difícil infancia en Mendoza.

Enzo sabe lo que es ganarse la vida para construir un futuro. De chico, vivió un tiempo con su familia en un garaje sin baño. También lo hizo en una obra en construcción mientras su papá albañil trabajaba. Cuando pudo, lo ayudó a hacer una viga, pintar una puerta o retocar una pared. Escuchó a su mamá decir que no tenía hambre o que tenía sueño para que él y sus tres hermanos Tatiana, Franco y Nahuel pudieran comer algo más. Vio a su padre vender la alianza de matrimonio para comprar comida. Tuvo que ir a la panadería del barrio a preguntar si sobraba algo. Cada vez que cuenta su historia, el jugador lo reconoce: las experiencias vividas lo formaron, lo hicieron crecer y le permiten entender el lugar de privilegio que tiene.

Hoy, el buzo verde con el 24 y su apellido en la espalda ya está en su casa. Al llegar, se sacó una foto con sus hijos Enzo Santiago y María Pía. “Sos un ejemplo en todos los sentidos. Nunca dejás de sorprender. Personas como vos conozco muy pocas. Siempre sumás y le ponés lo mejor. Nunca bajás los brazos. No hay nada que te asuste y tenés lealtad admirable. Te amamos”, escribió en Instagram su esposa Florencia. Vaya si sabe la familia de historias para contar: su primer hijo nació de imprevisto el 15 de julio de 2009, el mismo día en que fue campeón de América con Estudiantes en Belo Horizonte. Pérez recibió el llamado en la concentración mientras dormía la siesta y rompió en llanto antes de ganar la Copa en el Mineirao.

Una de las intervenciones de Enzo Pérez en el arco de River, en la victoria ante Independiente Santa Fe por 2-1, por la Copa Libertadores
Juan Ignacio RONCORONI


Una de las intervenciones de Enzo Pérez en el arco de River, en la victoria ante Independiente Santa Fe por 2-1, por la Copa Libertadores (Juan Ignacio RONCORONI/)

Así, hay muchas. El ascenso en 2006 con Godoy Cruz para llevarlo por primera vez a primera. El gol que le hizo a Boca en 2009 con el Pincha. Los títulos con Benfica. La final del mundo en Brasil 2014 con la selección. Los 25 millones de euros que pagó Valencia por él. La pelea con Neymar en España. Su emotivo retorno al país para jugar en River. El doblete a Jorge Wilstermann en 2017 para debutar en la red en Núñez con un golazo maradoniano. El inesperado llamado para ir al Mundial de Rusia 2018 mientras estaba de vacaciones en Río de Janeiro. Las dos finales ganadas contra Boca: la de la Supercopa Argentina, en su Mendoza natal, y la de la Copa Libertadores, en Madrid. Y los dos Mundiales de Clubes en los que no pudo festejar. Allí, demostró que falla como todos: desperdició el último penal de la serie con Al-Ain.

Jugar en River era su sueño. Desde siempre. Toda su familia lleva el rojo y blanco en la piel. Por eso, cuando el club lo fue a buscar en 2017 no lo dudó: era el momento. Y por eso, cuando a comienzo de año tuvo la oportunidad de regresar a Europa con un contrato millonario, tampoco dudó al decir que no. Está en el lugar en el que quiere estar. Disfruta de vivir lo que tanto deseó.

Marcos Felipe, el arquero de Fluminense y próximo rival de River, dijo de Enzo Pérez: “No vi nada extraordinario. Él simplemente tapó un agujero que ellos mismos cavaron”

“Yo no sabía si iba a tener otra oportunidad en mi vida de poder cumplir el sueño de jugar en River. Y los sueños están para cumplirlos”, le dijo a LA NACION en marzo de 2018, antes de consagrarse en un año glorioso. “No tomo decisiones solo, tengo una familia. Pero decidí con mi cabeza y mi corazón. Quería cumplir el sueño de jugar en el Monumental, ver a la gente, jugar la Copa... pisar el césped con la camiseta y salir campeón, que lo logré en la Copa Argentina. Ese era mi sueño, así que lo que venga a partir de ahora, es de yapa. No puedo pedir más. Mi objetivo lo cumplí. Ojalá pueda ganar la Supercopa, la Copa o un torneo argentino, pero ya estoy conforme”.

La yapa que vino después ni él mismo la soñó. Su vida sigue sumando capítulos increíbles para contar. Su historia parece un guión cinematográfico. Y su fútbol y su coraje ya lo llevaron al corazón del hincha millonario. Él se llama Enzo por Francescoli. Ahora los chicos ya se llaman Enzo por Pérez.