Éxodo, coronavirus, logística y rivales muy fuertes: todo lo que debió superar Quimsa para ser campeón de América

Alejandro Panfil
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¿Cómo sentirse un profesional sin ejercer esa condición? ¿Cómo se puede consolidar un grupo estando tanto tiempo separados sus integrantes? ¿Cómo atraer refuerzos cuando aún no hay una competencia local confirmada como para ofrecer? ¿Cómo se consigue ser el mejor del continente ganándoles a rivales más poderosos con apenas un mes de entrenamiento y en plena pandemia? Todo ese puñado de preguntas acaba de responder Quimsa, de Santiago del Estero, que tras vencer al poderoso Flamengo por 92-86 levantó el trofeo de la Basketball Champions League Americas, sucesora de la Liga de las Américas.

Es que más allá del Quimsa competitivo y valiente que se plantó en el prolijo y espectacular Antel Arena, de Montevideo, el escenario elegido para la final, el camino hacia la capital uruguaya estuvo lleno de obstáculos, entre ellos, una cuarentena que aún mantiene sin confirmación el regreso de la Liga Nacional, situación que no sólo provocó un éxodo de jugadores y la necesidad de negociar hasta último momento la concreción de refuerzos sino que también dificultó la preparación grupal para la cita continental.

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Pasaron seis meses con la única posibilidad de ejercitarse individualmente vía video, hasta que recién el 28 de septiembre los basquetbolistas de La Fusión volvieron a entrenarse, en grupos pequeños, en el polideportivo de UPCN de Santiago del Estero. En un pasado lejano estaban el grupo B compartido con Sesi Franca (Brasil) y Aguada (Uruguay) y la eliminación a Mogi (Brasil) en los cuartos de final. En el horizonte aparecía pendiente terminar la serie semifinal con San Lorenzo, que estaba congelada en un 1-1 (91-84 y 87-100). Brava, porque el club porteño era tetracampeón argentino y bicampeón americano, consecutivo en ambos casos. Es cierto que al Ciclón le faltaban varias figuras, pero también al equipo dirigido por Sebastián González: Leonardo Mainoldi (se fue a Stockolmo y Trouville, de Uruguay), Juan Brussino (Dorados, de México) e Ismael Romero (Puerto Rico).

Y tan a contrarreloj fue la gestión de refuerzos en el mercado que logró incorporar a tres estadounidenses a último momento. Recuperó al escolta Brandon Robinson, figura hasta la pausa obligada por la pandemia (partió a Astros de Jalisco, de México), contrató de forma exprés al pivote Anthony Kent -una vez que empiece la temporada vestirá la camiseta de Oberá Tenis, el conjunto misionero que adquirió la plaza de Estudiantes, de Concordia- y completó el plantel con otro pivote, Diamon Simpson.

En medio hubo que actualizar la hoja de ruta, ya que Quimsa debió reorientar el viaje para el tercer partido de la semifinal contra San Lorenzo. Como Córdoba era la sede propuesta para la burbuja en que iba a desarrollarse la Liga Nacional, también allí iba a tener lugar el duelo con el Ciclón, pero el aumento de casos de coronavirus en la capital mediterránea hizo que todo se mudara a Buenos Aires. Y hacia allí tuvo que dirigir la logística. Claro que no contaba con un nuevo inconveniente antes de emprender el viaje: a cinco días del encuentro programado para el domingo 25 de octubre, un caso de Covid-19 en el plantel obligó a La Fusión a posponer por 72 horas los entrenamientos y 48 la definición de la semifinal, al martes 27.

Y en la tarde de Obras Sanitarias, en un juego que pasó casi inadvertido ante la múltiple oferta televisiva de la Champions League de fútbol, Quimsa comenzó a soltar sus tensiones y sus incertidumbres y a saciar su hambre de triunfo. Batió por 110-97 a San Lorenzo y pasó a la final, en la que ya esperaba otro gran obstáculo: Flamengo, un grande del continente que no sólo ya sabía lo que era ser campeón de América (2014) sino que además tenía continuidad de competencia. De hecho, acababa de coronarse campeón estadual, con un éxito sobre Tijuca en la definición del certamen de Río de Janeiro.

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No era todo. Habría más vallas camino al título. Dada la frecuencia limitada de ferries, que por el momento cruzan el Río de la Plata solamente los lunes y viernes, Quimsa recorrió en ómnibus 593 kilómetros hasta Montevideo con un par de horas de demora en el punto fronterizo Gualeguaychú-Fray Bentos, porque aparentemente el vehículo no contaba con una habilitación internacional. Flamengo la tuvo más fácil: viajó en avión desde Río de Janeiro.

Una vez por fin en la capital uruguaya, Quimsa pudo dedicarse sólo a lo deportivo. No la tuvo fácil ante el conjunto carioca, aunque nunca sintió imposible el desafío. Logró mantener la tensión del juego durante los 40 minutos hasta que oyó la chicharra final. Ya había brillado Brandon Robinson, el jugador más valioso de la final (26 puntos, 5 rebotes, 2 asistencias, 1 robo y 2 bloqueos), y justo uno de los incorporados al plantel in extremis. "Estoy en uno de los mejores equipos del mundo", celebró su vuelta el estadounidense, festejado con sus compañeros cuando recibió el premio MVP.

"Nos costó encontrar los roles, pero hay energía de equipo y cada uno aporta lo suyo. Esto logró Seba", aludió el capitán, Mauro Cosolito, al entrenador, Sebastián González, instantes después de conseguir el segundo trofeo internacional del club, tras aquel de la Liga Sudamericana en 2009 (resuelto ante Libertad, de Sunchales). El DT contribuyó a fortalecer al grupo a pesar del distanciamiento social, y así facilitó que el plantel sorteara numerosos problemas, se contestara todas las preguntas en menos de una semana y resumió la respuesta en una corta frase: Quimsa, campeón de América.