Árbitras gemelas: miraban el handball de costado... y ahora dirigen el Mundial

Carlos Delfino
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Julie y Charlotte Bonaventura, las árbitras francesas que dirigieron a la Argentina ante Congo en su debut en el Mundial de Egipto 2021
Fuente: Archivo

El debut de los Gladiadores en el Mundial masculino de handball de Egipto, con el sufrido triunfo por 28-22 sobre el debutante República Democrática del Congo, tuvo a dos mujeres también como protagonistas. Las francesas Julie y Charlotte Bonaventura son gemelas que nacieron en Marsella hace 40 años, llevan doce como árbitras internacionales y fueron la pareja designada para ese encuentro.

Para quienes son seguidores de ese deporte, las hermanas hace tiempo se han convertido en referentes de su profesión. A ellas, ser mujeres no les ha puesto una barrera en la tarea que adoptaron coincidentemente luego de haber sido deportistas desde niñas; se probaron en diferentes especialidades hasta quedar enamoradas del handball. Pero todo nació sin proponérselo, a los 16 años.

Ambas recuerdan que no les hizo ninguna gracia aquel día que se armaron sus bolsos, fueron a jugar y cuando llegaron a la cancha se encontraron con la situación de que no había jueces. Tampoco fue que ellas dieron un paso al frente, tomaron los silbatos y asumieron una responsabilidad que les terminó siendo amena, al punto de adoptarla. "En cierto modo, nos obligaron a arbitrar: había una competición de tres equipos y cuando dos de ellos jugaban significaba que el tercero debía ofrecer los árbitros. Nadie de nuestro equipo quería serlo y dijeron 'las gemelas'. Así empezamos", recordaban en sus primeras notas con medios europeos.

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"Mientras crecíamos como árbitras no pensábamos en nada más que no fuera el siguiente partido y, desde luego, nunca creímos que llegaríamos a arbitrar torneos como la Champions Leagues, Campeonatos de Europa, Campeonatos del Mundo, Juegos Olímpicos... Todo vino de forma natural", aseguran. En realidad, lo "natural" fueron construyéndolo desde aquellas primeras jornadas dirigiendo torneos de sub 18 en los que no había otras mujeres. "Presentaban a los árbitros mencionando los apellidos de cada pareja y cuando era nuestro turno decían 'las mujeres', Ni siquiera Bonaventura y Bonaventura. Nos sentíamos extrañas", precisan.

Julie y Charlotte Bonaventura, las gemelas francesas que llevan 12 años como árbitras internacionales
Fuente: Archivo

Eso se convirtió en un reto para ambas. Se miraron una y otra vez, como en tantas situaciones de la vida, y se entendieron sin cruzar palabras. "Si esta es la imagen que tienen de las árbitras mujeres, vamos a demostrar que también podemos ser buenos árbitros y que se olviden de que somos mujeres", se propusieron. Julie y Charlotte fueron las primeras damas en dirigir partidos en un Mundial masculino, el de 2017, organizado por su país. Cuatro años después, vuelven a estar consideradas y ya nadie las mira de reojo.

"A los jugadores y jugadoras no les importa el género, sino que seamos buenas o malas árbitras", sostienen. De hecho, quienes juegan ya se han acostumbrado a interactuar con ellas, pues llevan 19 años de carrera y desde 2009, cuando estuvieron en el Mundial femenino de China, afrontan certámenes internacionales.

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Con 14 años de permanencia en la Liga masculina francesa, donde dirigen en primera división también entre mujeres, su historial suma incluso la final del Mundial de Dinamarca 2015 y presencias olímpicas en juegos por las medallas de Londres 2012 y Río 2016. No son las únicas juezas, pero sí las que han adquirido una mayor relevancia y se sostienen en el tiempo. Llegar a dirigir a hombres no les hizo temblar el pulso. "Antes del Mundial de 2017, se interesaron mucho en nosotras los medios, por la curiosidad, pero era nuestra rutina diaria. Es decir, son dos equipos y un partido de handball... Es lo que hacemos todo el año. Nos sorprendía cómo lo tomaban, porque es algo normal para nosotras. Si alguien nos nomina es porque debemos estar en ese nivel".

Están dejando una huella, les gustaría que haya muchas más mujeres que sigan sus pasos. "En algunas compañías, sería imposible aceptar que una mujer estuviera al frente. No sabemos por qué, porque si tienes las condiciones y eres lo suficientemente buena, ¿por qué no deberías ser la líder de la empresa? ¿Por qué no deberías ser la líder de un equipo masculino si eres una buena entrenadora? Entonces, ¿por qué no debes arbitrar competiciones masculinas top si eres mujer? Si eres un árbitro top, debes arbitrar competiciones top. Pero creemos que conlleva mucho tiempo cambiar eso... Hay muchos conceptos antiguos en las mentes de las personas en todos los aspectos de la vida", coincidieron en una entrevista con el portal español "Deporte Cien por Cien".

Sostienen que, más allá de las condiciones para la función, se han ganado el respeto "porque a los jugadores les gusta nuestra comunicación, dicen que tenemos un lado más psicológico y pedagógico". Ahora recuerdan con una prolongada sonrisa cómplice aquella primera experiencia hace 23 años. "No queríamos hacerlo y no conocíamos todas las reglas. Realmente teníamos miedo de los jugadores... Fue difícil. Estábamos más mirando el partido que actuando como árbitras. Con el tiempo te das cuenta que no hay partidos difíciles, sino situaciones complicadas", confiesan.

"Se necesita ser paciente, porque tienes que ir luchando para mantenerte positiva y muchas situaciones no son fáciles. Hay que combinar esto con un trabajo, una familia, hacer sacrificios... No se trata sólo de ser árbitro, sino también un ser humano. Nosotras siempre decimos que tenemos tres vidas: la familiar, la profesional y la del handball. Combinar las tres no es nada fácil, pero disfrutamos. Ser árbitro te hace ser mejor humano", afirman.

Y lo dejan en evidencia con el recuerdo de los Juegos de Londres 2012: "Fue como ir a Disney. Vivir el espíritu olímpico fue fantástico. No tanto por la competición, sino por la atmósfera. Todo el mundo era feliz, había gente que iba a ver handball por primera vez y lo disfrutaba. Todo se ve perfecto. Seguro que nos olvidaremos de nuestros partidos, pero nunca de lo que sentimos".