Noé Hernández, el héroe mexicano de Sydney 2000 cuya vida acabó trágicamente

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 Noé Hernández junto a Bernardo Segura en los Juegos Olímpicos de 2000. (Getty Images)
Noé Hernández junto a Bernardo Segura en los Juegos Olímpicos de 2000. (Getty Images)

Noé Hernández alcanzó la gloria en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. El mexicano le devolvió el brillo a una de las disciplinas en las que México más se ha destacado en la historia del olimpismo moderno: la marcha atlética (diez medallas en toda la historia). Fueron 20 kilómetros los que recorrió el hijo pródigo de Chimalhuacán para acceder a un podio que, unos años antes, habría resultado un sueño de locos. Hernández se encargó de desbaratar todas las barreras que la vida le puso enfrente. Desde siempre supo que siempre iba a tener que ir un paso adelante si quería llegar a la cúspide.

El sueño había comenzado en las calles de terracería de Chimalhuacán, municipio del Estado de México alejado de la Metrópoli, al que solo se puede acceder por rutas de combis. Ahí, en esas calles abundantes en lodo y rocas desniveladas, Noé practicaba todos los días ante la estupefacción y burlas de los locales que no entendían por qué caminaba de una manera tan extraña. "Me veían aquí subiendo la calle y se reían de mí. Decían: 'ese ya es maricón'", recordó Hernández en una entrevista con TV Azteca.

Sus profesores de educación física vieron en él las actitudes necesarias para dedicarse a la marcha, una práctica en la que la capacidad atlética es tan importante como la concentración, pues el mínimo titubeo puede tener consecuencias funestas. Así lo comprobó un ilustre compatriota de Noé: Bernardo Segura, medallista de bronce en Atlanta 96 que, cuatro años más tarde, había logrado el oro en la misma prueba que Hernández. De primer momento, la alegría nacional no podía ser más grande: México, aparentemente, había hecho el 1-3 de la competencia y sumaba dos medallas a su registro.

Pero, minutos más tarde y con la euforia todavía intacta, una noticia alteró aquella hazaña: Segura fue descalificado por haber acumulado tres amonestaciones en la competencia. Noé Hernández ascendió del tercer lugar al segundo, para hacerse de la medalla de plata y conformar el podio definitivo junto al polaco Robert Korzeniowsk (oro) y el ruso Vladimir Andreyev (bronce).. Esa mañana australiana, noche en México, Noé recibió una llamada muy especial. No, no fue la del presidente. Sus padres, con la voz entrecortada, le dieron sentido a toda una vida: "Lo que prometiste lo cumpliste, hijo", dijo su papá. Y su madre conmovió el corazón de todo el país: "Estoy feliz porque se te ha hecho realidad tu sueño. Con mucho esfuerzo, con los cinco, diez pesos, que te daba para tu pasaje. Saliste adelante con la miseria que yo te daba".

Noé no pudo contener las lágrimas que tanto sacrificio entrañaban. En el olvido quedaba, para siempre, la frustración del Torneo Internacional de Marcha de 1997, al que Noé llegó con poca preparación y la falta de apoyos típica para los atletas mexicanos. Entre mordidas y corretizas de perros, el marchista aprendió los secretos del atletismo por su cuenta, en Chima. "En mi barrio se hizo la medalla, aquí se hizo todo el trabajo", recordaba siempre con orgullo Hernández, quien a la par de su carrera como deportista debió trabajar de albañil y vendiendo figuras de unicel en semáforos de la Ciudad de México.

Podio de marcha atlética en 20 kilómetros, Sydney 2000. (Reuters)
Podio de marcha atlética en 20 kilómetros, Sydney 2000. (Reuters)

Después de retirarse de las pistas, Hernández decidió incursionar en la política deportiva con el PRI, en donde ocupó diversos cargos burocráticos. El último, como comisionado del deporte mexiquense. Un día, el 30 de diciembre de 2012, su nombre volvió a ser noticia. Dos hombres atacaron un bar del municipio de Los Reyes-La Paz, lugar en el que Noé vería a viejos amigos de la infancia. El héroe olímpico vivió el infierno terrenal. Recibió un disparo en la cabeza que le costó perder el ojo izquierdo.

Salvó la vida en ese momento y en comparecencias ante los medios dijo que, quizá, el ataque pudo ser directo hacia él (hubo dos muertos en aquella agresión). Parecía que la vida le daba una segunda oportunidad, pero dos semanas después, el 16 de enero de 2013, sufrió un paro cardiorrespiratorio fulminante. El fin de la historia no pudo ser más triste. Cuando se hable de Noé Hernández siempre será mejor volver a aquella calurosa pista australiana en la que consumó un éxito que todo México aplaudió. Una medalla de plata forjada entre lodo y mezcla.

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