A Naomi Osaka no se le puede exigir que esté deprimida todo el día

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TOKYO, JAPAN - JULY 23: Naomi Osaka of Team Japan carries the Olympic torch towards the Olympic cauldron during the Opening Ceremony of the Tokyo 2020 Olympic Games at Olympic Stadium on July 23, 2021 in Tokyo, Japan. (Photo by Hannah McKay - Pool/Getty Images)
Photo by Hannah McKay - Pool/Getty Images

Quien no conozca su caso muy de cerca, probablemente no sepa exactamente lo que significa la figura de Naomi Osaka en Japón y en buena parte del Asia Pacífico. Osaka no es solo la cuatro veces ganadora de un grande o la ex número uno del mundo. Es un símbolo por su origen y su raza mestiza. Es la representación del esfuerzo y el éxito. Es la campeona por excelencia, la jugadora de tenis mejor pagada de la historia, mimada por todas las marcas y elegida por la organización de Tokio 2020 para encender el pebetero olímpico, algo que pocas veces se reserva a atletas de 23 años.

Lo que pasa es que, además, es un ser humano. Y un ser humano al que le pasan tantas cosas o, más bien, un ser humano que es el objeto de las expectativas de tanta gente a tan temprana edad, está condenado a pasar por momentos muy malos en su vida, continuas montañas rusas emocionales que hay que llevar con un cuidado extremo. Osaka se retiró recientemente de Roland Garros alegando un inicio de depresión y después se saltó también Wimbledon. Lo que podía ser una chica joven con problemas para gestionar su vida y su carrera se convirtió también en un emblema: Osaka volvía a dejar de ser humana para ser símbolo, en este caso, de la importancia de la salud mental en el deporte.

Si suficientemente fastidioso es lidiar con un estado depresivo tú sola, imaginen bajo el escrutinio de prensa, aficionados y haters. A eso hay que sumarle la incomprensión social de siempre hacia los problemas de salud mental. Quien no haya pasado nunca por una depresión, quizá no sepa que las hay del todo tipo y que cada uno reacciona a su manera. Por supuesto, las hay inhabilitantes, que requieren de tratamiento y cuidado médico intensivo. Las hay que golpean por la espalda, que parecen no estar hasta que te recuerdan que no te has deshecho de ellas. Las hay suaves, que están más relacionados con trastornos de ansiedad que con otra cosa.

Que alguien esté deprimido no quiere decir que tenga que estar metido en la cama todo el día llorando bajo los efectos de un poderoso medicamento. Afortunadamente, la medicina moderna nos ayuda a convivir con este tipo de enfermedades. Lo que no se puede hacer es alabar a Osaka por hablar en voz alta de estos problemas y luego criticarla porque no se adapta a nuestro estereotipo de lo que una enferma debe hacer. Recuerda a cuando, en el juicio de La Manada, la defensa vino a decir que tanto no habrían violado a la víctima si fue capaz de rehacer su vida.

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Naomi Osaka ha pasado por un episodio depresivo del que solo ella nos puede decir si ha salido o no. Muestra de que era grave es que faltó a su trabajo durante las cinco semanas más importantes del año. Y su trabajo no es cualquier cosa: es el trabajo de una multimillonaria que pierde prestigio, fama y patrocinadores cada vez que no aparece en el ojo público. A rebufo de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, es cierto que hemos pasado un poco al polo contrario: de no verla nunca, hemos pasado a ver a Osaka casi todo el rato. 

Ahora bien, es normal. Osaka es la embajadora por excelencia del deporte japonés... y decir que estás pasándolo mal en mayo no debería obligarte a justificar que hayas dejado de pasarlo mal o que simplemente hayas podido retomar tus actividades en julio. Buena parte de la polémica viene por una portada en Sports Illustrated que se preparó para los Juegos Olímpicos... cuando iban a celebrarse el año pasado. Se ha utilizado una sesión de fotos de antes incluso de la pandemia para venir a decir que lo de Osaka es cuento, que no sufre lo suficiente, que solo se ausenta cuando le conviene.

Si así fuera, siempre se podría contestar: "Y a vosotros, ¿qué?, ¿no puede hacer lo que quiera con su vida?", pero es que no hay ninguna evidencia de que así sea. Lo que pasa es que se invierte la carga de la culpa y exigimos a Osaka que nos demuestre cada día lo triste que está, lo agobiada que se siente, lo incapaz que es de acometer cualquier reto profesional. ¿Por qué? Porque una vez que has salido del "armario mental" parece que tienes que vivir siempre dentro o eres una cuentista. 

Tal vez Osaka se haya recuperado y tal vez no. Quien ha pasado por esto sabe que el propio concepto de "recuperación" es difuso. Tal vez su tenis se resienta y tal vez no se vea afectado en absoluto. No lo sabemos. Dudar de ella como si estuviéramos deseando que le fueran mal las cosas, que hubiera tenido que rechazar tal acto publicitario o que hubiera tenido que ver los Juegos en casa o que hubieran puesto a Kei Nishikori a encender pebeteros es infame. No solo hace mal a la jugadora sino que estigmatiza a todo un colectivo que parece que no basta con que sientan que su vida está fuera de control, sino que además tienen que sentirlo cada día de su existencia para que les crean

Ojalá vaya Osaka y gane una medalla de oro en nombre de todos ellos. Sería un bonito mensaje: se puede tener depresión y tener éxito. Pasa mil veces, de hecho. Que haya gente a la que parezca molestarle es lo que no se acaba de entender.

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