Tres años después, Movistar y Nairo Quintana no consiguen hacer las paces

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LES ANGLES, FRANCE - JUNE 18: Nairo Alexander Quintana Rojas of Colombia and Team Team Arkéa - Samsic crosses the finishing line during the 46th La Route d'Occitanie - La Depeche du Midi 2022 - Stage 3 a 188,7km stage from Sigean to Les Angles 1841m / #RDO2022 / on June 18, 2022 in Les Angles, France. (Photo by Dario Belingheri/Getty Images)
Nairo Quintana llega a meta en una de las etapas de la pasada Ruta de la Occitania (Photo by Dario Belingheri/Getty Images)

Nairo Quintana es un hombre cauto, de pocas palabras. Más acostumbrado a expresarse sobre la bicicleta que frente a los micrófonos. Todos sabíamos que estaba harto del equipo Movistar, pero no se retiró en medio de una Vuelta a España ni engañó a sus jefes disputando criteriums antes de una gran competición. Tampoco hizo leña del árbol caído cuando se marchó al Arkea ni es habitual oírle expresarse sobre los muchos años que pasó en la estructura navarra, donde se convirtió en uno de los corredores más importantes de la historia del ciclismo colombiano.

Tampoco se pronunció directamente contra Mikel Landa cuando el vasco llegó al equipo en su último año, pero está claro que no le gustó y que eso fue la gota que colmó el vaso. Quintana seguía creyendo que merecía un equipo volcado en él, tal vez no para ganar el Tour, pero sí para hacer un podio. Consideró aquello de la "tricefalia" como un insulto: primero, porque Valverde ya era demasiado mayor para tener ese estatus de líder; segundo, porque el palmarés de Landa no podía ni compararse al suyo.

En aquel año de despedida del Movistar, Quintana salvó los muebles del equipo de Unzúe en las grandes vueltas, como siempre ha sido habitual: ganó una etapa en el Tour y acabó octavo, algo que firmaría ahora mismo el equipo con Enric Mas (sobre todo lo de la etapa). Un mes y medio después se fue a la Vuelta, volvió a ganar otra etapa, se colocó líder una jornada y solo perdió el podio en la penúltima etapa... la de la exhibición de Tadej Pogacar en la Plataforma de Gredos. Mal rival con el que jugarse las castañas.

Una vez prestados los últimos servicios, pegó el portazo y se fue. En Movistar insinuaron que estarían mejor y más tranquilos sin él, mientras que Quintana se limitó a dar el máximo en Arkea, donde lleva tres años rindiendo a un muy buen nivel, pieza clave en que un equipo de segunda división se haya consagrado en el World Tour. Este mismo año, ya con 32, ha ganado el Tour de la Provence, el de los Alpes Marítimos y ha hecho top 5 en París-Niza y Volta a Cataluña. Por el camino, se ha llevado otras dos etapas.

Cycling - Tour de France - The 208-km Stage 18 from Embrun to Valloire - July 25, 2019 - Movistar Team rider Nairo Quintana of Colombia wins the stage. REUTERS/Christian Hartmann
Nairo Quintana y su último gran triunfo con Movistar: la decimoctava etapa del Tour de Francia de 2019. REUTERS/Christian Hartmann

En el Tour de Francia de este año, Nairo va décimo cuando aún no hemos empezado con los Alpes ni con los Pirineos. Está en ese amplísimo grupo de aspirantes al tercer puesto que Roglic parece haber dejado vacante. En entrevista concedida a la Agencia EFE en el día de descanso, el colombiano fue pasando de puntillas por los distintos tópicos y se encontró al final con la siguiente pregunta: "¿Echa de menos Movistar?". Aquí, Quintana podría haber optado por la nostalgia, por algún tipo de comentario amable o haber intentado quedar bien, pero, según la transcripción de la entrevista, se limitó a contestar: "No". Y punto.

Es otro de esos ejemplos en los que Quintana habla sin hablar. El lacónico monosílabo lo dice todo sobre su relación no ya con el actual Movistar sino con lo que Movistar significó en su carrera. Y a mí me da una pena enorme. Me da pena porque la unión de Movistar y Nairo fue muy fructífera. Porque Movistar se permitió luchar por grandes vueltas y ganar al menos dos (Giro 2014 y Vuelta 2016) gracias al colombiano. Porque, a su vez, Quintana dispuso de una estructura con años y años de experiencia en la que crecer sin prisas y alcanzar el éxito.

Lo normal sería que ambos se recordaran con cariño, pero no se ve ese cariño por ningún lado. Movistar, de vez en cuando, intenta quedar bien con Nairo, al menos de cara a la galería -desde luego, no le persiguen como a Carapaz en la Vuelta de 2020- pero la afición española se ha quedado con la gracieta del codo para ignorar el enorme corredor que ha sido Quintana a lo largo de los años, ganador en algún momento de prácticamente todas las vueltas por etapas de élite. Incluso los comentaristas tienen preparado el chiste cuando Nairo hace el gesto de pedir relevo.

A su vez, Nairo debería dejar atrás el rencor de lo que sea que sucediera en aquellas últimas temporadas y reconocer que buena parte del corredor que ha sido se explica por haber estado en Movistar en los mejores momentos del equipo. No pasa nada. Por supuesto, él y sus seguidores piensan que su carrera habría sido mejor en otro entorno, pero eso hay que demostrarlo. Ambas partes se inventaron agravios que fueron creciendo hasta llegar a una incomprensión absoluta. Ambas partes se sienten dolidas y ofendidas. Los espectadores imparciales no entendemos por qué. Fueron días felices para ambos o eso parecía. Quizá vaya siendo momento de hacer las paces.

Vídeo | Chris Hoy: "Pogacar es el favorito para el Tour"

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