Mundial Qatar 2022: así llegamos al estadio de inauguración en subte con aire, en medio de una tormenta de arena y poco clima festivo

La llegada al Estadio entre hinchas de Ecuador y Qatar
La llegada al Estadio entre hinchas de Ecuador y Qatar

A pocas horas de que comience el Mundial Qatar 2022, con el partido inaugural entre el seleccionado local qatarí y la selección de Ecuador a partir de las 13, los enviados de LA NACION viajan al estadio Al Bayt -el más alejado del centro de la capital- en subte con aire acondicionado y auto, en medio de un tormenta de arena y con poco clima mundialista en los alrededores.

El viaje por la autopista es casi como un día normal, sin embotellamientos. En solo 20 minutos, ya estamos en el desierto. El chofer que nos traslada nos pide bajar la ventanilla “solo un minuto”, ya que afuera hay una tormenta de arena y el viento complica la visibilidad. A diferencia de las películas, lo que vemos es un día nublado con fuertes ráfagas. El subte es el medio más elegido por los 60 mil espectadores que colmarán el estadio.

La temperatura a esta hora es de 29 grados, pero en poco tiempo el sol comenzará a bajar y para el arranque de la ceremonia inaugural será de noche, donde el clima es muy apacible. Así van ingresando los hinchas al estadio.

Hay aficionados con camisetas de Mexico, Argentina y algunos pocos de Qatar. El vagón del subte línea roja, que termina en Lusail, dónde el martes jugará la Argentina con Arabía. Son casi todos hombres, que viajan sentados y disfrutando del aire acondicionado. En cada estación hay policías, empleados del subte y voluntarios que nos indican hacia donde ir.

Es el viaje más largo desde el centro de Doha, ya que el estadio esta en medio del desierto y debemos hacer un trasbordo con un ómnibus para llegar. En el subte no hay conductor y en la penúltima estación salimos a la superficie. Se ve la tormenta de arena, que asemeja a un día nublado con el sol cayendo por el oeste.

LN ya está en viaje rumbo al estadio al bayt. Seis estaciones de la línea roja y bajamos en Lusail. De ahí, parten cada dos minutos los ómnibus que nos internan en el desierto por una autopista de cinco carriles por mano. Por la ventana vemos el paisaje desértico, piedras y arena.

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