Qatar 2022 despliega su homofobia consciente de que nadie les va a toser

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Nasser al-Khater, chief executive of the FIFA World Cup Qatar 2022 organisation, gives a press conference at Al-Janoub Stadium in the capital Doha on September 25, 2019. (Photo by GIUSEPPE CACACE / AFP)        (Photo credit should read GIUSEPPE CACACE/AFP/Getty Images)
GIUSEPPE CACACE/AFP/Getty Images

Josh Cavallo es uno de los pocos futbolistas profesionales de élite -internacional con la selección australiana- en reconocer su homosexualidad. Obviamente, por una mera cuestión de porcentaje, debe de haber muchos más, pero no se atreven a hacerlo público. El fútbol siempre ha sido un deporte en el que la masculinidad mal entendida y la testiculina se ha valorado en demasía. Un deporte arrogante, en definitiva, no solo en sus estructuras sino en su entorno. Digamos que las aficiones más apasionadas no son un ejemplo de tolerancia, así, en general.

Cavallo, sin embargo, venció esos miedos y a cambio se encontró con que le pusieron un Mundial en Qatar. Sobre Qatar se ha dicho mucho y en todos los sentidos. Xavi y Guardiola ya nos han explicado varias veces que aquello es el paraíso sobre la tierra. Algo parecido deben de pensar en la FIFA cuando le han dado a un país sin tradición futbolística alguna y unas temperaturas prohibitivas, un Mundial que tendrá que celebrarse en noviembre para que a nadie le dé una lipotimia, afectando el ritmo normal de todas las competiciones. 

Otros, sin embargo, han denunciado el despropósito que supone utilizar el deporte para "blanquear" a un país que trata a los inmigrantes como perros, que no cree en la igualdad entre hombres y mujeres y que considera ilegal la homosexualidad. Durante los últimos años, se han denunciado insistentemente las condiciones en las que los trabajadores están levantando los estadios en medio del desierto: sus horarios a destajo, su ausencia de derechos laborales, su elevadísimo número de accidentes laborales e incluso de muertes, algunas provocadas por el propio agotamiento.

Hemos dejado que un país utilice esclavos para entretenernos y, sinceramente, a la mayoría nos ha dado igual. Algún jugador, como Kroos, o alguna selección, como Noruega, han protestado públicamente, pero son una minoría asombrosa. Lo que más sorprende de todo esto es la impunidad con la que Qatar sigue utilizando sus esclavos, mandando mensajes homófobos y haciendo que Cavallo (y miles de aficionados) parezcan unos paranoicos por decir que tienen miedo a pisar el país. ¿Por qué se lo permiten? Porque saben que nadie les va a decir nada. Décadas de lucha que quedan en nada a cambio de unos cuantos petrodólares.

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Hay veces que cogemos el rábano por las hojas y buscamos polémicas artificiales. Por ejemplo, nos ponemos a analizar los tuits del sobrino de un cuñado de un primo del emir de Qatar y generalizamos. No es el caso con este nuevo episodio de homofobia de Qatar 2022. El que ha salido a decir que los aficionados homosexuales eran bienvenidos... pero que no serían aceptables muestras públicas de cariño es ni más ni menos que el presidente del Comité de Organización del torneo, Nasser Al-Khater.

Al-Khater, máxima autoridad en lo que tiene que ver con el próximo Mundial, se permite decir en un medio occidental (ni más ni menos que la CNN) que la homosexualidad en su país "no está autorizada". No se puede ser homosexual en Qatar. Punto. Ahora bien, que si los homosexuales quieren ir al Mundial y consumir y gastarse su dinero, adelante... pero que no molesten. "Somos países conservadores -dice Al-Khater- y agradecemos que no se hagan muestras públicas de cariño". ¿Qué clase de compromiso tiene el mundo del fútbol con los derechos humanos para tolerar estas declaraciones?

Uno puede indignarse y calentarse y pedir un boicot a Qatar 2022, pero tampoco seamos inocentes: eso no va a pasar jamás. Dicen lo que dicen, precisamente, porque la reacción más sensata es la más impensable. Porque Inglaterra va a salir a decir que "Black lives matter" y que derechos humanos, pero se van a presentar ahí los primeros y a disfrutar de las salas VIP de Qatar Airways. Alguno acabará su carrera como Xavi Hernández, haciendo de embajador del país en el mundo, como Alejandro Cao de Benós anda por todos lados explicándonos lo buenísima que es Corea del Norte y lo magnánimos que son su sucesión de líderes supremos.

Ahora bien, sabemos que Cao de Benós es una caricatura, un propagandista, y nadie en su sano juicio le daría un evento a Corea del Norte para que promocionara alegremente sus valores. Qatar 2022 conecta directamente con los JJOO de Berlín 1936, no hay otra comparación posible y todos lo sabemos, pero igual que las selecciones acudirán, nosotros pondremos la tele a ver cómo va España y criticar o alabar a Luis Enrique. Eso sí, dentro de este clima de impunidad, no estaría mal que se aprovechara este momento para no dejar solo a Cavallo. Para que todos los demás homosexuales del mundo del fútbol o todo aquel que tenga suficiente sensibilidad como para defender el derecho a la libre sexualidad, coja a título individual y diga: "Mirad, yo no voy. Me pierdo un Mundial, es una faena, pero no voy a colaborar en esto. No voy a levantar el brazo para agradar al führer de turno". Sería bonito y retrataría a la FIFA, pero tampoco va a pasar. Y es una pena porque necesitamos que, tarde o temprano, alguien haga algo de este tipo.

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