Mundial Qatar 2022: ¿Diamante o bijouterie? La gran pregunta que debe responder Charles De Ketelaere, la nueva joya de Bélgica

Charles De Ketelaere, una pieza clave en la refundación de Bélgica.
Charles De Ketelaere, una pieza clave en la refundación de Bélgica. - Créditos: @Dean Mouhtaropoulos

En la vereda rossonera de Milán están inquietos. En el último verano europeo, y después de una larga novela, el club fichó al jugador “perfecto” por 35 millones de euros. Se trata de un muchacho alto, rubio, simpático, inteligente y culto que estudia Derecho en la Universidad de Gante, ideal para capturar el interés de quienes admiran la estética y la imagen de un deportista. Y a la vez, un futbolista zurdo, elegante en sus movimientos, hábil, talentoso, con panorama y aplicado en las funciones defensivas, intachable desde el más estricto punto de vista táctico y técnico. Pero han pasado tres meses desde su debut y la supuesta joya no termina de arrancar. Y como suele suceder en estos casos, la opinión se divide entre quienes piden paciencia y tiempo para su adaptación, y los que ya creen que han dilapidado el dinero.

Charles De Ketelaere, belga de 21 años, llegó al Milan envuelto en el aura de ser el “nuevo Kaká”, un ícono con varios puntos de coincidencia, salvo por el color de sus cabellos. Joya indiscutible de la generación que debe suceder a los De Bruyne, Hazard y Lukaku, se fue del Brujas, su casa de toda la vida, convencido de que el éxito le sonreiría desde el mismo día de su aterrizaje en Milanello y el incumplimiento de los presagios es una sorpresa para todos, empezando por el propio protagonista.

La vida ha sido generosa con el joven prodigio flamenco. El destino lo ligó a su club desde el día que nació e ingresar en la academia del Brujas no le exigió ningún esfuerzo extra, ya que su casa se encontraba a escasas cuadras del estadio Jan Breydel, un poco al estilo de lo que le ocurrió a Johan Cruyff con De Meer, el viejo campo del Ajax. Pero además, la madre naturaleza le brindó los recursos necesarios para destacarse en cuanto deporte se propusiera realizar.

De pequeño, De Ketelaere ganó un torneo amateur de judo y otro de kubb, un juego sueco a medio camino entre el bowling y el cricket, aunque sobresalió fundamentalmente en tenis. Hasta tal punto que las autoridades de la federación belga se ilusionaron con la posibilidad de tener una futura estrella de la raqueta. Birger Van de Velde, un cazatalentos relativamente conocido en el mundillo del fútbol local, se adjudica el hecho de haber torcido el destino: “Siempre he pensado que en el fútbol Charles tenía algo especial, hasta el punto de que fui directo a su madre. Se lo hice saber y ella me escuchó. Entonces le dije que esperaba que algún día jugara en el Milan. Ahora me debe una camiseta”.

Verdadero o falso, lo cierto es que De Ketelaere dejó los courts y abrazó la número 5 para empezar a deleitar a quienes lo veían evolucionar en las sucesivas divisiones inferiores del Brujas. Dueño de una depuradísima técnica en el manejo de la pelota, el valor de su pierna izquierda comenzó a llamar la atención desde mucho tiempo antes de alcanzar el primer equipo. Desde los 15 años fue habitual en las convocatorias de todas las selecciones juveniles de los Diablos Rojos y su presencia en el equipo Sub19 despertó la impaciencia de los hinchas de Brujas por verlo debutar en Primera.

Ocurrió en el partido menos pensado y se trató de un auténtico examen para probar la fuerza mental del chico que se desplaza sobre el césped como si fuese una pista de patinaje sobre hielo. Fue el 22 de octubre de 2019, por la Champions League, contra París Saint Germain, y aunque Kylian Mbappé hizo estragos en la defensa local, De Ketelaere se llevó el aplauso de su gente.

A partir de ese momento, todo fue sobre ruedas. Versátil para jugar como delantero, enganche o recostado sobre alguna de las bandas y generoso en el despliegue armó una sociedad exquisita con el neerlandés Noa Lang y festejó tres ligas y dos supercopas con su equipo del alma. Sin embargo, había un detalle que ahora en Milan empiezan a mirar con más atención: sus cifras no reflejan su nivel de participación en el juego, ni la calidad que aporta en la elaboración de los ataques: 25 goles y 20 asistencias en 120 partidos se antojan números escasos para tanta jerarquía.

Charles De Ketelaere, el diamante en el que Milan invirtió una fortuna y todavía aguarda su mejor versión.
Charles De Ketelaere, el diamante en el que Milan invirtió una fortuna y todavía aguarda su mejor versión.

Algo semejante le ocurre en la selección. Roberto Martínez le hizo estrenar su casillero internacional en noviembre de 2020, aunque solo le dio continuidad, siempre como suplente, a partir del mismo mes de 2021. Desde entonces jugó 10 partidos con un único gol en su haber, contra Italia en el encuentro consolación de la Final Four de la Liga de las Naciones, y la pregunta que solo él podrá contestar es si se trata de un problema de timidez, de falta de resolución en las grandes ocasiones, o simplemente de un pecado de juventud que el tiempo se ocupará de corregir.

En Qatar, Charles De Ketelaere será uno de los primeros recambios que el técnico de Bélgica tendrá a mano para darles descanso a Kevin De Bruyne, Eden Hazard o Youri Tielemans, o tal vez para acompañarlos como delantero neto. El escenario es el ideal para exponer el amplio repertorio del que dispone y demostrar que es un diamante puro y no una pieza de bijouterie. Y también, de paso, para tranquilizar los ánimos en la vereda rossonera de Milán.