Los problemas del Movistar Team van mucho más allá del descenso

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, SPAIN - SEPTEMBER 10: Eusebio Unzue Manager of Movistar Team, Alejandro Valverde of Movistar Team during the   Vuelta on September 10, 2018 (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)
Eusebio Unzúe y Alejandro Valverde escuchan las preguntas en una rueda de prensa (Photo by David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)

El equipo Movistar está ahora mismo en un hoyo en el que se ha metido él solito. En la clasificación de la UCI que otorga dieciocho licencias World Tour para el año que viene, el equipo navarro ocupa la última de esas dieciocho plazas, con Lotto e Israel pisándole los talones. No es que descender sea un drama insuperable. Los equipos World Tour tienen garantizada su presencia en todas las grandes carreras... pero también la tienen los Pro Tour con buenos corredores, si no sería imposible ver a Arkea o a Alpecin tan arriba en la lista.

Buena parte de la culpa de este posible descenso está en la nula planificación al respecto. Da la sensación de que, durante estos tres años, nadie ha pensado en la necesidad de ir rascando puntos en carreras menores. Como todo es "hacerse el muerto" y no colaborar adelante, luego pasa lo que pasa. A Movistar le sobra cálculo y le falta ambición. O le ha faltado hasta que se ha visto con el agua al cuello: a mí, por ejemplo, me parece que hicieron un Tour de Francia más que decente con lo que llevaban y teniendo en cuenta el estado de forma de Enric Mas. Se colaron en fugas, buscaron triunfos de etapa y trabajaron como un equipo. Otra cosa es que luego te encuentres con que solo eso no basta.

Si esa actitud se mantiene hasta final de temporada, Vuelta a España incluida, Movistar sumará los puntos suficientes, pero el problema de base seguirá estando ahí: esa ambición, ese buscar el triunfo en cada prueba y no pasearse durante la mitad del calendario tienen que continuar el año que viene o volverán los problemas, no ya con la UCI, sino con los aficionados, cada vez más desencantados con el proyecto del único equipo español con licencia World Tour, una tragedia que dice mucho de nuestro ciclismo.

La ambición, por sí misma, será de agradecer, pero obviamente no bastará. Annemiek van Vleuten también corre en Movistar y desde luego es ambiciosa... pero porque es la mejor del mundo. Movistar se gastó el dinero en ella y la dejó correr a su aire. A cambio, la holandesa pone el nombre de la marca en todos los medios y hace que incluso en un país donde el deporte femenino se ve con cierto recelo -excepto, por supuesto, el tenis-, las retransmisiones del Tour femenino se comentaran ampliamente en redes sociales y tuvieran una audiencia más que decente.

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¿Cuál es la solución, entonces? ¿Fichar al mejor y dejarle que lo gane él todo? No, eso ahora mismo es imposible. Ese trabajo se tendría que haber hecho ya. El hecho de que Juan Ayuso y Carlos Rodríguez estén madurando fuera de Movistar cuando ellos son el futuro ya es una pésima señal. Se dice que el de Ineos es un objetivo en el corto-medio plazo... pero eso va a depender de que los ingleses quieran venderlo. Si de verdad les interesa -y teniendo en cuenta la incógnita Bernal, los 36 años de Thomas, la marcha de Carapaz y las limitaciones de Tao, Yates y compañía, les debería interesar-, le renovarán por un pastizal al que Movistar no puede aspirar.

El presupuesto de Movistar para este año es de 17 millones de euros. De esa cantidad, 2,2 millones van para Alejandro Valverde, que cobra lo mismo que Wout van Aert, por poner un ejemplo. Ahora bien, el murciano ha conseguido en lo que llevamos de temporada 1427 puntos UCI... prácticamente 1000 más que el siguiente compañero, Alex Aranburu. Eso, a los 42 años. Solo este año, Valverde ha aportado el 35% del total de los puntos UCI que le cuentan a Movistar para la clasificación de equipos. Y eso que tampoco ha sido un año descomunal. Simplemente, es que no hay más.

Con esos 2,2 millones, Movistar tiene que hacer virguerías. No solo encontrar a alguien capaz de sumar tantísimos puntos en tantísimas carreras distintas, sino mejorar la clase media. Es cierto que los fichajes de Cortina o Aranburu no sonaban tan mal en su momento, pero lo del asturiano ha sido un desastre y el vasco no ha terminado de explotar, quedando algo así como el tuerto en el país de los ciegos. No, el van Vleuten masculino no está al alcance, pero habrá que buscar otras opciones: tal vez olvidarse de los hombres-Tour que solo preparan dos carreras al año e invertir ese dinero en dos o tres luchadores a los que se les vea todo el rato.

Ya sé que cuando se ha sido la casa de Perico, de Induráin, de Valverde o de Quintana cuesta conformarse con el papel de agitador, pero qué le vamos a hacer. Si suena la flauta con Carlos Rodríguez, estupendo. Si no, tal vez Movistar tendría que mirarse en el espejo del Wanty, con sus 10 millones de presupuesto y no en el de Ineos (50), UAE (34) o Jumbo (30). También tendríamos, prensa y aficionados, que ser conscientes de que hablamos de un equipo de media tabla del que podemos esperar resultados de media tabla. No el desastre de estos tres últimos años, pero tampoco el apogeo de principios de 2010. Esos tiempos han pasado y cuanto antes nos demos cuenta, mejor nos irá. En el World Tour o donde sea.

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